11 junio, 2013

Félix Ernesto Chávez

Que el honor de las venas fertilice
de honor y lealtad al árbol grande...
                                   Manuel de Zequeira
Junio arrastra. Junio con el rostro mojado. Junio carece de placeres. Entonces aquella poetisa Luisa Pérez de Zambrana conquistó la crítica de José Martí, el ensayo poético de Chacón y Calvo y muere en una casita de Regla, cargando con ausencias filiales, con las despedidas de su hermana favorita, su esposo, sus cinco hijos. Todos son árboles caídos y ella en la fe sostiene su poética y su vida. La Virgen de los Dolores es un pandero de luz para la madre y esposa.
Una de las imágenes que más me impresionaron de niña en las iglesias era esa virgen vestida de un color fuerte, encantador y aquellos puñales atravesando su pecho. La cara mostraba un dolor sin nombre y luego supe que anticipaba Simeón  su profecía:  “Este Niño está puesto para ruina y resurrección de muchos de Israel, y una espada traspasará tu alma”. Lc. 2, 22-35
Consciente de todas estas ramificaciones, conquistas de la literatura misma que florece y echa raíces en el oficio lector, estaba ajena a la existencia de Felix Ernesto Chávez, aunque su bosque escrito ya reverdecía para muchos. Era cubano y adjunto lo que la página cubanos famosos dice sobre él:
Nacido en La Habana, Cuba. Doctor europeo por la Universidad Autónoma de Barcelona, en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Cursó la licenciatura en Letras con Título de Oro en la Universidad de La Habana, homologada a la licenciatura en Filología Hispánica por el Ministerio de Educación de España.
Investigador Posdoctoral en la Universidad Autónoma de Madrid. (...)
Ha publicado una monografía sobre Whitman, ha coeditado dos obras colectivas y tiene en proceso la publicación de dos ediciones críticas sobre las hermanas Luisa Pérez de Zambrana y Julia Pérez Montes de Oca, así como una monografía sobre Pérez de Zambrana. Ha participado en más de 30 eventos internacionales como comunicante o conferenciante.
Se doctora en 2010 con la tesis titulada La construcción del sujeto romántico en la poesía de Luisa Pérez de Zambrana, dirigida por Hervé Le Corre (U. de la Sorbonne Nouvelle-Paris 3) y Meri Torras (Universidad Autónoma de Barcelona.
Siguió durante años, la trayectoria creativa de Luisa Pérez la elegíaca cubana, la mujer que refugiaba en sus oraciones un dolor indescriptible. Debió ponerle mucho empeño por las conclusiones, la visión crítica, la sensibilidad y vino a México,  camino a la Habana, aquí escribió:
  
Todo en el Distrito Federal es estridencia: las voces de los comerciantes, los conductores gritando, los atestados comercios, los colores y olores, la brutal uniformidad de ciertas expresiones, la risa y la alegría, el horizonte volcánico, la fértil imaginación. También las esperanzas y los silencios.
No supe de él, hasta que el amanecer del 12 de junio del 2012 dieron la noticia: Murió apuñalado, su vida trunca, su talento silenciado. Una familia entera aguijoneada por el mal, caída. Las paredes de ese hogar fueron abatidas por los asesinos. Y las autoridades en silencio,  nos han privado de ese halo intelectual que le confirió a nuestro pasado literario. Con él, posiblemente, Luisa descanse para siempre guardada en el hermetismo que confieren siglos y siglos por venir. Y la Virgen de los Dolores se personifica en otra madre que añoraba el abrazo del hijo. La vileza siempre me sorprende, quizás por eso uno busca el libro y su asidero.  No conocí a Félix, hay designios, destinos y se bifurcan. Supe de él cuando era tarde. Alguien que clavó un puñal y desterró un talento,  anda por ahí como hiena apestando...
Esto parece una pesadilla. El escritor, el investigador, el hijo, no pudo negar en su vida y obra esa influencia romántica del destino trágico y sólo podemos honrarle con un pensamiento y una propuesta de lectura. El mismo se entregó a la crueldad de  los designios, cuando escribió:
El día de mi muerte no me echarás de menos. Echar de menos es tener la esperanza de que asome mi rostro tras la puerta. Pero entonces ya no volveré.
No quedaré en nada, en nadie, no seré más que elemento transfigurado en otro elemento. Que no haya música, ni pierdas el tiempo pensándome fantasma o viento sobre el árbol. Todo puede seguir su misma rutina, a nadie le parecerá importante cualquier remota detención.
Mejor camina hacia otra parte. No te sientes a esperar. Sigue otra huella. La mía se habrá fundido en los mismos circuitos donde todos se calcan. Haz un montón de piedras e imagina que sobre ellas nacerá otro lirio, otra casa, otro libro, otro barco que ya no me llevará.
Que ninguna de mis fotos sirva para extrañarme: pues el de las fotos no soy yo, ni lo será este yo tampoco cuando acabe el poema. El pasado sólo existe en la idea del pasado.
Ahora Lidia, la madre de Félix postea de cuando en cuando en http://elbosqueescrito.wordpress.com/category/album-familiar/
Somos piedra sobre piedra y no debemos olvidar.
Gracias, Charlenne y sabes por qué.

4 ¿Qué me cuentas?:

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