18 febrero, 2013

Yo soy de aquí

Cuando me preguntan cómo funciona Cuba si muchos pueden vivir sin trabajar. Si hay quienes reciben dinero por escribir. Si hay tanta gente en los balcones, en la calle, jugando dominó aspirando el fresco tropical y ante lo real maravilloso de mi país, yo describo vidas como esta.
Ella es graduada del Instituto Superior Pedagógico, su especialidad en Defectología la ha llevado a varios centros laborales, desde educativos hasta policlínicos y otras áreas de Salud. ES casada y tiene dos hijas. Cada día después de preparar la merienda de los retoños, a las cinco de la madrugada, sale a la Carretera Central para ver si, con buena suerte, no se rompió la guagua del trabajo. Casi dos horas de camino y cuando llegan se concentra en sus nueve alumnos con discapacidad. Es primera vez que me cuenta su historia y hace más de treinta años, somos amigas. Hay personas que trabajan silenciosas, construyen y rearman. Forman un andamiaje que nadie ve...
 
 
Cuando llego aún es temprano, espero a las ocho que se forma a los muchachos y se les da matutino, luego a las aulas y comienzan las clases. Tengo una auxiliar que por estos meses sólo va martes y jueves porque está en un curso. Lunes, miércoles y viernes estoy sola las ocho horas con los muchachos. Tengo nueve niños. Una de ellos (M) diabética y con miles de enfermedades más, va constantemente al baño y muchas veces no le da tiempo a llegar, entonces hay que bañarla y vestirla, lavarle la ropa que ensució y retomar la clase. Otro es J, niño súper inquieto que imita a una ambulancia, pero no es su culpa. Otro en adaptación es A, ese sí se las trae, sale del aula, pega, tira las cosas, no entiende nada. S tiene 24 años, pero coeficiente intelectual de tres. No comprende nada, no hace ninguna actividad, cuando la llevas al baño no orina, cuando llega al aula, entonces micciona en su ropa, se ríe, se tira al piso grita pin... pin... pin... (la palabrota, tres veces), no hay quien la levante del piso, se vuelve a orinar allí. J es un joven con autismo, habla constantemente, grita, se levanta a caminar, no trabaja en clases. L es único, cuando no está la Auxiliar, me ayuda a repartir la merienda, a preparar las mesas, a traer agua a los niños, a llevarlos al baño, lo entiende todo pero no habla, me dice "Añí". Sufrió de un virus en el cunero al nacer que lo dejó en coma varios días y sobrevivió, pero quedó así, con una discapacidad intelectual severa, es muy cariñoso. Los demás: D, R y Y no dan mucho trabajo (digo mucho, no que no den). Como te conté son muy dependientes. Tengo que llevarlos al baño, al comedor, a todas partes. Le doy agua a uno, luego al otro, cuando me viro, ya está él otro pidiendo otra cosa y así. Muchas veces no hay maestro en otra aula, entonces a repartir los muchachos, te tocan dos o tres más trabajosos que los tuyos.Al terminar el día no me siento los pies, estoy agotada.
De mi trabajo no se puede salir una vez que entras. Si lo necesitas, te apuntan en la puerta, te llaman la atención y te descuentan al final de mes ese tiempo que estuviste fuera. Con mis niños no puedo perder ni un minuto, dependen totalmente de mí.
Ese es mi día, mi herma, sin contarte cuando me toca guardia del comedor, o guardia administrativa hasta las siete de la noche. Te lo juro que diario no me siento los pies, me dicen que allá afuera esto se paga muy bien, pero tú sabes que yo soy como el marabú y tengo espinas y mis raíces, yo soy de aquí. Tengo propuestas de cambios para Educación, pero tú sabes que allá no tengo internet, ojalá podamos hacer algo y no perder comunicación.
Y yo hoy debía escribir otras cosas, tenía asuntos por resolver, pero quien escribió esta carta, creció conmigo. No se dedica a descalificar, no farbulla en los rincones. No chismorrea, no gana premios y su salario apenas le da, pero reconoce la incidencia de su apoyo en quienes tienen a sus hijos con características especiales y se entrega con una paciencia misericordiosa. No es famosa y vive allá.
 
 

3 ¿Qué me cuentas?:

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