15 diciembre, 2011

El Guayabero, Eliseo Alberto y las vías


En la vida, como la gente, las historias se cruzan. Los recuerdos también tejen las mallas y uno cae como aprendiz de trapecista. Eliseo Alberto escribe sobre Faustino Oramas en Tren Expreso (sigo descifrando vagones estos días):
“Un estafador de corazones que en vida fue coronado “Rey del doble sentido” por una composición suya donde cuenta la historia de una potranca enamorada:
Mi yegüita, cómo no/ la llevo a todas las feria/ porque mi yegüita es seria/respetuosa como yo. / Un día la pretendió/ un burrito de Bainoa/Y ella que es de Jibacoa/le dijo: No puede ser/porque usted quiere meter/la Habana en Guanabacoa.
Y agrega Eliseo Alberto con esa picardía natural del cubano: “Meter la Habana en Guanabacoa quiere decir exactamente lo que usted está pensando amigo lector”.
Vi a Faustino Oramas, el Guayabero, por allá de los noventa, espectáculos populares llenaban las salas de cine como el Payret y el América.
Mis tiempos frente al parque El curita, dulces del Barrio Chino y grupo de amigos irreales se coronaban con el Aquelarre y aquella vez que vi llegar con ayuda a un viejito prietísimo, jorobado y muy flaco. Parecía serio por la edad o las reumas, no sé y al sentarse frente al micrófono no sonrió, pero empezó el relajo. Cuando puedo ir a Cuba, evoco en sus aceras aquellos contrastes de Silvio, Anabel, Pablo y me voy al frente en aquella casona vieja donde los Beatles nos llenaban estómago y oídos. Ay, cómo temblaba el puntal del techo con las ruedas de casino y después de ese primer retorno subo en la china bicicleta y el agua nos salpica en el malecón. El Karl Marx con Virulo y su pandilla de hoy fantasmas. Termino la noche en el Sótano, Perugorria a cuatro metros. También, Jorge Luis Alvarez en La Mandrágora. Madrugada de confronta y regaños y sueño con hambre, la verdad.
Leo en La vida alcanza de Eliseo:
Un día, hace también muchos marzos, Gabriel García Marquez (el novelista más grande de la lengua cervantina, incluido Cervantes) me llamó por teléfono porque no podía recordar la letra de una guaracha que había escuchado en la Habana. Me dio una pista: Habla de una locomotora. Se la canté por el auricular: La vida es un tren expreso/ que recorre leguas miles/ El tiempo son los raíles/ y el tren no tiene regreso/En él se embarcan por eso, / elviejo, el nuevo y el serio/el bobo, el del Ministerio./ El tren a todos complace,/ y en la parada que hace/los deja en el cementerio.
Se acaba el año... puede que uno haya dejado de jugar al trapecista. Son los recuerdos, los soliloquios como una alforja.  Mientras hayan soneros y escritores cubanos, inmortales... La vida...¿alcanza?

2 ¿Qué me cuentas?:

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