07 noviembre, 2011

Muerto a la cañona

Con Muerto a la cañona, me he reído tanto...

En este mes convivo con tradiciones muy particulares, en México. La Catrina escucha silbidos y extiende su mano huesuda. Quizás aprecie la rítmica del mariachi y se deje ir, emocionada.  No puedo evitar estremecerme al observar a las niñas mexicanas con el rostro maquillado y el gran sombrero que Posada inmortalizó. Los niños corren  y esconden la algarabía detrás de una malla de huesitos.
Pero, en Cuba, la muerte no puede seguir su propio derrotero. Desde que Francisca se ocupó en vivir, los milagros de la supervivencia se confieren al aroma del café o al humo del tabaco. También se dice que el ron, en sorbos breves o la lectura.
Muerto a la cañona es una carta a la que he decidido dar voz y acompañarme de música popular: NG La Banda con Ojo, lengua y oido. También Adalberto y su son, con Dale como e. Además, con el cierre de Tapaboca por Manolito y su Trabuco. Un poco acordándome de mi alfabetización callejera en Centro Habana y otro mucho porque el acento revive y siempre es bueno recuperar aquel dicho de mi abuelo: ¡Qué cosa más grande, caballero!¡ No es fácil!
 

4 ¿Qué me cuentas?:

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