24 diciembre, 2011

Para Géminis

Géminis, hoy vi un programa donde un afamado conductor de televisión decía: Hay que huir de las satisfacciones fallidas que estas fiestas nos deparan. No hay que gastar de más, no hay que comer de más. Saluda al jardinero, al vendedor de paletas, no te imaginas la satisfacción que esto da. Lo bien que te sientes, saluda al bolero, verás.
Y este hombre cree que así se atrae un poco de estabilidad. Considera que dedicarle un "afectuoso" segundo al luchador le gana un atisbo de felicidad. No sabe este infeliz comunicador que mientras él se preocupa por qué va a tragar o qué va a beber o qué va a regalar, estos trabajadores aprenden a gozar la cotidiana realidad. Desconoce, desde su distancia autoimpuesta, de la libertad con que estas personas levantan los ojos para mirar de frente,  porque aprenden a ver el día desde que abre el sol y se ríen del ególatra como el mencionado que simula estima al saludar.
Pobre sociedad hipócrita que escucha a este hombre como si fuera un Dios y ahora levantará los brazos para saludar al intendente, al jardinero, al peón, como si llevar dinero en el bolsillo les obligara a realizar en ciertas fechas ejercicios de humildad.
Para personas como tú, que saben de infancia e inocencias, va un abrazo de verdad. De esos que no temen al sudor, ni al gis en los dedos, ni a la tierra en las uñas, ni a las fachas. Recuerda siempre, aún cuando el trabajo agote, no pierdas el objetivo, olvidada de ti, entrégate completa a sus reclamos.
No estoy bien, en estos días, no es el cuento que te prometí, pero no olvido mi palabra dada. Así va este pequeño cuento de Gibrán Jalil Gibrán, nacido un seis de diciembre y eternizado por su sabiduría y espiritualidad, un regalo de Navidad y ojalá vuelva el cordero a Monterrey.

23 diciembre, 2011

Queso Babybel

Mi niña me llama, insiste. Estoy afónica. Voy a su lado una y otra vez. Me vuelve a llamar. Le he traído uno de esos quesos que le encantan. Delicioso, siempre dice y abre la tapa de cera como quien desnuda una flor.



Enojada,  dispuesta a jugar al mimo de crucero, camino como tromba. ¿Cómo pintar con los dedos un regaño?. Extiende su manito, sonríe.


Perdóname, Hijita, la impaciencia no tiene corazón.

20 diciembre, 2011

Acorazado la película

Silverio Palacios es Silverio Palacios. El se atreve y le presta su nombre real a un personaje de antología ¿cómo llamarse de otra manera en Acorazado? Un mexicano hilando un sueño, llegar en balsa a Estados Unidos. Implantar algo así como el guarache mojado y aprende a decir Castro y no Fidel. Prepara un discurso y se alista a navegar sobre un "bochito", siempre al noreste, pero....
Llega a la Habana y se encuentra de frente a una realidad desconocida. Eso sí, cambia el discurso y después de un titubeo de aplausos para el actor, replantea: Vengo huyendo del capitalismo.
A un cuartico minúsculo, destinado. Le entregan la libreta de abastecimiento y su primer salario.
 ¿Esto qué es?
¿ 300 dólares? Nadie en el cine se rió, nosotros sí.
Acorazado no ha recibido la respuesta bendita de la taquilla.
Pero ¿cómo? Exhibida en pocas salas, en horarios nocturnos, el espectador mexicano enemigo involuntario del cine mexicano.
La actuación de Silverio Palacios hace crecer la película, pero va coja. El ritmo desfallece. Y es como observar dos universos a pinceladas.  Laura de la Uz impresionante en aquella Hello Hemingway, sigue dueña de sus trazos. Enrique Molina ya no encarna a Lenin, ahora es un pintor de imitaciones, "porque hay que comer" dice.
Y  Luis Alberto García, ya no encarna a un personaje de Clandestinos, ahora maneja un cocotaxi y se procura la vida.
No sé por qué los directores mexicanos y latinoamericanos se regodean en escenas que serían dignas de un tijeretazo en la sala de edición. ¿Por qué más detalle y menos sugerencia? ¿Adónde va el mensaje de un Silverio empujando su bocho, camino al mar? Primer plano de una sandalia: su mujer. Los centuriones: sus amigos. El rostro de su amante: un trasvesti. ¿Para qué? Silverio no se sacrifica como el Hijo, en realidad no sabe qué buscar.
Acorazado evidencia las cárceles interiores. Los sueños de grandeza y de cambios infundados, porque están en la epidermis. Porque se cree alcanzar una vida mejor desde la fantasía y la ilegalidad.  Mientras la veíamos,  desfilaban frente a mí, los escenarios cubanos conocidos: la sobrevivencia en el contrabandeo, la simulación, la búsqueda de la carne ajena por el hombre siempre. Y la rumba en el solar, pareciera que no puede haber película donde la isla no suene a toque de tambor. Pero está bien, se agradece ese crescendo del final.
Cuanta película haga Silverio Palacios es digna de verse, nada más por él. Cierto, visceral, inmenso en su sencillez. "Actuar es una forma de pensar y no es un trabajo fácil."
Silverio, el personaje,  navega dentro de sí en una farsa y no se encuentra. Silverio se ahorra batallar en el desierto. Sueña un delirio americano y llega a un aparente paraiso. ¿Pero lo es?

17 diciembre, 2011

Stefani Joanne Angelina


Sé que no eres Yo. No te conozco. Intento observarte de lejos en cualquier vidriera o en el espejo retrovisor, pero  te escondes dentro de mí y sigues apareciendo cuando me desmaquillo. Susurras: Yo soy…

