21 junio, 2011

Con Hansel con Gretel

Estuve muchos meses en silencio, quienes me conocen saben de esas etapas de ostracismo. Pongo en duda la palabra viva, aquella que construían mis abuelos, él con su sombrero y ella con su invalidez, ambos gigantescos en el verbo, sincero y vivaz. Pongo en duda la narración oral y dejo de creer en ella, en esos públicos minúsculos de por acá. Una botarga llena un teatro, la narración no. Algunos espacios sobreviven a los años. Algunos eventos también, cuando veo el trabajo de Beatriz, de Enrique Paez, de Aldo...

de Mayra Navarro, Beatriz Falero cuando recuerdo a Javier Coronado  y los cuentos lo reviven...En esos momentos retorna la fe y vuelve a poseerme la palabra. Pensando en todo esto, agarré unas cosas raras de verificación, ya saben de esas que aparecen en los comentarios de los blogs y me he puesto a jugar, porque si no, termino por ponerme seria.

No maquillo el ventanal de quien sufre cadena perpetua dentro de mí. Esa máscara de purour sigue un rastro de piedritas. Intento contarle el lospin cada mañana. Que sonrían todas las pestañas. Pero hay ojeras recién llovidas, por hechizamiento de libros y de polvo. No tomo café. El punym deja una caricia como herida triste en mi garganta y la voz soterrada ensaya un gorgojeo. Los oniesis descorren los velos de la palabra, prefieren tragar silencios y el  Había una vez, les contagia un drows. Nadie ansía un relámpago en los ojos del pijama.
Mis dedos ensayan un compás. Quizás el tono en esmeril abra las puertas

14 ¿Qué me cuentas?:

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