06 septiembre, 2013

Quejumbre

Una característica del cubano es la quejumbre. Quejido monotemático en el arte, la escritura, el cine, conversaciones y cartas. El quejido llega disfrazado, también,  en el sudor, porque el calor de la isla siempre es motivo.
Hablaré de un pedazo de playa, Tropicoco, al pie del hotel Marazul. Llegas temprano y tumbonas y sombrillas quiebran el paisaje. Te plantas y caen de algún lado, los cobradores: Ay, no.
-Sí, dos cuc el camastro y dos cuc cuesta la sombrilla. Hasta las seis...


 
A las doce del mediodía se ha llenado el lugar. Un italiano se sienta a nuestro lado, parece prendado de la espuma. Conversa con mis niñas, en inglés. De pronto, un cangrejo desteñido sale de yo no sé y hablan del little y rápido animal. Ríe el italiano y nos pide cuidarle la ropa para meterse al mar. Dos policías, visitan cada sombrilla, saltaron de Oriente y cayeron acá:
- Cuiden sus pertenencias para evitar una situación- dicen, literal.
Hablo de que esto ocurrió un martes, al mediodía y con camastros llenos. Metros a la izquierda un extranjero colorado y gordo abraza a una blanca jinetera. Hay muchísimas sombrillas en pie y son los únicos extranjeros que diviso.
Alrededor de las tres llega una familia con una mesa armable, se enteran que si quieren sombrilla con mesa y sillas, cada silla les va a costar. Arman la mesa, les cobran dos camastros, se distribuyen y sacan una olla de presión, hielera, platos y botellas. No he oído ni un solo gemido. Vuelve el cobrador:
- Les recuerdo que recogemos esto a las 6.
El jueves regresamos al lugar, cerca de las cuatro de la tarde, está colmado.  Hay cuatro niños a la redonda y empieza a llover, muy fuerte. Mi madre dice que se hacen tornados y a juzgar por el corretaje todos piensan lo mismo. Escapan en dirección contraria al mar. Una familia se queda en el agua y mis hijas y yo jugamos bajo el aguacero a torear las olas, está exquisita la combinación. La playa casi desierta.
Cuando uno describe estas realidades saltan los que participan de la olla de grillos. ¡¿Tú sabes el esfuerzo que hace un cubano para ir al mar?!¿Tú sabes lo que es el sol prendido esperando una guagua? ¿Te imaginas ese salitre y la arena metida en la chancleta y hasta allá? ¡Merienda en mano! ¡Qué clase sol! ¡Qué calor!¡Qué oleaje hay!¡Hay piedras!¡Qué barbaridad!
Tendrá algún perverso propósito quejarse diario, por cada eventualidad. Sí, claro la conmiseración es un vehículo para mejorar egotistas economías y el que sabe escribir la queja, engorda el caldo aquí y allá. Hay un tono en lágrima perpetua, un afán de martirio, pero en el fondo, poco es verdad.
Antes de irnos, mi madre se quejó por la luz mortecina de la tarde. Mis niñas sonreían, gozosas, con las manos llenas de conchitas de mar.

 Cosas de Cuba... El cobrador, en la imagen,  sin identificación alguna. Si le preguntas te remite a un cartel allá a lo lejos, con las tarifas y te muestra el comprobante de pago. Puedes quedarte hasta las seis, pero si te vas la sombrilla y los camastros los cobran a otros y así doble o triple se los embolsillan. Quejarse, quejarse, caimán divino que se hace el muertico y se deja flotar...

7 ¿Qué me cuentas?:

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