15 diciembre, 2011

El Guayabero, Eliseo Alberto y las vías


En la vida, como la gente, las historias se cruzan. Los recuerdos también tejen las mallas y uno cae como aprendiz de trapecista. Eliseo Alberto escribe sobre Faustino Oramas en Tren Expreso (sigo descifrando vagones estos días):
“Un estafador de corazones que en vida fue coronado “Rey del doble sentido” por una composición suya donde cuenta la historia de una potranca enamorada:
Mi yegüita, cómo no/ la llevo a todas las feria/ porque mi yegüita es seria/respetuosa como yo. / Un día la pretendió/ un burrito de Bainoa/Y ella que es de Jibacoa/le dijo: No puede ser/porque usted quiere meter/la Habana en Guanabacoa.
Y agrega Eliseo Alberto con esa picardía natural del cubano: “Meter la Habana en Guanabacoa quiere decir exactamente lo que usted está pensando amigo lector”.
Vi a Faustino Oramas, el Guayabero, por allá de los noventa, espectáculos populares llenaban las salas de cine como el Payret y el América.
Mis tiempos frente al parque El curita, dulces del Barrio Chino y grupo de amigos irreales se coronaban con el Aquelarre y aquella vez que vi llegar con ayuda a un viejito prietísimo, jorobado y muy flaco. Parecía serio por la edad o las reumas, no sé y al sentarse frente al micrófono no sonrió, pero empezó el relajo. Cuando puedo ir a Cuba, evoco en sus aceras aquellos contrastes de Silvio, Anabel, Pablo y me voy al frente en aquella casona vieja donde los Beatles nos llenaban estómago y oídos. Ay, cómo temblaba el puntal del techo con las ruedas de casino y después de ese primer retorno subo en la china bicicleta y el agua nos salpica en el malecón. El Karl Marx con Virulo y su pandilla de hoy fantasmas. Termino la noche en el Sótano, Perugorria a cuatro metros. También, Jorge Luis Alvarez en La Mandrágora. Madrugada de confronta y regaños y sueño con hambre, la verdad.
Leo en La vida alcanza de Eliseo:
Un día, hace también muchos marzos, Gabriel García Marquez (el novelista más grande de la lengua cervantina, incluido Cervantes) me llamó por teléfono porque no podía recordar la letra de una guaracha que había escuchado en la Habana. Me dio una pista: Habla de una locomotora. Se la canté por el auricular: La vida es un tren expreso/ que recorre leguas miles/ El tiempo son los raíles/ y el tren no tiene regreso/En él se embarcan por eso, / elviejo, el nuevo y el serio/el bobo, el del Ministerio./ El tren a todos complace,/ y en la parada que hace/los deja en el cementerio.
Se acaba el año... puede que uno haya dejado de jugar al trapecista. Son los recuerdos, los soliloquios como una alforja.  Mientras hayan soneros y escritores cubanos, inmortales... La vida...¿alcanza?

12 diciembre, 2011

El dinosaurio

Para entender La culta dama, de José de la Colina es necesario haber leído, en un pestañazo,  El dinosaurio de Augusto Monterroso.

Y cruzando los acantilados, dientes de perro y senderos de coral en esta navegación perpetua de la lectura. Con breves atisbos de arena, tierra y playa, sin ánimo de naufragar encontré este maravilloso fragmento del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique.
El escritor guatemalteco Augusto Monterroso es tan chiquito, pero tan chiquito, que de él dicen sus amigos, en México, que no le cabe la menor duda. La frase, creo, es del extraordinario escritor e historiador peruano José Durand, hoy en día profesor de la Universidad de Berkeley pero que hace muchos años residió en México y entabló amistad con el tamaño pequeño y la estatura gigante de Augusto "Tito" Monterroso, pues en México vive exiliado desde hace muchos años el escritor más chiquito que mis ojos hayan podido ver. Refiriéndose al tamañazo de su amigo José Durand, e interrogado a menudo sobre estos asuntos de estatura y peso, responde Monterroso:
- Pues a Durand me lo paso por alto.
Extraido de Permiso para vivir (Antimemorias) Tamaños escritores. Alfredo Bryce Echenique. Ed. Cal y Arena. mayo 1994

09 diciembre, 2011

José de la Colina

"En la naturaleza del cuento está el ser caprichoso, imprevisible e impuntual".
                                         José de la Colina
Entrevistaron a José de la Colina y me atrapó su buen humor, su chispa. Hay escritores que saben vivir prendidos como una hoguera. Me acerco a ese fuego creador y en la pasada FILIJ encuentro Tren de historias, una verdadera sorpresa. Me gusta un autor que puede escribir o reescribir desde la oralidad narrativa, quizás por eso se hace realidad el conjuro:  abro este libro y no puedo parar de contarlo.
Dicen que  es un cofre de cuentos perdidos y recuperados. Incluso el autor generoso, al final nos explica un poco del génesis de cada piedra contada.
Ahora que todos andan escandalizados por otro futuro presidente mexicano, que no lee, vamos a compartir estas pequeñas joyas del ingenio, aunque no sé, hoy son pocos los seducidos por la voz y el papel...pero es diciembre...

06 diciembre, 2011

¿Por qué cuento?

Fui una niña tímida. Ser único hijo no tiene ventajas. Tu padre cree que eres preciosa y tu madre exige que seas la mejor, porque no hay más opciones. Debió ser por esos recovecos que me gustaba escuchar las voces de los otros y después en los caminos de la lectura, descubrí tonos y matices en los personajes. De esos que el autor no entiende, que el escritor no puede simular, pero yo lectora, sí.

Fue en 1990 cuando empecé a contar y para el 1993 ya andaba narrando en México y la lectura tomó cuerpo y voz. Desde entonces, he conocido gente Eco y personas Voz.  Los Ecos no han podido hacer nada de su vida y se paran en el escenario y se creen irrepetibles y levantan los brazos como buscando vuelo. Actores frustrados, gente con ánimo de figurar, esos son la estridencia.

Las personas Voz les prestan sus gargantas a los autores, a la memoria colectiva y van por la calle diciendo historias, abrazando a todos con el Verbo y saben de lenguas muertasvivas y de armonías en el gesto y el susurro. 

 Ajeno al parecer colectivo un narrador se encuentra en el silencio. Ese instante primario antes de exponerse frente al público y contar...según yo, ese instante habla con voz propia. Mientras, aprendo de mí y de los otros,  invoco el Había una vez para exorcizar el micromundo que habito...

01 diciembre, 2011

Ay...


El nombre se le introdujo entre los dedos. Levantó los tobillos con el: ¡Te…!. Zigzagueó por las rodillas. Para cuando dijo: ¡odio!,  ya tenía  un cosquilleo insoportable entre los muslos.

28 noviembre, 2011

La pintora

Todos comentaban en el barrio. Cierta era su predilección por la bicicleta, la mecánica y el pincel, mientras nosotras aún jugábamos cosas de niñas.
Creció como todas y un día empezamos a salir obligadas, unas a estudiar al campo. Otras, en la ciudad. Pero el barrio en Cuba no imponía diferencias y el gusto por vernos se extendió hasta la llegada de los amores distintos. Ella seguía sin novio, pintaba como obsesa y soñaba con paisajes cubanos. Boceteaba rincones de mujer. Empezó a exponer en diferentes galerías y siempre la visitábamos las amigas crecidas. Sabíamos, pero importaba más su charla y aquel trozo de todas, eternizadas en su pintura.
Una tarde se fue a Expocuba. Hay una exposición que quiero ver, nos dijo. Se había pintado los labios, cargaba un halo irreal. Tenía veinte años en el cuerpo y parecía la más sabia, entre nosotras, tan comunes y corrientes. Al día siguiente fue por la casa, me invitaba a ver unos obsequios de la feria. Allí, en su cuarto, vigilando a su mamá, fue extendiendo cosas sobre la cama: dos relojes con esferas de Disneylandia. Un pantalón de mezclilla con lentejuelas sobre las nalgas, un abanico y una escultura minúscula de la Virgen de Guadalupe.

