10 octubre, 2011

Ego Ego Ego

Tantos años viviendo fuera de Cuba le obligan a uno a reencontrarse. Algunos se van despojando de viejos hábitos y hasta adoptan los ritmos y arpegios circundantes. He conocido cubanos que por unos quince días en España, hablan con la z y el ritmo, ¡caballero! el ritmo de tablao zalamero... Otros regresan a Cuba con frases adoptadas, por tanto levantarse y acostarse con otras voces y orejas.
Los menos cuidaban su dicción en Cuba, por el trabajo o por la educación de casa, que todos tenemos un poco de la abuela o de la madre y se oye más cuando nos confunden del otro lado del teléfono.
El tiempo y las calles diferentes van limando la manera en que uno se reencuentra o se pierde. Una amiga me ha enviado algunas fotografías,  escribe: Me vigilan, lo sufro y lo presiento.
Si la juzgo dejo a mi Ego envanecerse, así que aplico la filosofía campesina de mi abuelo y le digo: ¡Quieto Oge!.
El Ego se ataranta y no habla, dibuja presunciones porque cómo decirle a mi amiga:  ¿ La fijación que tienes es porque no has podido cruzar del otro lado del espejo?
¿Su universo tiene un límite territorial?¿cómo espetarle que un día intentaremos levantarnos y el cuerpo yerto mostrará su indiferencia?
Uno se inventa una nariz especial, imprescindible. Bueno sería levantar las pestañas, clavar los ojos en derredor...

7 ¿Qué me cuentas?:

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