11 noviembre, 2013

Poetas

El poeta no mira la vida. El dibuja vírgulas en el techo de nuestras cabezas. Vive el poeta en cada piedra y como piedra rueda, ingenuo, entre las patas de las letras. En su silencio creativo pare las voces de los que no saben nombrar el amor o el dolor. Un poeta va con el pecho en flor y allí lo mismo se descansan moscas o mariposas. No es fácil enlazar martirios, por eso el poeta escribe eternidades y uno, intenta seguirle el faldón inmisericorde, ese disfraz de las metáforas.
 
Por qué escribimos, de Roque Dalton.
 
Uno hace versos y ama
la extraña risa de los niños,
el subsuelo del hombre
que en las ciudades ácidas disfraza su leyenda,
la instauración de la alegría
que profetiza el humo de las fábricas.
Uno tiene en las manos un pequeño país,
horribles fechas,
muertos como cuchillos exigentes,
obispos venenosos,
inmensos jóvenes de pie
sin más edad que la esperanza,
rebeldes panaderas con más poder que un lirio,
sastres como la vida,
páginas, novias,
esporádico pan , hijos enfermos,
abogados traidores
nietos de la sentencia y lo que fueron,
bodas desperdiciadas de impotente varón,
madre, pupilas, puentes,
rotas fotografías y programas.
Uno se va a morir,
mañana,
un año,
un mes sin pétalos dormidos;
disperso va a quedar bajo la tierra
y vendrán nuevos hombres
pidiendo panoramas.
Preguntarán qué fuimos,
quienes con llamas puras les antecedieron,
a quienes maldecir con el recuerdo.
Bien.
Eso hacemos:
custodiamos para ellos el tiempo que nos toca.
 El poeta convierte en espejo al hombre. Evito mirarme allí en letras... tatuada, lastiman porque avisoran.
 

01 noviembre, 2013

Asombros

Una vez Silvia Schujert, escritora argentina, me recomendó escribir, escribir sin cesar, para que aquellas pequeñitas, tan inmediatas,  succionadoras de tiempo fueran quienes me nutrieran de historias. 
 No puedo escribir- le decía- la paso entre biberones y estimulación temprana.
Hace cinco años de aquella charla virtual.
 Ayer, mi hijita más pequeña contaba. Inmersa en una fábula de dos ratones, hacía gestos, abría ojos, juglar crecida frente a mí:
- Querían casar a la ratoncita con el sol, el aire, el monte, la cuerda...¡Señor, Cuerda!....(ahí la interrumpo)
- Recuerda que la cuerda es femenino. Sería... ¡Señora Cuerda!...
MI niña vendaval siempre. Tengo una hija tormenta, mar abierto, aciclonada. Baja de la silla y espeta, para escándalo de su mamá.
-  ¡Entonces era gay!
 

22 octubre, 2013

Chico y Rita


Chico y Rita es un filme animado, donde se le da voz a la trompeta, el piano, los tambores. Aquí se yerguen los negros como palma real.
Cuba de los cuarenta recreada a partir de una historia de amor. Personajes de la época que conocimos en voces de los abuelos. Chico y Rita, las leyendas de la música cubana se personifican en esta película animada del director Fernando Trueba y el ilustrador Javier Mariscal.
“A veces digo que esta es la historia de todos los músicos cubanos, de ninguno en particular pero de todos en general. Porque de alguna manera se nutre de experiencias de vida, de anécdotas de muchísimos”. Dice, Trueba, fiel a la verdad de una película que duró en su realización seis años. Un paseo por la memoria y los ritmos marcados en nuestra esencia cubana.
“Una de mis obsesiones ha sido dibujar negros, porque nunca había dibujado gente negra. He estudiado a los cubanos, como se mueven, qué cuerpos tienen (…)  Un exhaustivo trabajo de documentación. Mariscal se refiere así a la majestuosidad captada, a la chispa sensual del danzón que matiza el quiebre de cinturas, la caricia entre la baldosa y el pie.
Mariscal y Trueba obtuvieron muchos reconocimientos con esta película. Es una alabanza a la música,  dibuja con toda la carga de colorido y magia del Barroco. Helen O´Hara ha dado en remate, excelente conclusión: “una deliciosa mezcla de animación dibujada a mano y estilo digital que alimentará el alma de los románticos incurables”.
Confieso que tuve reticencias cuando un cuñado me sugirió verla. “Muñequitos para adultos”, pensamos mi esposo y yo.  El cine en casa se acabó a las dos de la madrugada, cada sentido se echó a bailar. Nos arropamos con las melodías de Bebo Valdés, Freddy King Cole, Dizzy Gillespie, Chano Pozo, Tito Puente, Thelonius Monsk, una excelente alternativa, también jazz para soñar.
Chico y Rita es un filme homenaje, un arpegio. El que tiene oídos que oiga.
http://youtu.be/3E69wUB7i48

Chico y Rita


09 octubre, 2013

DE Kundera, Eliseo Alberto, Manuel Rivas y otros amarres

Estoy segura que la vida es como una cuerda de marinero.
Leí  una entrada cautivadora en Los pasadizos del Loser  http://juanherrezuelo.blogspot.mx/2013/09/anti-palabra.html  del escritor Juan Herrezuelo y volví a la novela  La insoportable levedad del ser, allá en Tarará. Debajo de la escalera .  Al pie de la playa, en el albergue. Aislada como quedaría después de algunos años, cuando alguien decidió declararme desertora, para armar el nudo marinero que trasformó mi rumbo. Fue un chisme, víctima de alguien ansioso por vender  su alma y merecer un puesto. Por estas lecturas de vida he visto el filme La vida de los Otros.
Un oficial de la Stasi, policía secreta alemana del régimen comunista de la RDA, espía a una pareja de artistas: escritor él. Actriz, ella. No eran pasto para vigilias pero alguien interesado en la carne de la mujer, necesita enlodar al hombre y el escritor es arrastrado,  estimulado a hacer algo en lo que jamás pensó. Una película soberbia que permite ver a un actor como Ulrich Mühe