Ayer me acosté con un mexicano. Fue muy dulce, la verdad. Todo fue rápido, yo ni sé. No estaba mal el tipo, pa´ser un temba.

Y reía, nerviosa. Sin gustarle los hombres, eligió el precio de su himen. Reía, mientras yo imaginaba la charla del tipo al regresar. Sus carcajadas en el avión. La reunión con sus amigos, el pulque, quizás tequila. ¿Quién era yo? No estaba mi amiga en juicio, no te arrancas la niñez…
Al paso de los años, siguió pintando, en Cuba. Un palmar en su sala, palmares en su cuarto, palmas y palmas con cintura y pechos de mujer. Guardó los relojes en una cajita de música, dádiva de un francés y empezó a usar gorras y pantalones de varón.
Su exposición en la Casa de la Cultura Municipal fue una declaración:

“Cuando pinto son mis verdaderos orgasmos. Los colores me hacen regresar por mí”.

Un día le pregunté si quería irse de Cuba. A la sombra del Palacio del Segundo Cabo, frente al arrobo de una mulata a su diestra, dijo como quien medita por primera vez:

No me voy porque soy nada sin este paisaje. Ni Mendive como yo, para pintarle el cuerpo a una mujer. Cuando trabajo me invento un mundo ¿sabes? Yo no tengo espacios que buscar.

Sigue allá. ¿Hubiera sobrevivido con una vida minúscula? A mi amiga la salvó su arte. ¿Cuánta pesadilla les ha adornado el pecho y la casa de las que se creen muy listas y mueven el trasero a golpe de chancleta?

¿Vale la pena empeñar la juventud?

Un vistazo a Manuel Mendive



























Universos

Lozano Hemmer tituló su creación Ecuación solar. Imaginen un globo aerostático de 14 m de diámetro lleno de helio que flota a más o menos 18 o 20 metros de altura. Imágenes del sol pasan por él, gracias a megaproyectores y entonces, ves explosiones, turbulencias que se producen en el sol. También se pueden provocar explosiones con una aplicación desde el celular.
Rafael Lozano nació en la Ciudad de México, es un artista electrónico y pasa su existencia creativa entre Madrid y Montreal.

Dicen que ver Ecuación Solar nos permite apreciar en nuestra dimensión: el grano de mostaza. Dicen que conocer su obra es ver los ojos de la poesía.
Me gusta que le nazcan explosiones solares a la Luna y es bueno reconocer que aunque la española Angeles Durán se proclamó propietaria del sol, nosotros podemos levantar los ojos e inventarnos mil universos casi imposibles.

25 noviembre, 2011

De lo vil a lo artístico

Roysten Abel, artista escénico, fusionó la estética del Barrio rojo de Amsterdam (eso dicen) y la música Manganiyar (de una casta musulmana que tradicionalmente toca para los reyes de Rajasthan).
En 36 cubículos se armonizan 43 músicos y cada espacio se va iluminando en el orden con que inicia y sigue la melodía. La dimensión artística es indiscutible, así deberíamos ir por el mundo, con una caja interior llena de música y luz.

23 noviembre, 2011

Diciembre me roza

A menudo, uno se dedica a la lectura porque ha visto a una persona amada sumergida en sus libros, inaccesible, y la lectura apareció como un medio de acercarse a ella y de apropiarse de su mundo, de sus cualidades, de su encanto, de su misterio. Michelle Petit

Yo me parezco a Manolo. Como dos gotas desconocidas debimos correr en la misma lágrima.
  "Era veinticuatro de diciembre, y esa noche era Nochebuena, Manolo sintió un escalofrío, y luego se dio cuenta de que un extraño malestar se estaba apoderando de él. Recordó que siempre en Navidad le sucedía lo mismo, pero este año, ese mismo malestar parecía volver con mayor intensidad". Yo quisiera preguntarle a Bryce Echenique ¿quién es Manolo en realidad?¿Es él? Nos lo dirá algún día. Con este personaje yo me entiendo demasiado y él no sabe explicarse, porque la vida que se habita como en un libro no tiene alternativas.
Se acerca diciembre...
Veía como la gente entraba y salía del templo, y pensaba que entraban más para descansar que para rezar, tan cargados venían de paquetes.
Cercana la Nochebuena, mi abuela me llevaba a la Iglesia de la Virgen de Regla, en esos días,  abuela me acercaba a Dios y en los estertores del fin de año, Madre repetía: Quizás sea el último año que veas a tu abuelito. Al año lo esperaba dormida, después de una larga noche con adultos.
Mi abuelo sigue vivo. Ha visto mis primeras canas. Mi abuela ha olvidado no sólo el trayecto hacia la iglesia, ya no sabe ni cómo llamarme y acaricia mis ojos, como para ella ver.
Manolo es eterno en su adolescencia, una página le impide envejecer. Yo quisiera darle un aldabonazo a mis fantasmas.
Feliz Navidad iba repitiendo mientras cumplía con las reglas del juego. Los regalos.
NO mirar atrás me ha dicho un hombre sabio. No regresar sobre los pasos en la Nada. No inventarse cebollas pa´llorar...Daría la vida por cada uno de sus hermanos. Pero uno no da la vida en un día establecido.
Cierro el libro y me salvo. Somos hoy cuatro piedras haciendo caminos.

  • Textos en negritas: Su mejor negocio. Cuentos completos. 1964-1974. Alfredo Bryce Echenique.

22 noviembre, 2011

El arte de callar


Palabra sube. Palabra muerde. Palabra arrastra. Palabra surca una vena en el silencio. Hay que aprender a callar lo que Palabra hiere.

19 noviembre, 2011

Sakiko Yokoo


La 31ª Feria Internacional del  Libro Infantil y Juvenil en México nos regaló a Sakiko Yokoo. En un foro donde el sol jugaba a iluminarnos hasta las venas, salió al escenario como una bendición.
Ella juega detrás de la pared, su mano es un pájaro libre, una linterna, un loto. Parece mimo,  es un soplo de sensibilidad.

Saluda como japonesa y sale a caminar. Es una niña, de cuclillas. ¿Vuela a ras del piso?¿La ves?, dice Hijita, inocente.

Las manos de Sakiko Yokoo saben hablar, se mueven lánguidas. Se encrespan. Acarician desde lejos y el lenguaje de su mirada va abrazando a cada niño alrededor.

