01 julio, 2011

Halos diminutos

Pétrea y solitaria, la mirada parece absorta, pero no ve. Sorda escucha la perorata de la niña: ¿Quieres jugar? En la noche se irá a otro lado, quizás a un siquiátrico, donde pueda estirar las piernas en el jardín.  Irme sin el pedestal, quizás. La uña de la niña repasa el ojo vacío.  Le habla al oído:  ¿Estás?

12 ¿Qué me cuentas?:

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