01 diciembre, 2011

Ay...


El nombre se le introdujo entre los dedos. Levantó los tobillos con el: ¡Te…!. Zigzagueó por las rodillas. Para cuando dijo: ¡odio!,  ya tenía  un cosquilleo insoportable entre los muslos.

2 ¿Qué me cuentas?:

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