06 diciembre, 2012

En el cielo con diamantes


El hombre es un ser que ha de dar testimonio de lo que es. Heidegger
En el cielo con diamantes es la última novela de Senel Paz, como dice con luces de neón en la portada, el autor de: Fresa y Chocolate.
A pesar de que la novela se desarrolla en años siguientes al triunfo revolucionario, Senel Paz cuenta las vivencias del culebrón de generaciones que vivimos a partir de esos días una época de inocencia. La realidad de la beca, aquellos internados obligatorios donde trabajábamos en la tierra y estudiábamos después con su enmarañado funcional, las familias esperanzadas, los obcecados y los renegados. Los santos escondidos, como enterrado debía estar cualquier indicio de religión y el sexo como una constante, liberado y liberador, lavando personas y culpas.
Uno huye de ideas vestidas de recuerdos. Uno trata de dejar atrás el ente para volcarse a la esculpida del ser, pero no se escapa del fango en el calcañal y la trepadora hierba que parece esconderse detrás de los muslos. Por las páginas se deslizan las bandejas metálicas, grasosas; el chícharo con gusanos; los mismos juicios. El mismo actuar. Si eras diferente, si preferías un libro, si no apostabas tu virginidad, eras burgués, como David, el personaje principal:
" Las hermanas me dijeron que dejara a un lado mi pasividad, tanto si era por melancolía como por mal de ojo y que abandonara también la costumbre de citar a Dios cada dos por tres, como si fuera un monaguillo, y que dijera malas palabras (…) y que cuando estuviera con mis compañeros me rascara los huevos…”
 
Alguien ajeno a esa etapa de nuestras vidas puede escandalizarse, pero quienes fuimos cómplices de aquella promiscua manera de crecer nos habla, de frente,  un escritor que ha regresado por el camino de la verdad.
Junto a las canciones de los Beatles,  que se escuchaba por lo bajito; fragmentos en homenaje a Cervantes, José Martí, Lezama, Carpentier, Cabrera Infante, López Sacha, Abilio Estévez y una mezcolanza como en Cuba debe ser, desanda los caminos para mostrarnos las raíces de varias generaciones que hoy andan como venas diseminadas por aquí y por allá.
He reído al leerla y ha sido como nacer con alguna conversación pendiente, la vuelta al personaje del cine, de la calle y sus azares; los Chaplin en conquista de la guajirita, la familia afincada o no,  han vuelto con el sonido de esas bisagras que uno dejó, decrépitas, chirriantes.
Loas a Senel Paz digan lo que quieran los envidiosos, pero este es un libro de historia. Las historias de vida cruzan el mundo  figurando la verdad y En el cielo con diamantes es un libro testimonial, una novela sin tiempo o quizás mucho tiempo embonando razones que nos hicieron como hoy. Es un libro con espíritu, con memoria.
"Los introvertidos, algo esconden; los especiales, son engreídos; y los diferentes, afrancesados o maricones".
En definitiva, miras atrás y la gorda Ofelia levanta la mano, te jode en el escalafón, delata. Tu madre quedó eterna, en el medio de la calle diciendo adiós y David y Arnaldo ya envejecieron uno vive aquí; otro, acullá.
 
"Estoy en el paisaje de la ventana, soy un hombre con los brazos en cruz y en medio del verde, y si ahora mismo estuviera en el cuarto y mirara hacia acá, me vería".
Cuando lees, la novela te guiña una multitud de ojos. Imposible olvidarse de los halos, las estelas. La curva del olvido para un cubano, no es tal:
 
"Con gusto entregaría cuatro o cinco años de mi vida con tal de borrarlo todo de mi memoria. A ti seguramente te pasa lo mismo. Algo vergonzoso y mezquino, algo de lo que prefieres pasar porque te daña, habrá en tu historia, un hecho que, si acude a tu mente, te parece que te han puesto a masticar vidrios".
 
Todas las citas pertenecen al libro En el cielo con diamantes, de Senel Paz, Ediciones B, S.A. Barcelona, 2007
 

4 ¿Qué me cuentas?:

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