22 mayo, 2012

Ego


El escritor larvado detrás de su obra, teclea una barricada de silencios. Ella evitaba la tendedera  en la nube. Como  lectora debía lidiar con un monólogo cada vez más doloroso. Se inventaba un sabor para la admiración oculta allá detrás de su avatar .  Y al principio tocaba la pantalla como si le acariciara a él, la barba de tres días. Imaginaba el diálogo al pie de la ventana y el ciprés. Pero ahora,  después de comentarios sin respuestas; jalonea el monitor y le espeta groserías. El escritor se pregunta, a diario,  por qué nadie lo viene a leer.

6 ¿Qué me cuentas?:

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