06 noviembre, 2015

Milan Kundera

Le dijo que el amor era un sentimiento contra natura, que condenaba a dos desconocidos a una dependencia mezquina e insalubre, tanto más efímera cuanto más intensa
Del amor y otros demonios. Gabriel García Márquez


Milan Kundera consigue poner en duda a la pareja perfecta. Es su novela, La identidad.


Los monólogos interiores cuestionan al otro y se excusan en el ego, bellaco, acusador.

-No- dijo Jean-Marc, y luego, para sí, en silencio- ¿Por qué no quieres comprender que me importa un comino el espejo que me ofreces?

La novela sigue las pisadas de una pareja común. Ambos se buscan, mientras se desconocen. ¿Es esa extrañeza la que alimenta, en verdad, el nosotros? Después de las fórmulas aplicables al amor queda un tú ¿y yo? O seguimos abismados en la utópica versión de yo soy tú.

Un hombre y una mujer cenan, duermen, pasean como juntos. Simulan reconocer al otro, saberle, saborearle, poseerle. Pero no somos sólo un manjar, en carne y huesos dispuestos...

(…) Jean Marc, quien un día(…) le había dicho: Me gustaría participar contigo en alguna juerga, pero con una condición: en el momento del goce cada uno de los participantes se convertirá en un animal, uno en cordero, el otro en vaca, el otro en cabra, de tal manera que al orgía dionisíaca se convierta en una pastoral en la que quedaríamos solos, rodeados de animales, como un pastor y una pastora.

Chantal y Jean Marc se convierten en ustorios. Sus imágenes ardiendo, ajenas, consiguen confundirles la identidad. Buscando ser pastores de sus aprehensiones, se convierten en ovejas, que fustigan los demonios.

Kundera nos expone. Es una novela bofetada. Despertamos:


¿Acaso no es el conformismo ese gran punto de encuentro al que todos convergen, en el que la vida es más densa?

1 ¿Qué me cuentas?:

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