22 mayo, 2013

Máscaras

Admiro a las mujeres que se maquillan y siempre me pregunto qué ven sus esposos en realidad...
En viernes, despertaba a las cinco de la mañana.
Sigilosa, retiraba los tubos del cabello. Colocaba la base del maquillaje, después el polvo; luego, el rubor. Corrector para ojeras. Pestañas postizas. Sombra para el encanto del párpado en flor.
Lápiz labial, rojo. Tacones elevador. Jadore aquí y allá.
En viernes, cita en la cocina. Ella lo esperaba vestida solo con el humo del café y él, trompicaba en la escalera, descalzo. Se rascaba la entrepierna, después.  Y recostado en el marco de la puerta, atisbaba, desde el quiebre imposible del tobillo hasta los zarcillos de las orejas y conseguía una melodía asincopada con su respiración. Ella toleraba la animalidad del cortejo, la desfachatez.  El, aislado todavía en su modorra, imaginaba la maleta de artificios que lograba este milagro de viernes.  Oculta detrás de su tintura ella presumía, un viernes a la vez:
No soy tu esposa. Soy Yo...
 

2 ¿Qué me cuentas?:

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