09 mayo, 2012

Murakami y el pasado que envuelve

Watanabe recuerda con nitidez aquel paseo de sus 18 años. Olores traídos por el viento de octubre, las nubes como coronas y Naoko.
Pero ahora tiene 37 sobre sí y piensa:
"La memoria es algo extraño (...) en aquella época a mí me importaba muy poco el paisaje. Pensaba en mí, pensaba en la hermosa mujer que caminaba a mi lado, pensaba en ella y en mí y luego volvía a pensar en mí".
Watanabe concibe una especie de limbo de la memoria. Todos quiséramos despejar la escenografía en el pasado individual, pero esto no es posible. Así como Watanabe carga con sus recuerdos vivos y sus muertos vamos construyendo un escenario con el andamiaje y la coraza esculpida desde el ego.
Tokio Blues es una novela que me desespera. En ese cautiverio de sus personajes, en la magia y lo onírico se trocan las rejas de mi interior. A Murakami lo leo, mientras la música transmuta en personaje, y el recuerdo danza envuelto en una sábana de humo. Humo embistiendo nube. Nube parece risa. Carcajada lloviendo entre ríos de agua y fango. El libro en sus manos, no hay paraguas para este goterío por caer.

4 ¿Qué me cuentas?:

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