03 enero, 2012

Años

Un cuñado me ha regalado un minúsculo bosque y un remanso de fresas. Al fondo de la cesta: Café cubano un disco bajo la firma Putumayo World Music. Pienso en los olores del patio allá en casa. La melodía de las ramas del anón…Una amiga regresa con noticias del homenaje para Alicia Alonso, las emociones y la ceguera, la vejez como una realidad que no empaña años de trazos impecables y trabajo duro. Acabo de gozar, Carmen, hilvanada por Alicia, tejida y aderezada. La existencia es un mar de goznes. Fin de año bailando Pata Pata, de Miriam Makeba, con el Wii, porque mis retoños ya sienten la urgencia de tambores africanos. Mi esposo me abraza con un libro.
El fin de año en Cuba venía con la limpieza, el huevo real, caliente anidado. Las semillas de la bodega, en papel cartucho y el recorrido por el cuerpo pidiendo Luz y prosperidad. Después el gallo o la paloma y el entierro, escondidos en el marabuzal, que la hierba es cómplice de la sangre y del grano calientico.
Mi primo me escribe otra versión, de los orientales dice, apropiada por el barrio. Un muñecón del tamaño de un "compañero", recorre las casas, debe entrar en cada hogar y olvidados de las antiguas usanzas, mis primos llevan al “hombre” y al finalizar la caminata, lo queman. Arde en el centro del barrio, ya no la caldoza. Tampoco el agua del cubo, de la pipa, del tanque plástico que se lleva medio comedor, porque en mi barrio se vive a raz del piso y no hay balcones donde la gente escupa supersticiones.
Recuerdo la sentencia de mi abuela, vaticinando a su manera el futuro existencial: Antes fue con agua, todo se ahogó. Ahora va a ser con fuego. El fuego tragará al mundo de un tirón.

¿Cómo habrán quemado al muñecón? Los ánimos han cambiado. Mis tiempos en Cuba fueron años de humedad. Voy a preguntarle, en tiempos de la anodina cotidiana el agua tiene memoria; el fuego, no.

2 ¿Qué me cuentas?:

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