01 agosto, 2011

Lichi

Publiqué esto,  a propósito de varios blogs cubanos que juzgaban el regreso de Eliseo Alberto. Su viaje a la Habana causó polémica, he buscado en algunos de los espacios donde supe de aquellos comentarios ácidos, pero no he encontrado residuos, quizás es la risa de Lichi quien hoy los calla o su despedida, en definitiva uno vive como quiere, pero la muerte se llevó a su padre, a su hermano y a él, en el mismo lugar.

Me he quedado helada, no sabía. Bueno del huitlacoche sí, pero acabo de leer que Eliseo Alberto está de regreso en la Habana, después de dos décadas en el exilio. Me gusta leerle, lo he dicho, Inventario sobre mí mismo, resultó una lectura esclarecedora. Después Caracol Beach, inquietante, identificada con algunos delirios y por último, La eternidad por fin comienza un lunes de la cual hablé en alguna entrada del año pasado.
Este hombre, hijo de Eliseo Diego de quien he cargado a todos lados historias y poemas, está enfermo y se enfrenta a la isla, devorada por los fantasmas: "la isla es casi la misma, pero sin amigos. Todo el mundo ha muerto o vive en el exilio".
Según el Excelsior, volver a Cuba para algunos de sus allegados es una traición. Está enfermo, necesita un transplante de riñón, le practican diálisis, convive con una de sus hijas, su hermana y pocos conocidos. Regresa a Cuba en busca de un donante y dice que no le importa la opinión ajena, sabe lo delicada de su situación. Mientras escribe una novela cómica, envuelto en esos parajes raros que la enfermedad dispone, dentro del dolor la autoconmiseración es desterrada y el creador se dispone a disfrutar en carcajada la poca vida.
Espera también la presentación de Esther en alguna parte, que será en Cuba: "Yo creo que nadie irá a la presentación, pero no importa, será interesante saber qué se siente publicar de nuevo aquí". Y extraña México, parece que el exilio nos cobija con una segunda piel, cuando regresas entiendes que ya no hay cabida, o quizás sí, visitando tumbas y recuerdos.
Así que Lichi, como le llaman sus amigos, ha caído en el embrujo del maíz y sus parásitos:
"Quiero una quesadilla de huitlacoche. No quiero que me gane mi natural pesimismo, esta es mi casa, pero extraño México", se manifiesta y yo que no soy nadie, le deseo salud. A mí no me importa si la gente se va o regresa, creo en la libertad individual y le deseo mucha vida para convertirla en libros, de esos que parecen catalejos mirando de lejos a la Bahía de la Habana. Da lo mismo del lado que la sufres, la isla irá contigo como un velo de novia. Y quien pueda revivirla en obra sabrá de qué lado se inventa un  tocororo.
COMIENZA UN LUNES

La eternidad por fin comienza un lunes

y el día siguiente apenas tiene nombre

y el otro es el oscuro, al abolido.

Y en él se apagan todos los murmullos

y aquel rostro que amábamos se esfuma

y en vano es ya la espera, nadie viene.

La eternidad ignora las costumbres,

le da lo mismo rojo que azul tierno,

se inclina al gris, al humo, a la ceniza.

Nombre y fecha tú grabas en un mármol,

los roza displicente con el hombro,

ni un montoncillo de amargura deja.

Y sin embargo, ves, me aferro al lunes

y al día siguiente doy el nombre tuyo

y con la punta del cigarro escribo

en plena oscuridad: aquí he vivido.

Eliseo Diego



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