dando cátedra de cuáles son los matices cuando se habla de villanías. Perpetuos, sus ojos  miran dulcísimos desde las últimas fotografías. Murió en el 2007.
 Milan Kundera me devuelve  a  proa. En estos días cierro un ciclo de lecturas sobre críticas cubanas y poesía, cruzando de un mástil al otro, encuentro un texto de Eliseo Alberto Diego, quien reseña un informe redactado por la policía comunista checolosvaca donde se documenta una delación hecha por Milan Kundera, el 14 de marzo de 1950:
Hoy, hacia las 16:00 un estudiante, Milan Kundera, nacido el 1 de abril de 1929 en Brno (…) se presentó en este departamento para informar que una estudiante (Iva Militka) debe reunirse al anochecer con un tal Miroslav Dvoracek. Este último al parecer desertó del servicio militar y estuvo en la primavera del año pasado en Alemania, donde entró ilegalmente.
Escribe Eliseo Alberto: Miroslav Dvoracek era un joven activista opositor al régimen comunista, piloto aviador. Acababa de escapar del ejército y en un abrir y cerrar de ojos sería acusado de cooperar con los servicios de espionaje de Estados Unidos (…) Cumplió catorce años de condena en un campo de trabajos forzados en una mina de uranio.
Eliseo Alberto Diego debió saber muy bien de qué hablaba, porque él, a su vez, escribió Informe contra mí mismo, un libro que reseñaba la colaboración que prestó para delatar, describir y narrar todo lo que se hacía en el seno de su familia. Aquellas magníficas tertulias literarias  a las que asistían muchos artistas y escritores cubanos, después del triunfo revolucionario.
En fin, que esta ha sido una semana de nudos marineros y voy tratando de desenredarlos mientras se forma otro, doloroso, áspero: con la lectura de Manuel Rivas y La lengua de las mariposas:
Cuando los camiones arrancaron, cargados de presos, yo fui uno de los niños que corrieron detrás, tirando piedras. Buscaba con desesperación el rostro del maestro para llamarle traidor y criminal. Pero el convoy era ya una nube de polvo a lo lejos y yo, en el medio de la Alameda, con los puños cerrados, solo fui capaz de murmurar con rabia: ¡Sapo!¡Tilonorrinco!¡Iris!
Amarro mis estrobos, cada quien tiene una proa hacia algún lugar. En este mar de todos puedes ayustar un destino. El fin pueden ser las alas o las lenguas.
Puentes de lectura:
Manuel Rivas ¿Qué me quieres, amor?
Eliseo Alberto La vida alcanza

03 octubre, 2013

Del espejo

 Escucha a viva voz, Del espejo. Deja que mi voz, te cuente...al final del texto está el enlace, dale play...
Por allá del 1990 conté mi primer cuento. Cuando digo "mi" cuento no me refiero a  la propiedad intelectual. Es por supuesto, ese corazón, latido en voz,  que el narrador oral le entrega a un texto ajeno. Todos preferían a Onelio Jorge Cardoso, a Mirta Aguirre. Otros, tenían gusto más internacional. Yo elegí a Eliseo Diego, el poeta escribía desde otra fibra, un álito más cercano a mis claroscuros de aquellos tiempos. Poeta y ensayista también, pero fueron sus cuentos quienes me estremecían como quien leyendo se mira en un espejo.
El cuento que hice mío,  ganó el elogio de Mayra Navarro quien dirigía la Cátedra Itinerante de Narración Oral del Gran Teatro de la Habana y convocó un comentario de Garzón Céspedes, que me sigue hasta hoy: NO me gusta tu look.
Oculta siempre detrás de dos tallas más grandes que la mía, con el pelo en sortijas indecentes y una cara de ángel polvorón debí manifestar escénicamente una dicotomía, mientras me postraba ante el cuento estremecedor El hombre de los dientes de oro. Entre Eliseo Diego y yo habían pautas similares. Me agobian hasta hoy, los misterios de la vida, soy única hija y: Nunca fui joven, sino de máscara.
El hombre no se ha dejado contar, hace años está ensimismado en el techo de una gaveta. Lo saco a ratos, lo acaricio, no lo puedo convencer. Hay historias con agallas y esta lo es.
Dejándolo en su ostracismo, quiero compartirles Del espejo, un cuento breve acompañado del Mambo sinuendo de Ry Cooder y Manuel Galbán. Y como colorín, El ciego del disco Bolero Mexicano interpretado por Pablo Milanés.
Puentes de lectura:
El retablo del conde Eros, de Eliseo Alberto

01 octubre, 2013

Instantáneas habaneras





La restauración del Capitolio se calcula en cinco o seis años.

24 septiembre, 2013

De inocencias



Después de veinte años en México,  reconfortan la guitarra de mi esposo, las hijas mágicas y los alumnos crecidos. Gracias, Brenda por seguir confiando en la palabra.

19 septiembre, 2013

Yo Publio


Vuelan, vuelan, sobre un cubrecama expuesto en Bellas Artes, las mariposas de Raúl Martínez. Raúl, Premio UNEAC, nos sigue legando bellas imágenes: Celia con una flor en los cabellos; Martí, entre llamas y nubes, y ahora, estas mariposas...  Extraído de La Nueva Gaceta.

Hay libros que levantan en brazos. Otros, revuelcan, escupen, blasfeman. Hay libros caricia y libros espinados.  Yo Publio es un surco de memorias.  Es una rareza publicada en Cuba y que ya va por su segunda edición.
 
Llegó a mí envuelto para regalo y la impresión de escándalo. Fui desgranando al pintor Raúl Martínez, mientras las páginas me perdían en un laberinto que parecía construido por más de una voz. El estilo cambia a zancadas, se extravía.

La vida del pintor de aquel Martí a colores, el que dio afiches a las salas de cine, portadas a las revistas, quien fuera un niño nacido en Camagüey, con la oscuridad iluminada por cocuyos, le da voz a la memoria:
Sueltos, libres, corríamos aspirando el olor que nos inundaba, olor a verdadero campo, tan libre como nosotros, que nos atrevíamos a penetrarlo…
El joven bello, que fue, cuenta sus miedos, su frustración, las burlas y las obsesiones que lo martirizan.
Con los ojos cerrados o semicerrados, asistía a una desordenada procesión de cuerpos que se multiplicaban y reproducían, creando nuevas multiplicaciones de figuras, todas desnudas, hombres, mujeres, que formaban un conjunto sensual. De aquel amasijo de cuerpos, algunas venían ante mí…
Una paletada de gris desdibuja la confusa revelación de su homosexualidad. Se busca en cuerpos de mujer y se pierde. El empeño de purificación revolucionaria destierra de sus puestos a más de uno. Raúl Martínez ya había aprendido a levitar, como parte de la mascarada para sobrevivir.  Había practicado un caminar más varonil, con ligas atadas a sus muñecas, fijas a los bolsillos del pantalón. Deja atrás sus tenis blancos, se llena los ojos de color.
Después de mostrarse en un tono personal, casi tímido, la voz que cuenta detalla, con ajeno descaro,  encuentros homosexuales, parejas ocasionales, o no. La vida compartida con Estorino, el dramaturgo creador de El robo del cochino, La casa vieja, recrea una eterna complicidad. Narra, sin tapujos, las sinuosidades de las formas, los deleites y las carnes por degustar.
Es una rara lectura, sin embargo, plena de imperfecta humanidad. Yo Publio, comienza con largos episodios, algunos poéticos. Otros, ilustrativos de una historia de vida que nos permite atisbar en el entramado más complejo de la cultura nacional. Raúl fue exponente del expresionismo abstracto y mezcló en su obra el pop americano con los íconos revolucionarios, los colores del campo donde creció y los matices de su libérrima sexualidad. Así, este libro desnudo es como un afiche colorido y se diluye, casi al final, en notas parcas, fechadas esta vez. Notas de marco, para el mejor mural de Raúl Martínez, su  vida :
Quizás sea yo el que no entienda, pero la actitud de una Eva, una Sandra o tantos otros que he conocido, me parece extraña. ¿Por qué no buscar raíces en su propio árbol?
El mundo del arte –hasta donde he podido observar-sigue perplejo y detenido. Vi las exposiciones (varias) de Rauchenberg en el Soho y el Whitney. Pura maestría sin contexto. El mundo de la pintura sigue siendo un caos. ¡Cuánto talento necesario para encontrar una salida!
Me siento contento de mi país –no de mí, ser humano incontrolable, pero apaciguado por estar en donde debe estar.
Para escuchar de su libro para niños: Los cuentos bobos,  El hombre injusto  http://halocubano.blogspot.mx/2010/05/el-hombre-injusto-de-raul-martinez.html
 
