03 agosto, 2011

Halos de lectura: Eliseo Alberto

Escribí esto hace más de un año. Como aún me empeño en promover lecturas les comparto.

El primero de abril, el Excélsior estampa en titulares: No habrá más libros de García Márquez. Una agente literaria asegura: "Creo que Gabo no volverá a escribir nunca más”. Donde ella dice “es posible” alguien sentencia: Es.
El estimuló en muchos escritores latinoamericanos una oportunidad creadora. La eternidad por fin comienza un lunes, de su amigo cubano Eliseo A. Diego, publicada en el 1992, pareciera retomar aquellos surcos del Realismo Mágico, la forma de expresar una realidad cambia porque interpretamos más allá de lo que se ve.
Leí antes Informe contra mí mismo y Caracol Beach. Ambas muy distantes de esta novela. “Vengo de esa familia de locos donde se decía que los que no servían para la música, ni el circo lo mejor que podían hacer era dedicarse a la literatura”, ha comentado el autor en alguna entrevista y en ese ambiente se desarrolla “La eternidad…”
Un circo donde se incluye “la historia de los hombres sin historia”. Un domador que perdió el nombre en una apuesta de gallos. Anabelle la equilibrista “su gran pena era que tenía trastocados los recuerdos”. “La abuela polaca predijo que no le faltarían sustos en la vida antes de conocer el susto supremo de la felicidad”. Póstumo Bramante, el domador obsesionado con el idioma, quien después de perder un buen amor siguió vivo “gracias a la inercia de la apatía”. Caifás, el enano despreciable que aborrecía toda manifestación de gozo, se cambió el nombre “cuando decidió que el cuerpo que habitaba no era más que el depósito mierdero de su alma”. Los artistas del circo Cinco Estrellas cargan un fardo en el alma, lleno de soledades, historias truncas, adversidad y desesperanza, pero en voz de Asdrúbal, el mago, leemos la sentecia retadora para el lector: “Recuerda que el arte verdadero sólo se logra desde las dos grandes penas del hombre: el amor o el odio”.
Una novela diferente, ajena al entronamiento de “la rabia, la envidia o el remordimiento”... melancolía, taquicardia, miocardio, vocablos que Eliseo debió escribir en exaltación vivaz o enamorado, por eso Bebé, la mujer barbuda nos acaricia sin reparos en el género, “muy hombre para ser hembra y muy hembra para ser hombre”. Una mujer que llora por las mamas y sabe por cada poro “como se palpa el dolor”.
Hay muchas alusiones a personajes famosos, es como un guiño del autor. Desfilan fantasmagóricos, participan en algún evento singular o cotidiano: Isadora Duncan, Tina Modotti, María Zambrano, Lumiere, Capablanca, Horacio Quiroga y otros cruzando sus destinos donde los innombrables se crecen ante el infortunio o el desamor. Los invisibles, los desarraigados, los comunes dejan de serlo para diseñar un viraje en sus destinos. El autor es encarnado en el papel por Pascual, el poeta, el público. Se define como cubano, un cubano errante, un prófugo de la injusticia…
Es el poeta al que le lloran las manos, quien nos revela el origen verdadero que dio título a la novela:
“Un domingo el viejo Eliseo y yo almorzamos juntos en Villa Berta, viendo pasar los trenes. Fue él quien lo dijo: La eternidad por fin comienza un lunes, al día siguiente doy el nombre tuyo y con la punta del cigarro escribo, en plena oscuridad, aquí he vivido…”
Tardé un mes y medio en leer la novela, me pregunté varias noches al declinar su lectura ¿por qué no? Cuando la terminé obtuve la respuesta, ya no creemos en el amor. La historia de los desangelados a nadie le importa y estamos más pendientes del desarraigo propio, más conscientes de nuestros naufragios individuales y preferimos el descreimiento si alguien nos convoca a través de palabras idas como amantes y eternidad. Cuando un escritor nos ofrece el acto maravilloso de un mago, tiene que haber un mago, puesto que hay trampa porque ya no creemos en eso de Corazón a Corazón, pero Asdrúbal ese mago, sin atractivo físico, pasado de los cincuenta si “decía a viva voz un conjuro de amor, lograba el prodigio”…
He releído algunos fragmentos, voyerista miro por la página entornada “pero ellos siguieron besándose y desvistiéndose sin importarles otra cosa que no fuese desnudar por completo el amor”. Cuando nos enfrentamos, detenidos al acto creativo, poético de esta novela tenemos mucho por decir, sería infinito el análisis y por eso me he detenido en vuelo apresurado en algunos personajes. Me veo un poco en ellos, incluso veo a cada cubano desperdigado por ahí en tantas geografías distintas, esperando, alimentando la esperanza y me creo el vaticinio y lo clamo en reverente invitación para leer: “La eternidad por fin comienza un lunes o El grande viaje del cisne negro sobre los lagos de hielo de Irlanda”.



11 ¿Qué me cuentas?:

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