Cuando la manzana irrumpe de su costado, todos pensamos que iba a mostrar su corazón. Una manzana corazón ofrecida desde sus labios, el cuerpo juega con los niveles y tiende los brazos que  suben como el humo.

Dice algo con los ojos y al mirar, todos entienden: Cuento contigo. Por eso ríen los niños y se acerca a una pequeña, la hace bailar. Delicada y traviesa juega con sus manos, giran. Con un ademán indica direcciones y la siguen en el giro, al levitar.

Los niños ya no están bajo el sol tirano, ahora crecen con ella, en un jardín japonés. Los peces dorados somos todos y la manzana llega a su boca, cuando ya nos conquistó.

La madera de sus zapatos suena, llama a los espíritus como en el teatro kamishibai. 

Ella va pasando, como una lámina ilustrada. Sonríe y se despide. 

En su despedida aletea un pez dorado. Se quiebra un loto. Florece un cerezo.

Todas las fotos son mías, un arte que disfruto por su volatilidad

17 noviembre, 2011

Bestiario



Le pidió perdón por facebook, Badoo, twitter. Subió lágrimas a youtube. Le envió dos correos electrónicos y doce mensajes de texto. Cuando la golpeó, otra vez. Lo hizo de frente.

15 noviembre, 2011

Sapos tales

Todas las princesas correteaban entre las margaritas, iguales. Sólo destacó la atrevida. Nada dubitativa, le estampó un beso en la boca. Esperaron ansiosas:
- ¿Se convertirá?
- ¡Sapo! ¡Sapo!
Cuando el jardinero fue azotado y despedido, solo una idea le salvó del suplicio:
- ¡Se lo devolví!

Escultura de Charlotte Yazbek

14 noviembre, 2011

La jabá


Ella vivía en Centro Habana, en un cuarto con barbacoa. La conocí en casa de E. un sábado de bingo. No había nada que hacer, los varones compraban cerveza de pipa y se emborrachaban hasta la media noche. Las mujeres conversábamos, a veces hasta el amanecer porque en el período especial, la Habana volvió a tener muralla. En madrugada no se podía entrar, ni salir, cero transporte.
Recuerdo el arribo de ella con sus besos sonoros. Hasta para los besos era vulgar. Abría la boca en el cachete de cada varón y en chasquido obsceno se alzaba sobre la algarabía general. La admiraban.
La jabá tenía buen cuerpo y fea cara. Siempre vestía con poca ropa y estampados de carnaval. No hablaba mucho, pero calculaba  su lenguaje no verbal. Y sin dudas, los machos se estremecían ante su rara matemática.
¿Cuál era su estandarte? ¿Por qué tanta admiración?
La jabá era la mujer de A, carnicero de la Habana Vieja. A era mulato claro y sus brazos bien torneados nublaban la vista. Hasta conocerlos, tuve la visión del cubano como un hombre luchador. Capaz de defender a madre, novia, o esposa. Incapaz del perdón. Fiero si le pegaban el cuerno, pero…
La punta del iceberg comenzaba a derretirse al calor de la isla enferma y como A, el carnicero encantador, varios tipos fingían demencia si su mujer se entregaba al mejor postor. La jabá se había ganado la amistad de aquel grupo heterogéneo porque cuando venía Venancio como le decían al amante español, entonces presentaba al carnicero como su primo hermano y este dormía su estatua perfecta, solito al pie de la barbacoa. Para ahogar su soledad convocaba al círculo de cómplices, que veneraban su acto solidario, a trago de cerveza y trozos de jamón.
Era un bárbaro el carnicero y cornudo el español, según ellos. ¡Ajá! Pero en Cuba los cálculos no funcionan y en una ecuación delirada, el carnicero conoció a una sueca que entró en la carnicería, preguntando una dirección. Hoy vive en Canadá, se ha casado dos veces y trabaja en la construcción. La jabá, debió indigestarse con la fabada porque con muchos kilos de más, ahora rumia su tristeza, en la puerta del cuartico. En letanía, todavía repite: Yo podía soportarle todo, pero que me engañe… ¡eso sí que no!

13 noviembre, 2011

Niños creativos

Tanta criatura suelta en las calles, vendiendo o limpiando parabrisas. Tanta familia que vira el rostro...

07 noviembre, 2011

Muerto a la cañona

Con Muerto a la cañona, me he reído tanto...

En este mes convivo con tradiciones muy particulares, en México. La Catrina escucha silbidos y extiende su mano huesuda. Quizás aprecie la rítmica del mariachi y se deje ir, emocionada.  No puedo evitar estremecerme al observar a las niñas mexicanas con el rostro maquillado y el gran sombrero que Posada inmortalizó. Los niños corren  y esconden la algarabía detrás de una malla de huesitos.
Pero, en Cuba, la muerte no puede seguir su propio derrotero. Desde que Francisca se ocupó en vivir, los milagros de la supervivencia se confieren al aroma del café o al humo del tabaco. También se dice que el ron, en sorbos breves o la lectura.
Muerto a la cañona es una carta a la que he decidido dar voz y acompañarme de música popular: NG La Banda con Ojo, lengua y oido. También Adalberto y su son, con Dale como e. Además, con el cierre de Tapaboca por Manolito y su Trabuco. Un poco acordándome de mi alfabetización callejera en Centro Habana y otro mucho porque el acento revive y siempre es bueno recuperar aquel dicho de mi abuelo: ¡Qué cosa más grande, caballero!¡ No es fácil!
 

30 octubre, 2011

Versión Insular


Se fue a la zona roja. Quería verlas emplumar. Desde la distancia impuesta por sus guardaespaldas miraba de frente o reojo la altura de una liga, lo empinado del tacón. Se dejó caer en el mullido sillón y empezó a cacacarear como gallina. Los periodistas asentían, regodeándose. Pronto la entrevista estaría en cada red social, como prostituta en vidriera. Ella presumía el alcance de su pico abierto, con esa lengüita corta y seca,  mientras en la entrepierna calculaba el precio de su huevo.