 

12 septiembre, 2013

Roberto González: Cocoperro

Es un personaje de esos que puedes descubrir andando la Habana Vieja. Nos lo encontramos, bien acompañado con sus dos perros: Pillo y Chocolate. Obedientes e incansables, repetían varias artimañas para hacer reír a los transeúntes.
 
Yo venía de sorpresa en sorpresa, porque vi a un guía turístico almorzando langosta en el restaurante Europa. Vi el restaurante Europa revestido y acicalado. Vi un hombre de hojalata, hirviendo bajo el sol de agosto. Vi una cucarachita dentro de mi crema de queso. Vi al Capitolio con brackets. Vi un negro, como escultura, tajando el cielo. Vi, las mismas enredaderas en el mismo esqueleto del edificio. Vi la ventana desde donde miraba la parada de la guagua y escribía cuentos sobre los rostros narradores. Vi mi imagen en un charco y fue como volver para despedirme un tramo. Volver sobre mí, en constante minuendo.
Roberto se detiene en cualquier esquina, su bicicleta Coco Perro te avisa de la creatividad del cubano, de los que se dejan de quejar y aprenden a vivir. Sus dos perritos, amaestrados toman leche de tu mano, se duermen sobre el hombro, chupan biberón, te besan. Los niños se acercan de inmediato y los turistas hacen grupo alrededor.

 
No, kiss. No, kiss. Grita Roberto porque la lengua húmeda amenaza encariñar la imagen en la foto. Si alguien se acerca y dice Bush, el perrito encolerizado ladra, mostrando todos sus colmillos. Ríen, los turistas en grupo, sin comprometerse a dejar propina por la curiosa demostración. Roberto, se pone dientes postizos se acerca a la asiática que dejó reposar la perruna cabeza en su hombro. Es un trío irreal, aplauden todos y alguno deja un dólar, una moneda, un cuc.

 
Roberto sonríe incansable, habla sin cesar, tiene como un motor de combustión interna, pareciera no abatirse por el sol del mediodía, por la exigua propina. Sonríe y sigue camino. Si yo te contara, se despide mientras yo le invento a mis niñas: Es otro hombre sin sombra. 

 

06 septiembre, 2013

Quejumbre

Una característica del cubano es la quejumbre. Quejido monotemático en el arte, la escritura, el cine, conversaciones y cartas. El quejido llega disfrazado, también,  en el sudor, porque el calor de la isla siempre es motivo.
Hablaré de un pedazo de playa, Tropicoco, al pie del hotel Marazul. Llegas temprano y tumbonas y sombrillas quiebran el paisaje. Te plantas y caen de algún lado, los cobradores: Ay, no.
-Sí, dos cuc el camastro y dos cuc cuesta la sombrilla. Hasta las seis...


 
A las doce del mediodía se ha llenado el lugar. Un italiano se sienta a nuestro lado, parece prendado de la espuma. Conversa con mis niñas, en inglés. De pronto, un cangrejo desteñido sale de yo no sé y hablan del little y rápido animal. Ríe el italiano y nos pide cuidarle la ropa para meterse al mar. Dos policías, visitan cada sombrilla, saltaron de Oriente y cayeron acá:
- Cuiden sus pertenencias para evitar una situación- dicen, literal.
Hablo de que esto ocurrió un martes, al mediodía y con camastros llenos. Metros a la izquierda un extranjero colorado y gordo abraza a una blanca jinetera. Hay muchísimas sombrillas en pie y son los únicos extranjeros que diviso.
Alrededor de las tres llega una familia con una mesa armable, se enteran que si quieren sombrilla con mesa y sillas, cada silla les va a costar. Arman la mesa, les cobran dos camastros, se distribuyen y sacan una olla de presión, hielera, platos y botellas. No he oído ni un solo gemido. Vuelve el cobrador:
- Les recuerdo que recogemos esto a las 6.
El jueves regresamos al lugar, cerca de las cuatro de la tarde, está colmado.  Hay cuatro niños a la redonda y empieza a llover, muy fuerte. Mi madre dice que se hacen tornados y a juzgar por el corretaje todos piensan lo mismo. Escapan en dirección contraria al mar. Una familia se queda en el agua y mis hijas y yo jugamos bajo el aguacero a torear las olas, está exquisita la combinación. La playa casi desierta.
Cuando uno describe estas realidades saltan los que participan de la olla de grillos. ¡¿Tú sabes el esfuerzo que hace un cubano para ir al mar?!¿Tú sabes lo que es el sol prendido esperando una guagua? ¿Te imaginas ese salitre y la arena metida en la chancleta y hasta allá? ¡Merienda en mano! ¡Qué clase sol! ¡Qué calor!¡Qué oleaje hay!¡Hay piedras!¡Qué barbaridad!
Tendrá algún perverso propósito quejarse diario, por cada eventualidad. Sí, claro la conmiseración es un vehículo para mejorar egotistas economías y el que sabe escribir la queja, engorda el caldo aquí y allá. Hay un tono en lágrima perpetua, un afán de martirio, pero en el fondo, poco es verdad.
Antes de irnos, mi madre se quejó por la luz mortecina de la tarde. Mis niñas sonreían, gozosas, con las manos llenas de conchitas de mar.

