30 octubre, 2011

Versión Insular


Se fue a la zona roja. Quería verlas emplumar. Desde la distancia impuesta por sus guardaespaldas miraba de frente o reojo la altura de una liga, lo empinado del tacón. Se dejó caer en el mullido sillón y empezó a cacacarear como gallina. Los periodistas asentían, regodeándose. Pronto la entrevista estaría en cada red social, como prostituta en vidriera. Ella presumía el alcance de su pico abierto, con esa lengüita corta y seca,  mientras en la entrepierna calculaba el precio de su huevo.

6 ¿Qué me cuentas?:

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