28 octubre, 2011

Oscurece

Por un proyecto y de la mano de ese gran sociólogo mexicano y Narrador Oral Escénico Germán Argueta, conocí a algunas prostitutas del barrio de La Merced. Algunas escribieron para Germán poemas y cuentos breves con los que exorcizaban la vida diaria.
En una de esas entrevistas, frente a un refresco negro, escuché a una de ellas, avenjentada, con pocos dientes y muy obesa, presumir de que a su hija le estaba gustando el trabajo y le iban a celebrar sus quince, ya después sería tiempo de...
Me enloquecía pensar en una madre gozosa por el lanzamiento de su hija a una vida de maltratos y vejaciones. Un destino condenado.
También conozco a alguien cercano que vivió con prostitutas. Contaba del gozo de algunas, de la promiscuidad, del vómito reprimido ante el judicial de turno. De las enfermedades disfrazadas, de los ciclos menstruales interrumpidos, del látigo sobre la nalga y siempre, siempre, el deseo de haber vivido una existencia mejor.
Cuando veo a la hija de Raúl Castro, observando perspectivas en el Barrio Rojo, en conversación televisada con una sonriente joven prostituta,  pienso en que estos años no son verdad. La Hija, con una mancha en los labios, asegura haber conocido a gente en Cuba, que no tiene dinero para pagar un baño y le ofrece sexoservicio al albañil y lo paga. Luego no lo hace más, dice y carcajea.
 ¿Quién ahoga mi raíz?
No vivo ajena a una realidad cambiante, a la pérdida de valores incluso en la familia. A la miseria en paredes y en estómago, lo sé. Pero, ¿debo considerar la prostitución como una salida "normal"?
Recuerdo la lectura de Guantánamo Bay, un libro que leí en plena adolescencia y explosión hormonal, un libro que circuló en Cuba en ediciones masivas. Allí se reseñaba la vida de las prostitutas antes de la Revolución, la mayoría ofrecían sus servicios alrededor de la Base de Guantánamo, narraban anécdotas de todo tipo y las conclusiones ponían al cuerpo en un callejón áspero, en un oscuro vórtice maloliente.  Muchas de esas mujeres son iniciadas a temprana edad, obligadas a considerar la vida como una condena y una predestinación.
Dicen que la historia de Yarini, en los barrios habaneros ya no es un mito popular. Transitan nuevos espectros. Para mí, si un gobierno permite y legaliza la prostitución, si cobra impuestos y abre zonas, ese gobierno semeja una asquerosa matrona y no hay más.
Foto cortesía de su autor: Rivas

26 octubre, 2011

Morirse en cubano

-Mirá, hermano, no te compliqués la muerte.
                              Ricardo Güiraldes
En el mes de abril, correspondía la exhumación de los restos. La tía Vitalia había cumplido el pacto con la tierra. Un nieto y su hija mayor fueron a verla. Suponiendo la mueca del azoro, ¿cómo le dices a tu muerto?... ¡Con estos ojos que te ven!
Siempre me impresionó aquel cementerio de pueblo, si teníamos otros rumbos cambiábamos la ruta para no pasar por allí. Nunca volví para hablarle a mi abuela, ni a mi tía. Para mí desde que bajaron aquella caja de madera, ellas se fueron a un lugar mejor.
La tía Vitalia tenía un pedazo del Polo Norte en su cabeza, el cabello blanco la anticipaba al final de la calle. Y sus ojos tan azules no negaban el origen español. Era hermosa, lo dije de niña y lo sostuve cuando envejeció con la dignidad de una viuda eterna. Supo vivir con su nieto gay, y sólo la vi llorar cuando murió el patriarca, guajiro fuerte como jiquí por dentro y por fuera. El mismo que las ponía a lavar y planchar sus guayaberas, sobre una lata: "Pa´que alcances bien".
La tía sabía alimentar la familia con presencias y en domingo visitaba a mi abuela o a mi madre, mientras en la cocina las escuchaba, hirviendo, un buen café. De ella aprendí a sonreir por dentro y a mirar a la gente, a la altura de los ojos. Supe también que las ancianas de mirada verde o azul no envejecen igual porque el pedazo de hierba o de mar le hace sortilegios de juventud.
Pero en aquel cementerio, los ojos cerrados para siempre iban a recibir el golpe de la luz. Por última vez. Quizás. Sus restos serían depositados en un contenedor metálico, dentro de una especie de lata. La oscuridad eterna, quizás definitiva. Y fueron callados. Tía... Les avisaron que por razones de sobrepoblación de muertos, falta de espacios, quizás el féretro de ella estaría hasta el fondo.
Recuerdo aquel mediodía, en que mi hermana mexicana tiró unos repugnantes kilos prietos sobre la mesa del comedor. MI madre saltó los escalones de la cocina. ¿DE dónde tú sacaste eso? NIña, por favor. Adriana, sonreía ingenua: Belkys me dijo, cruzas el cementerio y bajas por la carretera hacia Santa María del Rosario, pregunta pero no te vas a perder. Y hermana mexicana se sintió cubana, se montó en mi bicicleta china y subió hasta el Final, vio el cementerio y se metió, debía pasar y seguir de largo literalmente, aunque cruzarlo fue lo que dije y lo literal en Cuba no es siempre lo correcto. Antes de topar con el final ahora sí, vio una flores y unas monedas. ¡MOnedas!, dijo y las echó en su bolsillo. Ella no sabía de la brujería que posee cualquier cementerio cubano. Desconocía que esos kilos antes de llegar ahí, debieron ser lavados con sangre o aguardiente o humo de tabaco. Y mi madre, señalaba las monedas, espantada. Mi abuela proponía someter a Adriana a una limpieza, un baño con flores algo así y Adriana reía todavía cuando las fuimos a lanzar a una especie de hilo de agua dulce que hacía las veces de río natural.
¿Cuándo muere la risa? ¿Se suicida o la aniquilamos?
Por la humedad y el calor, los féretros superiores estaban rotos por debajo y los huesos de quién sabe quiénes se abrazaron. Cuando empezaron a sacar los restos de Tía Vitalia...¡Esa no es mi mamá!¡Esa no es mi abuela! ¿Qué? Y es que no estaba vestida así, esa no es su ropita, esa no es...mami. Esa no es...abuela. Tía ¿dónde estás? Y yo me invento una historia cuando me cuentan y creo que tía se fue con sus huesos a otra parte. Se cubrió de tierra y en un golpe de viento se fue al mar. Mi primo pasa días en Comunales. ¡ES que no se puede haber escapado! Aquí, en este papel dice donde está. ¡Qué me devuelvan a mi abuela! Usted la conocía, digame es que ¿no merecía un poco de dignidad?
Y le cuentan los verdaderos cuenteros comunitarios que hay mucho muerto y poco espacio. En resumen el cementerio se quedó chiquito y los muerticos se van moviendo en dependencia de la caducidad. El jefe de la brigada que la enterró ya no trabaja aquí, hay que localizarlo. ¡Pero localícenlo ya! Y yo me ofrezco para mover cabitos y mi madre me dice que cómo voy a ir a Cuba a encontrar muertos y yo le digo que si los muertos de la familia se esfuman entonces es como morirse un poco, perder el tirón de la sangre. Dejarse caer.
A los quince días, encontraron a tía. "Por la ropita la reconocí", murmuraba mi primo, con los ojos en el piso. Estaba en otra cripta, no en la familiar. Esto fue en abril, no pude escribirlo. No podía aún. No es tiempo de morir en Cuba y en la noche he pensado en los idos de mi familia. En el día en que mi abuelo empezó a pagar poco a poco un espacio en el cementerio. Cuando eres niña, crees que nunca nunca vendrá una falance helada a señalar una cruz en calcañal. Pienso en mis vecinos, en la salud de mis abuelos, en aquella calle de 101 y Final  y pienso: ¿Cómo es posible? Comala no está en México. Comala conjura allá.