 Cosas de Cuba... El cobrador, en la imagen,  sin identificación alguna. Si le preguntas te remite a un cartel allá a lo lejos, con las tarifas y te muestra el comprobante de pago. Puedes quedarte hasta las seis, pero si te vas la sombrilla y los camastros los cobran a otros y así doble o triple se los embolsillan. Quejarse, quejarse, caimán divino que se hace el muertico y se deja flotar...

03 septiembre, 2013

Tramos de martes

La poesía la tomo en brazos. Tengo pavor de su mirada y cierro los ojos, escucho. Dice imágenes y pinta en mí, soy un lienzo estremecido. Eso tienen los libros de mi cuarto, el cuarto azul...He descubierto un libro de Poesía Polaca, convertido en  espejo, taja mi razón. Abro los ojos.  
 
Salto los años, me adelanto
a los presentimientos -¿para qué? ¿Para qué?
Para poner más lejos el instante del sueño
que cada noche anuncia lo mismo inevitable.
Detenido en el ornamento de la sombra, bajo el cielo,
no alimento mis ojos de colores ni de cambiantes soles.
Tan conocido es el paisaje que hasta parece oscuro.
¿Salgo del cruce de caminos
hasta el ciruelo o el peral
al que pegué un día mi cara?
Arrodillado besaría este sitio
en que echaba su luz la ventana paterna
jugando con la sombra y el temor de los árboles.
Todos me esquivan, nadie me conoce.
Sigo, pues caminando, extraño solo,
y corro
creyendo haber llegado con muchos años de adelanto
o con años de atraso.
Fragmento de Día laborioso, Stanislaw Pietak

29 agosto, 2013

Embarazo en la adolescencia


Yuridia es la rara de la familia. Tiene 20 años, estudia en la Universidad de la Habana y es virgen. Sus primas, de 15 y 17 respectivamente, ya tienen hijos. Dejaron de estudiar y le repitieron incansables, a la madre “No me lo voy a sacar, ni lo pienses” o “Tú encargas” como le dijo la de quince al novio, antes de que este pintara la última huella de su bicicleta en el portal. Hoy dos bebés miran el techo, gorgorean lo impredecible de sus suertes, mientras la abuela vende el café y se promociona de boca en boca, como costurera. No paga licencia y no alcanza tampoco para los pañales y la fórmula, de eso se encarga el tío que les manda dinero de Mia-mi.
Aixa y Yusimí, las primas quieren seguir su existencia sin trabas, por eso hay discusiones en la casa y los muchachos que las cortejan vienen y se van. Soy soltera, son mis sobrinos, se les escucha ante el cortejo y se aprietan en diminutos shorts sus caderas de recién paridas. Así parlotean y se ríen, engañan  a los incautos. Las primas no trabajan ni estudian y se burlan de Yuridia, la mojigata, la quién sabe qué.
En Cuba 53 de cada mil nacimientos ocurren antes de que la madre cumpla 18 años. La educación sexual los ilustra desde la secundaria, algunos padres les explican a los nueve o diez porque la actividad sexual está manifestándose con mayor precocidad. Sin madurez física, ni responsabilidad para enfrentar los cambios las madres y padres adolescentes ponen a las familias en una encrucijada. La interrupción  del embarazo, el aborto, la regularización  quizás dejaron de apreciarse como en los noventa, cuyo abuso parecía indicar eran entendidos como método anticonceptivo. Aunque por sospechas de embarazos se practican “regularización menstrual” un alto porcentaje de jovencitas, los ginecólogos lo indican cuando se presume hay pocas semanas de embarazo. La regularización es un método también doloroso física y sicológicamente, es un método de succión.
Yuridia comenta con su novio la filosofía de las primas. Una avanzada contra la madre, una presión egoista parece ejecutar una guerra sin cuartel. “Si no me cuidas al niño, me pongo a jinetear”. “Si no me cuidas la niña, me la llevo con el primero que venga y ya verás”. El chantaje emocional y el sexo como veleta las lleva en comparsas constantes y la música que siguen está marcada por el aburrimiento, la playa, el oleaje, el calor, de esas excusas manan sus irresponsables decisiones. La inmediatez de la urgencia entre las piernas, el vacío de sueños o proyectos, mil excusas que no eximen de echarse la vida al hombro.
Yuridia sabe que los pequeños de su familia crecerán con el afecto de la abuela y los eventuales tratos o maltratos de los “amigos” de sus madres. En algún momento,  la vida les pasará factura a las primas “normales”, cuando la falacia de la eterna juventud las confronte.

26 agosto, 2013

Muertecita de miedo

Las historias eternas frente a la historia de una vez del sol, las eternas historias de estas tierras paridoras de bufones y cotorras,     La isla en peso de Virgilio Piñera

