19 septiembre, 2013

Yo Publio


Vuelan, vuelan, sobre un cubrecama expuesto en Bellas Artes, las mariposas de Raúl Martínez. Raúl, Premio UNEAC, nos sigue legando bellas imágenes: Celia con una flor en los cabellos; Martí, entre llamas y nubes, y ahora, estas mariposas...  Extraído de La Nueva Gaceta.

Hay libros que levantan en brazos. Otros, revuelcan, escupen, blasfeman. Hay libros caricia y libros espinados.  Yo Publio es un surco de memorias.  Es una rareza publicada en Cuba y que ya va por su segunda edición.
 
Llegó a mí envuelto para regalo y la impresión de escándalo. Fui desgranando al pintor Raúl Martínez, mientras las páginas me perdían en un laberinto que parecía construido por más de una voz. El estilo cambia a zancadas, se extravía.

La vida del pintor de aquel Martí a colores, el que dio afiches a las salas de cine, portadas a las revistas, quien fuera un niño nacido en Camagüey, con la oscuridad iluminada por cocuyos, le da voz a la memoria:
Sueltos, libres, corríamos aspirando el olor que nos inundaba, olor a verdadero campo, tan libre como nosotros, que nos atrevíamos a penetrarlo…
El joven bello, que fue, cuenta sus miedos, su frustración, las burlas y las obsesiones que lo martirizan.
Con los ojos cerrados o semicerrados, asistía a una desordenada procesión de cuerpos que se multiplicaban y reproducían, creando nuevas multiplicaciones de figuras, todas desnudas, hombres, mujeres, que formaban un conjunto sensual. De aquel amasijo de cuerpos, algunas venían ante mí…
Una paletada de gris desdibuja la confusa revelación de su homosexualidad. Se busca en cuerpos de mujer y se pierde. El empeño de purificación revolucionaria destierra de sus puestos a más de uno. Raúl Martínez ya había aprendido a levitar, como parte de la mascarada para sobrevivir.  Había practicado un caminar más varonil, con ligas atadas a sus muñecas, fijas a los bolsillos del pantalón. Deja atrás sus tenis blancos, se llena los ojos de color.
Después de mostrarse en un tono personal, casi tímido, la voz que cuenta detalla, con ajeno descaro,  encuentros homosexuales, parejas ocasionales, o no. La vida compartida con Estorino, el dramaturgo creador de El robo del cochino, La casa vieja, recrea una eterna complicidad. Narra, sin tapujos, las sinuosidades de las formas, los deleites y las carnes por degustar.
Es una rara lectura, sin embargo, plena de imperfecta humanidad. Yo Publio, comienza con largos episodios, algunos poéticos. Otros, ilustrativos de una historia de vida que nos permite atisbar en el entramado más complejo de la cultura nacional. Raúl fue exponente del expresionismo abstracto y mezcló en su obra el pop americano con los íconos revolucionarios, los colores del campo donde creció y los matices de su libérrima sexualidad. Así, este libro desnudo es como un afiche colorido y se diluye, casi al final, en notas parcas, fechadas esta vez. Notas de marco, para el mejor mural de Raúl Martínez, su  vida :
Quizás sea yo el que no entienda, pero la actitud de una Eva, una Sandra o tantos otros que he conocido, me parece extraña. ¿Por qué no buscar raíces en su propio árbol?
El mundo del arte –hasta donde he podido observar-sigue perplejo y detenido. Vi las exposiciones (varias) de Rauchenberg en el Soho y el Whitney. Pura maestría sin contexto. El mundo de la pintura sigue siendo un caos. ¡Cuánto talento necesario para encontrar una salida!
Me siento contento de mi país –no de mí, ser humano incontrolable, pero apaciguado por estar en donde debe estar.
Para escuchar de su libro para niños: Los cuentos bobos,  El hombre injusto  http://halocubano.blogspot.mx/2010/05/el-hombre-injusto-de-raul-martinez.html
 
 

4 ¿Qué me cuentas?:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...