25 octubre, 2011

Las Capellas

Durante los doce años que trabajé en Monterrey, al Norte de este país, conocí muchos cubanos de distintos orígenes. Vernos, en otro entorno puede llevar a encuentros que en el ámbito del caimán, no se daría.
En el 1994 conocí a Martha y Daisy Baró, Las Capellas. Al pie de un monumento a José Martí, ellas cantaron a viva voz en una avenida muy transitada y yo conté algo escrito por él. Al final, Martha se acercó a saludarme y yo sentí el gesto muy cubano porque, según el protocolo por su carrera y la edad, yo debí tener la iniciativa. Aprecié la modestia de ambas y sus chispas.
Con los meses y los años, supe más de ellas. Vivían en una especie de cuartería, franqueadas por dos excelentes bailarines cubanos y unos ocho o diez trasvestis. Trabajaban en distintos sitios del centro de la ciudad, le cantaban a la luna de medianoche y al día siguiente la ciudad se cubría de una inexplicable mixtura.
Participé con ellas en muchas fiestas organizadas por cubanos. Nos presentamos, alguna vez en un teatro de allá y las vi bajo la luz cenital y los seguidores, grandes, cubanísimas.
Martha era el carácter, la fuerza y la socialité. Padece de la columna y otros achaques, pero cuando Martha sube al escenario baila como una chiquilla y contagia. Deysi poseía una cintura delgada, casi rayando en lo sobrenatural. Tocaba el teclado como una diosa y también las percusiones. Daisy siempre estaba de buenas, dispuesta a sonreir.
SE codearon en Cuba con lo mejor del bolero cubano. Cuando Celia Cruz arribó a MOnterrey para grabar aquella novela de El alma no tiene color, Las Capellas fueron muy bien recibidas en su camerino. Todos las conocían y las veneraban porque no sólo importa el talento, ese es nada si no lo secunda un buen corazón.
Después de un viaje a la tierra, regresé tristísima y una amiga me dijo: ¡Yo sé quienes te pueden alegrar!.
Las Capellas, ya estaban trabajando en el Barrio Antiguo y disfrutaban de un buen departamento muy cerca de allí. Labraban en los regiomontanos y obtenían respeto y beneficios. Esa noche hablé y lloré con Martha en el baño del lugar. Ella estaba atravesando una crisis de su espalda y le vi el entrecejo fruncido, el gesto de dolor. Me aconsejó como una madre y yo le pasé los mensajes de su madre anciana. Una anciana como las negras en Cuba que no saben, ni se dejan envejecer. En cuya cocina me tiraron los caracoles y me leyeron un futuro, que fue tal hoy es. Margarita, guardaba un piano en la sala, sus hijas se hicieron grandes allí,  en aquella casita de la Víbora y los nietos seguían el paso con la fructífera estirpe y melódica familiar.
Encontré este video en youtube y quiero compartirlo, desgraciadamente no llega al final. 
Las Capellas me enseñaron que no importa la edad, ni el sacrificio, no importa la distancia si tienes mucho por hacer. También me entregaron pruebas de entereza, de humildad. Pasarán muchos años para que en Cuba todos los nombres figuren en la historia cultural nacional. Allá no hay paseo donde poner estrellas, la gente brilla en obsceno convivio con los demás. Ni se moldean las manos, porque las huellas dactilares se eternizan en el vecinal apretón. Además, hay quienes necesitan tapar luminosidades, en un intento de brillo propio, desde las sombras.
Pero... ojalá el día que recobremos la memoria,    Martha y Daisy Baró tengan su pedestal.

23 octubre, 2011

El Capri

Encontré la siguiente información en internet.
 Los servicios que se brindan en este hotel combinan las posibilidades que pueden disfrutarse en un gran hotel con la intimidad y privacidad de uno pequeño. Es adecuado para personas muy activas para las que el tiempo es importante, debido a su céntrica localización y su eficiente servicio.





Pero un ojo amigo lo ve así... yo no conocí el Salón Rojo, mi salario no me alcanzaba para ir a bailar.

21 octubre, 2011

Hecha en México

http://youtu.be/Ntp06jUgyjM

18 octubre, 2011

¿Por qué cuento?

Un cuento es un ser vivo, cuando el narrador lo atrapa. En cada palabra va tejiendo la magia del fuego. El cuento no es violado, es poseido. Imposible, si llegas a él queriendo aparentar, simular, comprar afectos. Un cuento, callado en la garganta,  es un amor oculto.  Y grita vítores, excitado, si alguien está dispuesto a escuchar.

12 octubre, 2011

Animales


La bestia ensaya un zarpazo tocando nada. El domador se cree dueño del látigo y su vara.  Pero… el tigre finge una escaramuza,  domina el alcance de su garra.
Enlace de foto: http://www.clarinveracruzano.com/atayde-rechaza-idea-de-prohibir-animales-en-circos

10 octubre, 2011

Ego Ego Ego

Tantos años viviendo fuera de Cuba le obligan a uno a reencontrarse. Algunos se van despojando de viejos hábitos y hasta adoptan los ritmos y arpegios circundantes. He conocido cubanos que por unos quince días en España, hablan con la z y el ritmo, ¡caballero! el ritmo de tablao zalamero... Otros regresan a Cuba con frases adoptadas, por tanto levantarse y acostarse con otras voces y orejas.
Los menos cuidaban su dicción en Cuba, por el trabajo o por la educación de casa, que todos tenemos un poco de la abuela o de la madre y se oye más cuando nos confunden del otro lado del teléfono.
El tiempo y las calles diferentes van limando la manera en que uno se reencuentra o se pierde. Una amiga me ha enviado algunas fotografías,  escribe: Me vigilan, lo sufro y lo presiento.
Si la juzgo dejo a mi Ego envanecerse, así que aplico la filosofía campesina de mi abuelo y le digo: ¡Quieto Oge!.
El Ego se ataranta y no habla, dibuja presunciones porque cómo decirle a mi amiga:  ¿ La fijación que tienes es porque no has podido cruzar del otro lado del espejo?
¿Su universo tiene un límite territorial?¿cómo espetarle que un día intentaremos levantarnos y el cuerpo yerto mostrará su indiferencia?
Uno se inventa una nariz especial, imprescindible. Bueno sería levantar las pestañas, clavar los ojos en derredor...