 Centro Cultural Bertol Brecht, a teatro lleno,  Muertecita de miedo suena allá en lo remoto. ¿Dónde lo escuché?
La sala  dividida en butacas y sillas, a diez pesos. La pantalla blanca acompaña una cortina del mismo color y la música salsa presagia un espectáculo “popular”. Cuando los hermanos siameses toman la voz de Ernesto González,    el vocabulario astilla mis recuerdos eran otras las obras que allí presencié. Todos ríen, la grosería es gratis: “tengo que quitarme a mi hermano del lado porque mi hermano es gay. Tenemos el mismo c….”
Después se despoja de los siameses y se disfraza como Luis Carbonell. El declamador cubano tiene una honrosa imitación, solo que el poema se encabrita, se contextualiza en esta Habana paridora de bufones, la negra Tomasa ahora es la negra Blancanieves y sale a jinetear.
Cuando Carmen Yolanda  viste al actor, el público se acelera.  Los de mi lado se desordenan cuando ríen...como peleles alzan los brazos, patean la silla en mueca  colectiva. Me uno a la risotá. Descuidada  Carmen Yolanda, desgreñada y muy vulgar, pertenece a la Unión de Baños Públicos de Cuba, no limpia, pero agarra el teléfono de esa oficina y llama a “Miami”. Su hermana le ha enviado regalitos desde “allá”. “Aquí hay manzanas, lo que valen lo mismo que un DVD”, conversa Carmen Yolanda y pide ayuda, pero  no se le da. Pide un tratamiento para hemorroides, una operación, un médico allá. Hace chistes anticuados, pero resultan.
Detrás de la cortina blanca se queda la empleada y asoma el Teniente Gatillo Loco, es apoteósico.  Levanta un dedo, va pegado a su buró, a sus dogmas como Jefe de Custodio del Zoológico de 26. Y allá en la pantalla blanca se dejan ver los eternos venados. La música del Rey León enmascara las carcajadas y los murmullos: Es Raúl. Es él...
Levanta un dedo, Gatillo loco en ese silencio del monólogo dirige un dedo acusador: "Ríete, que la jaula está allá atrás”.
Cuando habla, las medidas tomadas por el gobierno cubano, son imágenes metafóricas: "Ya las jicoteas podrán vender libremente su carapacho. Alquilar libremente, su carapacho. Podrán tatuarse, en su carapacho Rent Room o Alquilo mi casa”.
El personaje dispara y da: “El cocodrilo quiere visitar a un primo caimán en la Florida, ya no tiene que salir ilegalmente. Pasar ilegalmente por ese “fanguero enemigo”. Se adelantó el Aquelarre y la risa  mueve con escobas la vivencia colectiva. Gatillo acentúa el tono, marca el ritmo cuando se refiere a las ilegalidades: “Que si al pavo le arrancaron una pluma del c… lo sabremos…”. Así en retahíla en ese tenor del ojo omnipresente del poder. Un ojo que la gente se inventa quizás clavado en la puerta, en el teléfono o en su maleta.  Ojos y oídos de quien se cree pavo, centro del mundo.
Cuando Gatillo desaparece el espectáculo está en su punto climático y llega un ventrílocuo, digno de cualquier cine de barrio.  Inútil. Más vulgar.
Jacqueline la Pandemia es el último personaje y recuerdo. Acá la hemos visto en un video casi viral. Algunos pensaron que era un travesti, común, en cualquier rincón de la Habana, pero con Jacqueline, el actor Ernesto González se mueve con fluidez, desaloja los músculos de su cintura, recorre la sala, femenino y cuenta de sus amores internacionales: el árabe, el italiano, el indio,  y el esquimal. Es una tragicomedia la Jacqueline. El novio español fue lo peor, porque quería poner en la Habana algo parecido a los toros de Pamplona y soltar un toro en la calle, niña, ¿tú sabes la cantidad de tiempo que nadie ve un bistec?
Y la crítica agita el mejunje en la olla de brujas, el suero de moringa, las monjas emergentes, en la canal.  Para esta hora río con todos, olvido que trabajos como este vi hace años, en lugares de Centro Habana. Espacios alternativos comprendían  límites entre lo artístico y lo popular. Tampoco vi bozales, ni policías. Al final Ernesto González, el Fonomímico sale sin peluca, entaconado, a despedirse. Fugaz, apenas un segundo para levantar el brazo en adiós por hoy. Este hombre llenó el teatro y se plantó. Un monólogo bien ejecutado, lleno de vulgaridades y simplezas. Un eco del Aquelarre.  Frases que nos ilustran en la despedida... Interrogante disparada por Gatillo, en la que nadie reparó:
“¿Con qué aplauden partía ‘e carneros?
La gente sigue riendo, calle arriba, calle abajo.  De vuelta,  leo a quienes agitan la maraca: ¡el cólera se soltó!¡el cólera en la Habana está!. Parlotean desde otras geografías y veo que los bufones se han inventado teatros en el extranjero. Añorando la carcajada hacen muecas desde sus butacas, toman distancia en la fila del circo y más risa me da.

27 junio, 2013

Angel Ricardo Ricardo Ríos

En toda metáfora hay como la suprema intención de lograr una analogía, de tender una red para las semejanzas, para precisar cada uno de sus instantes con un parecido...
José Lezama Lima
 
Angel Ricardo Ricardo Ríos es un cubano, nacionalizado mexicano, que concibe sus obras en Cuernavaca, un verdadero paraíso. Me alegra apreciar cómo se extiende la red creativa en este país, los mismo soles para quienes buscan la permanencia y rehuyen lo evanescente.


"Es una manera de compartir, de divertir, de sorprender. Al sacarlo a la calle, invades el espacio del transeúnte, y si a este le incomoda, tendrá el derecho de interactuar y hasta de intervenirla, pero al menos con mis obras la respuesta ha sido positiva. Un ejemplo de ello son los inflables que hice para la calle de Guatemala; ahí los comerciantes me pidieron que los dejara una semana más, pues les gustaba que formaran parte de su paisaje cotidiano".
Extraído del artículo Angel Ricardo Ricardo Ríos: juegos de reflexión y humor, de Jeannette Porras.
 

 
 


24 junio, 2013

Hay mitos que nadie ha fabulado

(…) el peso de los muertos célebres pudo más que el peso de los anónimos vivos. Nunca fui primera dama.  Wendy Guerra. Bruguera

Nadia Guerra, con el micrófono abierto se cuestiona la estatura real de los héroes, los cimientos de sus pedestales. Nuestra genuflexión que nunca cuestionó vasta pureza.
Carlos Puebla, Pablo Milanés, Donato Poveda, Barbarito Diez, Celeste Mendoza, en su espacio radial, sonidos que nos despertaban, echaban de la cama, empujaban a la escuela. Melodías de una isla que se creyó pintada.
Una hora con nadie, es el nuevo programa, después. Porque Nadia ha sido expulsada de la radio, no le ha dicho al pueblo, “cosas pensadas”. Wendy Guerra escribió Nunca fui primera dama, novela urdimbre y uno allí se reconoce hiedra. La esculqué buscando la preexistencia de su madre, Albis Torres. Leí algo de su poesía en Álbum de poetisas cubanas y me pareció una fabuladora inscrita en otro mundo.

Hay mitos que nadie ha fabulado,
Mitos como universos que habitan
Los seres más humildes.
El mío son las olas y un hombre
Que las vio diligentes hacer y deshacer,
El paisaje lunar de las Galápagos.
Y un hombre que no cruzó el océano
E imaginó, mil veces veinte, un viaje sin riberas.

Pero Nadia nos lleva más allá de las raíces y las hojas, entre diarios, cajas negras y libros forrados. El entrepaño de un librero oculta lo innombrable y los habitantes de una isla son los verdaderos héroes, los mártires de lo cotidiano.  Aprecio como leit motiv: el martirio. Martiriza buscarse y no encontrarse. Martiriza una vida hecha a otra medida, a fuerza en tallas igualadas. Martirizan los recuerdos. Martirizan las ausencias y los fantasmas. Martirizan lo callado y la consigna a gritos. Martirizan el deseo y la ausencia de ganas. Reconoce la autora, el dolor que infringe la lejanía y aprecia el cotidiano látigo de quien se queda urdiendo el tejido. Abonando enredaderas.
Estaba sola, y decidí usar mi tiempo pintándolo todo; con la ausencia de ellos la casa estaría perdida.

