25 mayo, 2012

Días de esos

En el autobús, la niña de ocho años le iba contando de ipad y  generaciones de aparatos. Le describió a su nana, pero no se le antojaba para jugar. Que su mamá vivía en el teléfono y un día llegaba a la escuela en una Hummer y otro en el Mercedes. Se llamaba Diana como la cazadora, dijo atrapada en una ingenua sonrisa. Cuando llegaron a la casa hogar la Miss X reunió a los alumnos, les pidió considerar la visita como una oportunidad. Mientras hablaba los de sexto levantaban las narices, frente a la inmensa jaula de los pájaros.

Cuando la Cuentacuentos levantó la voz y sonaron las claves, los ojos se unieron en una sola visión. El animal más grande del mundo llenó la habitación y se extendió por las ventanas, el pequeño gusanito le abrió los ojos a cada quien y repitió entre risas: Soy el animal más grande que existe, aplasto al rinoceronte y al elefante lo hago… A la salida una chiquita de ocho años, de playera blanca y pantalón desteñido se acercó, le dio un beso. Un chico grande de chaqueta de mezclilla sonrió y levantó los ojos sin vergüenza. Uno de los chicos con uniforme impecable tecleaba en el celular y otro pasó al frente, con cara de “no estás en mi facebook”.

De regreso, en el camión, la Miss X interrogó a los alumnos sobre la visita, qué les pareció la actividad. Distraídos se peleaban por unas gelatinas, que alguien olvidó entregar a los chicos con refugio sempiterno en la casona de las monjitas.

Diana, la alumna que me contó de sus materiales bendiciones levantó la voz:

- ¡Que los pobres también son chidos!- y se ahogó en una carcajada.

Escultura de Charlotte Yazbet.








6 ¿Qué me cuentas?:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...