08 octubre, 2011

Cacho Duvanced

¡Qué incierta es la vida! exclamó Cacho, cuando se despidió de Eliseo Alberto, ese narrador cubano que aún debe andar de carnaval con sus personajes, allá en la eternidad.

 Leyendo a Eliseo descubrí al trovador argentino y los caminos de la voz se juntan otra vez, porque Cacho Duvanced entonaba desde los cuentos. Y cuando muere, lo descubre un montón de gente por acá y dicen que era uno de los imprescindibles de Latinoamérica, en fin.
Eliseo escribe sobre él: Murió en México el martes 26 de enero de 2010. Acababa de cumplir 55 años. Le falló el corazón-siempre el corazón.
No imaginaba el escritor que un año después se haría cierta su sentencia, cuando él también se despidió a medias, como se van los creadores, con el corazón en silencio: La vida es muy terca. Por mucho que le explicamos sigue sin entender que no debe dejarse arrebatar tanta gente buena

06 octubre, 2011

Rapi Diego: vivos nuestros muertos


Hay una poesía escrita a grandes rasgos de luz y sombra, en jeroglíficos de nubes y árboles, que sólo pueden leer los Inocentes.
Eliseo Diego

Eliseo Alberto veneraba la labor de su hermano Constante Alejandro Diego García Marruz, le decía el Gallego, o Rapi. Cuando Rapi muere, también en México, también en domingo, Eliseo define, en humilde cubanía: Era un hombre del carajo.

Rapi era un contador de historias y reconocía como pocos ese nexo perfecto que amalgama la historia escrita, la Oralidad y la imaginación creadora. Los libros ilustrados para las primeras edades, van formando al lector activo. Rapi siempre mencionaba Alicia en el País de las Maravillas, dentro de sus imágenes iniciáticas. Esa primera ojeada se apoya en la experiencia, los referentes, el bestiario interno que conforma una historia personal.

Rapi no estudió pintura. Aprendió a ver rodeado del Jardín Botánico y el acervo literario, en la biblioteca de sus padres, le dio las herramientas.

En la revista Leer y Leer aparece una entrevista iluminadora, incluso la utilizo como manifiesto en cada Taller de Promotores de Lectura:

(…) el niño tiene esa enorme capacidad de imaginación, muy vasta y virgen. Por ejemplo, cuando leemos en La Bella Durmiente que todos se duermen en el castillo, la princesa, el rey, los criados y… “hasta la mosca se quedó dormida en la pared” (…) ese detalle de la mosca va de lo gigantesco a lo pequeño.*

Los padres y maestros debemos estimular ese aprecio por lo aparentemente insignificante. La escuela, ni el hogar deberían ser “ese lugar donde hasta las mesas se aburren”

Rapi, en su obra, nos invita a un universo sugestivo, una puerta festiva que nos llevará al otro lado del nosotros mismos. La esencia lúdica de la inocencia se concretó en las ilustraciones de Rapi Diego. Cuando los cubanos nos ocupemos de ese viaje interno, creativo, de retorno a la niñez, cuando morir en otra geografía nos obligue a dar vuelta a la página imposible, sólo entonces fijaremos la atención en hombres del carajo, detenidos ante la mosca dormida o absortos ante la ternura del elefante.

Sería bueno repasar la obra vida, de nuestros muertos. Una cultura se ahoga cuando sólo murmuramos ignorantes: “se acaba de morir un hombre ahí detrás”.

*Leer y Leer. Junio, julio y agosto de 1999, año 3. México



04 octubre, 2011

La anfisbaena triste de Rapi Diego


Conservo en uno de mis huacales el segundo ejemplar de La Hiena Triste. Órgano vital y enhiesto de la Sección de Humorismo de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, como lo describía su consejo editorial. Es del año 1986.
Formaba parte del Consejo de Dirección Rapi Diego, uno de los ilustradores de libros infantiles más originales de Cuba, también cineasta y amante del jazz y del blues.
Comparto en lectura expresiva, un cuento de Rapi, ilustrado también por él. La anfisbaena Triste, detrás de la aparente inocencia de este escrito he encontrado muchas claves, armonizan mi destino hoy. La principal no me he podido desprender ese dolor intenso que clava la muerte de una estirpe, aunque no es la muerte literal porque como las tardes lloradas por la anfisbaena, multiplicadas o eternizadas han de venir siempre esas lecturas, esos dibujos, aquellas frases que apuntalaron mi identidad.


La llaman anfisbaena porque tiene dos cabezas, Una cabeza se halla en el lugar adecuado, y la otra en la cola. Lucano escribe de ella: Alzándose sobre sus cabezas gemelas, llega peligrosa la Amphisbaena, y sus ojos brillan como lámparas. Bestiario Medieval. Edic. Ciruela. Acompaña al texto la reproducción de una miniatura del Bestiario de Oxford que incluyo como parte de mi ilustración.



La que yo conocí no presentaba la amenazante figura de dragón afaisarranado con que nos la presenta el Bestiario de Oxford, ni la peligrosa apariencia a la que se refiere Lucano, pero sí tenía y claramente apreciables, dos melancólicas cabezas, una en la cola y otra en el lugar adecuado, que respondía a algo pomposo nombre de arabella. (Lamentablemente nunca llegué a saber cómo se llamaba la cabeza de atrás) De modo que me pareció acertado considerarla como una especie casera de anfisbaena criolla.
Texto de Rapi Diego

Y para quienes andan buscando compartir lecturas y libros con sus niños, una sugerencia:
http://archivodeconnie.annaillustration.com/?p=495

02 octubre, 2011

Para abrir un lunes


Compartí esta canción con mis retoños. Cerramos los ojos. Así debe ser la voz del arcoiris, sin pretensiones. La hermosura va en el pecho y se ramifica en talento vivo.
En estos días me rondan fantasmas, los libros vienen cubiertos de sábanas multicolores. Al desnudarlos, despierta el arco en melodía. Eliseo Diego, Eliseo Alberto y Rapi conversan en un fragmento viviente de mi memoria. Por el último, desempolvé aquella Hiena Triste que ni en google aparece. Una familia de poetas idos, Rapi ha vuelto y veo con la imaginación que nos prestó. Escucho su frase: Tengo la ilusión de no haberme alejado del niño que soy yo y en mezcla llega Eliseo Alberto bajando la Calzada de Jesús del Monte, al lado de su padre, sempiternos: La eternidad por fin comienza un lunes...

Ilustración de Rapi Diego.