Cuba es una isla en las cabezas. Cada uno se inventa un espejismo. Las lenguas gritan, se acallan, se enrollan, martirizadas y fingen cuerdas de ahorcados.  Chiringas. Banderas de náufragos y esta novela (no publicada en la isla) sabe nadar. ¿Por qué no puede leerse adentro? No lo sé. Celia Sánchez Manduley, come con el plato en la mano, hace vitales bendiciones, fuma sentada en la escalera. Levita el Che, ante una joven desnuda. Se describe a Fidel, en entrevista con periodista argentino y la autora contrapuntea, pone en boca de su madre un discurso que parece escrito por alguno de nuestros abuelos. Wendy Guerra sabe andar la Habana, como sabe todo el que vive y sale para regresar. Creando adentro, eres más que la suma de sus partes. Y los personajes principales, mujeres todas llevan la maldición de una isla sentada en la cabeza. Isla verde oscuro. Isla negra. Isla Ibeyes, ella y él. En ese juego de ambivalencias no tienen reposo las voces de quien murió o se fue.

Busco en esta novela jirones de mi generación y encuentro. Veo a las mujeres que nos antecedieron, las madres, las iguales  a los hombres, las descreídas, las guerrilleras, las liberales, las del redil, un camino de contrastes, en el que nos formamos todas. Las historias de sus vidas conforman la verdadera raíz de la historia nacional. Esas vértebras de carne y sangre, aparentemente, sumidas en el silencio de los horcones, le dan alas a cada isla personal. Muestran que el país no está allá donde se entregan las olas. Uno se inventa un país a la medida. Cada quien lo edulcora o lo envenena según la dosis de locura y Wendy Guerra consigue una excelente sombrilla, como la conocimos, para vadear la lluvia de omniausencias.

Mi país es ese instante único que ahora mismo
Sucede en todas partes. Orillas de la tierra,
Lugares a los que no sé ir ni puedo
Y llego sin embargo.

Albis Torres Ob. cit., p. 21.

Álbum de poetisas cubanas, Editorial Letras Cubanas, 1997

11 junio, 2013

Félix Ernesto Chávez

Que el honor de las venas fertilice
de honor y lealtad al árbol grande...
                                   Manuel de Zequeira
Junio arrastra. Junio con el rostro mojado. Junio carece de placeres. Entonces aquella poetisa Luisa Pérez de Zambrana conquistó la crítica de José Martí, el ensayo poético de Chacón y Calvo y muere en una casita de Regla, cargando con ausencias filiales, con las despedidas de su hermana favorita, su esposo, sus cinco hijos. Todos son árboles caídos y ella en la fe sostiene su poética y su vida. La Virgen de los Dolores es un pandero de luz para la madre y esposa.
Una de las imágenes que más me impresionaron de niña en las iglesias era esa virgen vestida de un color fuerte, encantador y aquellos puñales atravesando su pecho. La cara mostraba un dolor sin nombre y luego supe que anticipaba Simeón  su profecía:  “Este Niño está puesto para ruina y resurrección de muchos de Israel, y una espada traspasará tu alma”. Lc. 2, 22-35
Consciente de todas estas ramificaciones, conquistas de la literatura misma que florece y echa raíces en el oficio lector, estaba ajena a la existencia de Felix Ernesto Chávez, aunque su bosque escrito ya reverdecía para muchos. Era cubano y adjunto lo que la página cubanos famosos dice sobre él:
Nacido en La Habana, Cuba. Doctor europeo por la Universidad Autónoma de Barcelona, en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Cursó la licenciatura en Letras con Título de Oro en la Universidad de La Habana, homologada a la licenciatura en Filología Hispánica por el Ministerio de Educación de España.
Investigador Posdoctoral en la Universidad Autónoma de Madrid. (...)
Ha publicado una monografía sobre Whitman, ha coeditado dos obras colectivas y tiene en proceso la publicación de dos ediciones críticas sobre las hermanas Luisa Pérez de Zambrana y Julia Pérez Montes de Oca, así como una monografía sobre Pérez de Zambrana. Ha participado en más de 30 eventos internacionales como comunicante o conferenciante.
Se doctora en 2010 con la tesis titulada La construcción del sujeto romántico en la poesía de Luisa Pérez de Zambrana, dirigida por Hervé Le Corre (U. de la Sorbonne Nouvelle-Paris 3) y Meri Torras (Universidad Autónoma de Barcelona.
Siguió durante años, la trayectoria creativa de Luisa Pérez la elegíaca cubana, la mujer que refugiaba en sus oraciones un dolor indescriptible. Debió ponerle mucho empeño por las conclusiones, la visión crítica, la sensibilidad y vino a México,  camino a la Habana, aquí escribió:
  
Todo en el Distrito Federal es estridencia: las voces de los comerciantes, los conductores gritando, los atestados comercios, los colores y olores, la brutal uniformidad de ciertas expresiones, la risa y la alegría, el horizonte volcánico, la fértil imaginación. También las esperanzas y los silencios.
No supe de él, hasta que el amanecer del 12 de junio del 2012 dieron la noticia: Murió apuñalado, su vida trunca, su talento silenciado. Una familia entera aguijoneada por el mal, caída. Las paredes de ese hogar fueron abatidas por los asesinos. Y las autoridades en silencio,  nos han privado de ese halo intelectual que le confirió a nuestro pasado literario. Con él, posiblemente, Luisa descanse para siempre guardada en el hermetismo que confieren siglos y siglos por venir. Y la Virgen de los Dolores se personifica en otra madre que añoraba el abrazo del hijo. La vileza siempre me sorprende, quizás por eso uno busca el libro y su asidero.  No conocí a Félix, hay designios, destinos y se bifurcan. Supe de él cuando era tarde. Alguien que clavó un puñal y desterró un talento,  anda por ahí como hiena apestando...
Esto parece una pesadilla. El escritor, el investigador, el hijo, no pudo negar en su vida y obra esa influencia romántica del destino trágico y sólo podemos honrarle con un pensamiento y una propuesta de lectura. El mismo se entregó a la crueldad de  los designios, cuando escribió:
El día de mi muerte no me echarás de menos. Echar de menos es tener la esperanza de que asome mi rostro tras la puerta. Pero entonces ya no volveré.
No quedaré en nada, en nadie, no seré más que elemento transfigurado en otro elemento. Que no haya música, ni pierdas el tiempo pensándome fantasma o viento sobre el árbol. Todo puede seguir su misma rutina, a nadie le parecerá importante cualquier remota detención.
Mejor camina hacia otra parte. No te sientes a esperar. Sigue otra huella. La mía se habrá fundido en los mismos circuitos donde todos se calcan. Haz un montón de piedras e imagina que sobre ellas nacerá otro lirio, otra casa, otro libro, otro barco que ya no me llevará.
Que ninguna de mis fotos sirva para extrañarme: pues el de las fotos no soy yo, ni lo será este yo tampoco cuando acabe el poema. El pasado sólo existe en la idea del pasado.
Ahora Lidia, la madre de Félix postea de cuando en cuando en http://elbosqueescrito.wordpress.com/category/album-familiar/
Somos piedra sobre piedra y no debemos olvidar.
Gracias, Charlenne y sabes por qué.