01 octubre, 2011

Ayeres

Con familia ocupada, la niña aprendió a jugar con su sombra. De noche la enrolla y la esconde debajo de la almohada. No lo sabe, pero su destino escribe otra versión de Peter Pan.

29 septiembre, 2011

El cien

El número cien de seguidores me ha sorprendido, no porque tenga la certeza de tal lealtad, si no porque el Cien, es Juan Carlos Cuba, con quien crecí en los tiempos del Teatro García Lorca. En los años noventa éramos como veinte personajes de diferentes carreras, estilos y misterios. Algunos como Juan Carlos tenían un repertorio lleno de poesía y profundidad. Otros, como Barbarita poseían matices personales que la harían llegar a Suecia, una psicóloga que luego dio clases de rumba, después hizo trencitas y hoy creo dio el salto a la semilla. Juan Carlos de origen mexicano y establecido en la Habana, con acento incluido y una melena riza que robaba la mirada, una dulzura presa de su novia rubia. Armenia, quien trabajó en lo de bebetecas, en México y ya no sé donde estará. Beatriz, delgadísima muchacha con mucha gracia, cuentera fresca, natural.  Eramos tan jóvenes...
Yo contaba siempre historias terribles. No me gusta tu look, dijo Garzón Céspedes el día que me vio por primera vez. Mayra guardó silencio y yo permanecí desnuda, metafóricamente hablando porque contar a Eliseo Diego, arranca lo superficial.  Con el tiempo, me ha preguntado Mayra por qué aquellos cuentos, mi apariencia era tan frágil, infantil, pero hay cargas personales sin cuerpo y van buscando un proyectil para salir.  REcuerdo todo con alegría y nostalgia, aunque para mí viajar a ensayos o presentaciones era como un viaje interprovincial y peor cuando me acompañaba aquel novio jefecito de retaguardia de la FAR y se metía bajo la camisa una pistola del papá. Era una bestia y dramas, celos en aquella majestuosa escalinata del teatro, al bajar. Lo bueno, es que el tiempo pone cada liendre en su lugar.
El teatro FEderico García Lorca hoy es otro. Sus techos no soportan la filtración, hay puertas que no abren ya. Tiene un aspecto interno sombrío. El taller de Mayra Navarro sigue teniendo muchos alumnos, conserva la modestia, la fuerza y la sala. Con ella aprendí a ser, porque es increíble cuánto se descubre uno en los cuentos que cuenta.

 Garzón nunca me explicó aquello del look, a la larga no importa...

Que hayas tenido buen destino, Juan Carlos, conjuremos el Había una vez, en estos tiempos de silencios avergonzados o de ermitaña condición.

28 septiembre, 2011

Escoge tu casa aquí




Antes no se veían estas colindancias, pero ahora que las hay...  y las rejas...en mi pueblo...

25 septiembre, 2011

Mis indios ¿son los tuyos?

Cuando salió del Perú, Manolo  tenía dieciocho años y sabía tocar un poco la guitarra. Viajó por Roma, Madrid, París y cuando regresó a Roma en una charla de borrachos logro recordar. Los recuerdos hasta ese día se le habían escapado. Huían como un pájaro negro, cargados de oscuridades.

Mientras leía el cuento Dos indios de Bryce Echenique renuncié, como lo hago casi a diario, a echarme a perder el día. Cuando lo leo sé que después de ese instante algo cambiará dentro de mí. Manolo pregunta: ¿Y el Perú?
Nada-respondí- Acabo de salir de allá y no sé nada. A ver si ahora que estoy lejos empiezo a enterarme de algo.
Cuando uno está dentro es como un tubo sordo. Dentro de lo mismo, dentro de las noticias manipuladas, dentro de lo mínimo, dentro de la nada. Afuera, el silencio roto se transforma en alharaca.
Pero Manolo encuentra en un café, a un peruano como él y se movilizan los recuerdos. El hombre tímido, poco agraciado, taciturno respira, se "golpeaba la frente con el puño como golpeamos un radio a ver si suena" y ahora evoca el recuerdo de una mujer a quien le acariciaba con carcajadas. Habla eufórico. Se aproxima, pone la mano siempre distante, ahora viva sobre el hombro de su interlocutor.
Manolo borracho se sacude el silencio de tantos meses,  rumiando soledad. ¿Lo has padecido?
Recuerda, cuando salía del colegio, en su casa era la hora del té y escondía unos trozos de pan con mantequilla para llevarles a los indios, no eran albañiles, de estos se acuerda bien. Los indios no hablaban, escuchaban con interés su universo menudo, de niño amable. "Tenían la ropa vieja y sucia, unas uñas que parecían de cemento y unas manos que parecian de madera". Eran amigos del guardián de la construcción, pegados a la pared, en la absoluta oscuridad acompañaban las tardes soitarias de un niño llamado Manolo. "Al principio eran mis héroes; luego, mis amigos, pero con el tiempo, empezaron a parecerme dos niños". Y el encuentro se dio durante meses, hasta que la familia del chico se mudó.
Y esa noche bajo los efluvios del vino, muchos años después, recordó aquella imagen de la niñez, los indios esperándole. A la mañana siguiente, Manolo decide regresar al Perú, por fin divorciado de su letargo, apartado de la soledad y el silencio, vuelve al ombligo de lo mejor de sí.
He quedado agridulce, meditando. ¿Cuántas puertas de acceso al recuerdo he clausurado al partir? ¿He dejado mis dos indios atrás? ¿el valor para saldar las deudas de gratitud avasalla? o la misma idea de pagar pendientes seduce...

Los textos en negrita corresponden al cuento Dos indios, del libro Huerto cerrado (1968) Alfredo Bryce Echenique.

23 septiembre, 2011

Uno de tantos

Feliz aniversario, mi reina. Cuanto tiempo ya, ¿cuántos? ¿Ves sólo me falta por contar los minutos, te adoro, hermosa? Hazme los chiles en nogada, mi reina, te quedan tan bien. Te hablo de carrerita, me explico mi amor, ándele. Feliz aniversario, dame un beso. Otro más, Otro. Ah, no te había dicho después de comer tengo junta en la oficina. No le cuento más, gordita ¿para qué la atormento? y de regreso, paso a ver si algo se ofrece y voy adonde el Paco. Sí, mi amor, hoy hay dominó. ¿Te acuerdas, cielo? No, no, mi reina, si le falto al Paco me busco un rollo… Cuando llegue la celebro, mi reina, espéreme con el calzoncito rojo. Ah, ¿qué tiene? Si usted se me duerme, la despierto. Andele, mi vida, que ya me tengo que ir, yo siempre la celebro ¿ a poco no? Gordita, no se me ponga así, le prometo que una chela y ya ¿digame usted cuándo se me olvida esta fecha? Nunca, nunca mi amor...

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