05 junio, 2013

Ediciones Casa Bayona

En la casona vieja podíamos escuchar el trino de los pájaros, la murmuración de dos o tres cuya labor más importante era deshacerse en los chismorreteos cotidianos y el paso casi imperceptible de algunos que parecían evitar el calzado y levitaban a raticos en un intento por ocultar su endemoniada condición. Habían días gloriosos que nos visitaban escritores importantes o intelectuales españoles, argentinos o de otros países con intereses de investigación. También la comunidad de Santa María del Rosario entraba a la casona con los clamores domésticos de unos años muy difíciles, ¡aquellos noventas!
Algunos creían que el Centro Chacón y Calvo estaba ubicado en la casa donde originalmente nació el hispanista cubano, pero no. Era un lugar más pequeño cuidadosamente restaurado, vestido con atuendo del siglo XlX y con adornos que se fueron robando poco a poco, sin piedad. Para mí era un sueño traslaticio,  colocar mi carpeta sobre los escritorios de madera dura, sentarme sobre el siglo pasado, en sillas de espaldar infinito. Y también recuerdo cuando cambiaba un búcaro de lugar, para escribir sobre una mesa menos elegante, la anterior debió ser codiciada, al pie de una ventana. Los que tenían sueños de grandeza, procuraron escritorios dignos de sus sueños. Me apena ahora, saber de quienes todavía los rumian, fuera del país o adentro, flotando en su ególatra vanidad. Si yo contara...
Pero mis cuentos son otros y nunca se han depositado sobre el cráneo de nadie. Cada quien que cargue su daga o su pluma y en el ambiente intelectual créanme hay quien termina cortando su garganta y en el afán de lastimar al otro se ahogan con su propia lengua.
Algo que sobrevivió como memoria, después que el Centro se fue a pique son algunos textos recogidos en las Ediciones Casa Bayona, la talla del ilustre hispanista regresó para erguirse sobre rencillas personales y presupuestos culturales. Lo mejor es que las obras sobreviven a sus creadores y la presencia de los grandes ilumina cualquier aliento hipócrita y lo convierte en luz.
En México pude apreciar la intensa amistad que de mil formas se patentizó entre Alfonso Reyes y José María Chacón y Calvo, Alicia Reyes majestuosa, abrió las puertas de la Capilla Alfonsina para mí y sintiéndome minúscula y curiosa aprecié que la verdadera grandeza está en la humildad de espíritu, en un corazón entregado a la obra. Después de aquellos días tomé experiencias de vidas pasadas y con la mira en lo alto, para evitar perder los ojos en derredor, gané serenidad. Incluso cuando un compañero de trabajo hizo lo imposible porque me declararan disidente, a pesar de estar en tiempo y con todos los permisos. Gracias a él y a quienes añoraban el puesto yo miro este pasado con catalejo.
 



Lectura recomendada: De Salvador Bueno, de quien conservo muy gratos recuerdos y cuya labor abrió muchas puertas para que el Centro de Estudios Hispánicos fuera una realidad.

03 junio, 2013

Nelumbo quejumbroso

A dos años de mi graduación comencé a trabajar como investigadora literaria en el Centro de Estudios Hispánicos José María Chacón y Calvo. De aquellos años escribiré algún día, importante fue dedicarme al estudio de la vida y obra de Luisa Pérez de Zambrana.
Chacón y Calvo apasionado, había escrito sobre ella. Le interesó aquella poetisa santiaguera que empezó temprano con una voz muy personal. Nace en Santiago de Cuba y luego en su poesía vibra el eco bucólico de los alrededores del Cobre.
  (...)No amigo mío;
pinta un árbol más bien, hojoso y fresco
en vez de pedestal, y a mí a su sombra
sentada con un libro entre las manos
y la frente inclinada suavemente.
Ella nació quizás por el 1835 porque su acta nunca apareció. Visité el Cobre, por ella. Adoré el papel que tocaba, como con alas de mariposa, papel de periódicos y revistas donde publicó. Visité las ruinas de la casa donde vivió la mayor parte de su agonía, en el municipio de Regla. Olfatée el aroma indescriptible del Cementerio de Colón donde ella descansa. Y adquirí una tristeza natural que aún me evoca desazón cuando recuerdo.
Luisa se convierte en la más insigne elegíaca de nuestra lírica, como la destaca Enrique José Varona. Se refugia en su fe católica para salvaguardarse de la muerte de su esposo y despuès de sus cinco hijos.
Chacón caracteriza la poética de Luisa, consagrada a la serenidad de espíritu, a la religiosidad. ¿Cómo podía ella levantar los ojos si no de aquellos sepulcros?
La noche del 22 de marzo de 1917 se le tributa a Luisa Pérez de Zambrana un homenaje en el Ateneo de la Habana, Chacón lee una semblanza que se identifica con la alabanza martiana. La frase: "Se hacen versos de la grandeza; pero sólo del sentimiento se hace poesía", la escribe Martí al establecer un paralelo entre la muy reconocida Gertrudis Gómez de Avellaneda y nuestra Luisa. Cae el alma reverente ante el sosiego, la conformidad, la fe en la elegíaca octogenaria.
Tuve miedo de ella. Joven yo, no comprendía la magnitud espiritual y purificadora del dolor. No obstante, llevé su foto conmigo como quien carga una reliquia familiar y un día, años después, frente a las ruinas de lo que fue aquel centro de investigación, teniendo a mis espaldas la iglesia magnífica de Santa María del Rosario le pedí perdón. Le confesé mi debilidad y ambiciones, le dije que uno no abandona a alguien como ella, aunque se cierren las investigaciones y se dilapiden los recursos, le di las gracias por haberme fortalecido las alas. Por haberme lavado el espíritu le di gracias y le dije que no podía más con tanto pesar, con el eco insondable de su dolor, que ya éramos una para siempre.
Y pasé a un costado de la iglesia sin mirar atrás. En aquellos cascajos ahogaron varios estudios convertidos, finalmente, en fuegos fatuos. En aquel techo, casi flotando sobre el piso de elegantes baldosas, clavé mis ojos muchas veces porque no estaba lista para el àcido de los ególatras. Ni para la competencia desleal. Ni para el estigma de la juventud. Aunque nada pudo frenar mi desarrollo, la compañía de la poetisa fue vital para mantenerme en pie.  Allí fui parte de un sueño guajiro y cómplice de muchas pesadillas.
Creí haber dejado atrás aquella carga de siglos, pero ha regresado con este junio la virgen de los Dolores y yo no soy católica, pero Luisa le era muy devota y revive en mí, con un acontecimiento que ahora no nombro.
Hay un sino trágico, como una estela..."nelumbo quejumbroso: delicadísimo nelumbo"

27 mayo, 2013

Publicar...publicar

Pegar un grito en el cerro no es acercarse al sermón de la montaña.Atahualpa Yupanqui
El libro ha sido publicado. Ella observa el espaldarazo que le da su obra, allí paradito en el librero,  apretado que se ve,  minúsculo al lado de Kafka o de Carpentier. Se estruja las manos y piensa en otra novela, esta no, la siguiente sí será monumental y ese espacio de arriba deberá llenarse con títulos y en letra brillante su nombre. Impresos en varios colores, tamaños distintos y tapa dura, ¿podrá? Mientras sueña,  olvidada de este primer libro suyo, ella se ahoga, se tensa, envuelta en su asfixiante vanidad.


22 mayo, 2013

Máscaras

Admiro a las mujeres que se maquillan y siempre me pregunto qué ven sus esposos en realidad...
En viernes, despertaba a las cinco de la mañana.
Sigilosa, retiraba los tubos del cabello. Colocaba la base del maquillaje, después el polvo; luego, el rubor. Corrector para ojeras. Pestañas postizas. Sombra para el encanto del párpado en flor.
Lápiz labial, rojo. Tacones elevador. Jadore aquí y allá.
En viernes, cita en la cocina. Ella lo esperaba vestida solo con el humo del café y él, trompicaba en la escalera, descalzo. Se rascaba la entrepierna, después.  Y recostado en el marco de la puerta, atisbaba, desde el quiebre imposible del tobillo hasta los zarcillos de las orejas y conseguía una melodía asincopada con su respiración. Ella toleraba la animalidad del cortejo, la desfachatez.  El, aislado todavía en su modorra, imaginaba la maleta de artificios que lograba este milagro de viernes.  Oculta detrás de su tintura ella presumía, un viernes a la vez:
No soy tu esposa. Soy Yo...
 

20 mayo, 2013

Preludio a las eras imaginarias

Por eso, busco en la lectura artilugios para romper la máscara impasible...Comparto un fragmento  de Preludio a las eras imaginarias de José Lezama Lima.
"Cualquiera de los asombros que el hombre se niega a aceptar es inferior al del unicornio que bebe en una fuente. Un árbol en el desierto es menos asombroso que el hombre por los arrabales, bajo la lluvia, cubriéndose con un periódico. Todo lo acepta el hombre, menos que es un asombro, un monstruo que lanza preguntas sin respuestas.
 
 Se asombra del incondicionado de la divinidad, pero se niega a aceptar que él es un incondicionado igualmente asombroso. Encuentra en los desarrollos que le rodean un signo causal, pero si se le obliga a creer que él forma parte de esa causalidad mientras duerme, enmudece. La batalla que se libra en su sueño entre el uno y el árbol, lo adormece tan solo para el asombro, pues cree cerrarse en el sueño. El mundo del unicornio bebiendo agua en la fuente tiene su aceptación, pero el hombre se niega a aceptar que él continúa, que él prolonga un incondicionado, que Dios tiene que contestar, o volver a preguntar, para engendrarlo de nuevo en la causalidad misteriosa. No invisible como en la metamorfosis de los griegos, sino en la transparencia, en el fulgor, en que el hombre toma el relámpago de lo incondicionado.
Escultura de Charlotte Yazbek

16 mayo, 2013

Nuevo León: laberinto

A los ancianos de humo y luz, aquellos guerreros conmigo...
Desfigurada por ropa holgada,  viajaba en los transportes colectivos. El DIF y el Consejo para la Cultura de Nuevo León habían aprobado un curso mío y la ilusión de formar Grupos de Cultura con Adultos Mayores me emocionaba. Pero había que irse de la ciudad, en las afueras, en los ejidos  no habían opciones para los abuelos. Llegaba y siempre estaban en la puerta como niños, algunos con bastón esperaban dignos en sus sillas metálicas, tan incómodas que apreciaba yo el esfuerzo de sus asentaderas. Hacíamos ejercicios físicos, dinámicas de integración grupal y luego preparábamos por equipos las distintas manifestaciones artísticas.
 
Yo les hablaba de juventud y de ánimo. Reía mucho con ellos y les contaba cuentos. Fue un laberinto de historias de vida, uno cree en la eternidad afirmada en la palma de la mano, pero la cana siempre da, la cana alcanza.
 
Conservo infinidad de fotos, han pasado varios años. El tiempo hace eternos los recuerdos amables. Ya no están. Mirando hacia atrás sé que no hubo necesidad de mencionar a la muerte, el  ímpetu de juventud se extiende, galopa y corcovea, yo me deleitaba con ellos. Proyectaba con mis entusiasmos un aroma de eternidades. Ellos veían algo en mí y yo...
 
Se presentaron en el Teatro de la Ciudad, en mediodía, teatro lleno de abuelitos, los corridos, las polkas, los cuenteros populares llenaron el lugar. A la salida, estaba la Alcaldesa y algunos de los abuelos le besaron la mano. Unos le pedían una carretera, otros un relleno en algún agujero inútil, por donde ni las bestias podían pasar. Y luego a solas, los regañé:
¡Ustedes no tienen que rogarle a nadie! No tienen que perder su dignidad. El gobierno tiene la obligación de cuidarles, ustedes son parte de su adorno, son razón para que se cuelguen el orgullo de pechera y hablé y hablé y hablé.
Me avergüenza la imagen de aquel día. Con los años viviendo de este lado, he visto la magnitud de mi ceguera. No, no están los gobiernos a disposición. No están los proyectos culturales al servicio de las comunidades. No están lo presupuestos encauzados en el área cultural, fuimos un garbanzo.


Les recuerdo a menudo, no sé si me atreva algún día a regresar. Debe haber un camino de tumbas.
 
Cuando  me abato, cuando me debilito, cuando pierdo el Espíritu Andante,  pienso en aquellos abuelos míos, cada semblante me viene a visitar y volvemos a compartir los jirones del recuerdo, hacemos dinámicas y me siento en casa. Hay días de abandono, aquel álito de juventud se trepa en cada árbol y voy a raz del suelo contando fantasmas. La conmovedora partida de mi suegro, mi abuela ausente y trato de recordar a mis abuelos adoptivos,  gozosos en el baile, en la manualidad, en la narración.

 Veo a Elida, redondilla, allá al final del terraplén gritando adiós con una mano dibujada de raíces y levanto los ojos. Recupero la fe. Cuando uno aprende a vivir sin la caricia de un anciano habrá perdido la inocencia...


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