Mostrando entradas con la etiqueta Lecturas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lecturas. Mostrar todas las entradas

12 noviembre, 2015

Leer el mundo

Visiones de escritores. Fernando Salvater en Figuraciones mías:
Las profecías innovadoras de Julio Verne o el propio H.G.Wells no nos transportan ya imaginativamente hacia el futuro sino que ahora tienen el encanto nostálgico de aquellos tiempos en que lo supuestamente imposible era todavía imposible de verdad y no una rama de las ofertas otoño/invierno de los grandes almacenes.
Tal como decía el viejo chiste que le habría ocurrido de haber vivido en España o México, Franz Kafka se ha vuelto ya en todas partes un escritor costumbrista. Sin embargo, el encanto literario de lo fantástico sobrevive a su cumplimiento tecnológico: aunque hoy ya el submarino sea un vehículo tan prosaico como el autobús, el Nautilius sigue siendo el libertario enigma de los mares.

Y yo, humilde lectora, sigo el camino donde hay muuuuuuuuuuuuucho por leer….
Imagen: 
http://enbuscadelcuentoperdido.blogspot.com.es/2013/04/150-fernando-savater.html?_escaped_fragment_

09 octubre, 2013

DE Kundera, Eliseo Alberto, Manuel Rivas y otros amarres

Estoy segura que la vida es como una cuerda de marinero.
Leí  una entrada cautivadora en Los pasadizos del Loser  http://juanherrezuelo.blogspot.mx/2013/09/anti-palabra.html  del escritor Juan Herrezuelo y volví a la novela  La insoportable levedad del ser, allá en Tarará. Debajo de la escalera .  Al pie de la playa, en el albergue. Aislada como quedaría después de algunos años, cuando alguien decidió declararme desertora, para armar el nudo marinero que trasformó mi rumbo. Fue un chisme, víctima de alguien ansioso por vender  su alma y merecer un puesto. Por estas lecturas de vida he visto el filme La vida de los Otros.
Un oficial de la Stasi, policía secreta alemana del régimen comunista de la RDA, espía a una pareja de artistas: escritor él. Actriz, ella. No eran pasto para vigilias pero alguien interesado en la carne de la mujer, necesita enlodar al hombre y el escritor es arrastrado,  estimulado a hacer algo en lo que jamás pensó. Una película soberbia que permite ver a un actor como Ulrich Mühe

dando cátedra de cuáles son los matices cuando se habla de villanías. Perpetuos, sus ojos  miran dulcísimos desde las últimas fotografías. Murió en el 2007.
 Milan Kundera me devuelve  a  proa. En estos días cierro un ciclo de lecturas sobre críticas cubanas y poesía, cruzando de un mástil al otro, encuentro un texto de Eliseo Alberto Diego, quien reseña un informe redactado por la policía comunista checolosvaca donde se documenta una delación hecha por Milan Kundera, el 14 de marzo de 1950:
Hoy, hacia las 16:00 un estudiante, Milan Kundera, nacido el 1 de abril de 1929 en Brno (…) se presentó en este departamento para informar que una estudiante (Iva Militka) debe reunirse al anochecer con un tal Miroslav Dvoracek. Este último al parecer desertó del servicio militar y estuvo en la primavera del año pasado en Alemania, donde entró ilegalmente.
Escribe Eliseo Alberto: Miroslav Dvoracek era un joven activista opositor al régimen comunista, piloto aviador. Acababa de escapar del ejército y en un abrir y cerrar de ojos sería acusado de cooperar con los servicios de espionaje de Estados Unidos (…) Cumplió catorce años de condena en un campo de trabajos forzados en una mina de uranio.
Eliseo Alberto Diego debió saber muy bien de qué hablaba, porque él, a su vez, escribió Informe contra mí mismo, un libro que reseñaba la colaboración que prestó para delatar, describir y narrar todo lo que se hacía en el seno de su familia. Aquellas magníficas tertulias literarias  a las que asistían muchos artistas y escritores cubanos, después del triunfo revolucionario.
En fin, que esta ha sido una semana de nudos marineros y voy tratando de desenredarlos mientras se forma otro, doloroso, áspero: con la lectura de Manuel Rivas y La lengua de las mariposas:
Cuando los camiones arrancaron, cargados de presos, yo fui uno de los niños que corrieron detrás, tirando piedras. Buscaba con desesperación el rostro del maestro para llamarle traidor y criminal. Pero el convoy era ya una nube de polvo a lo lejos y yo, en el medio de la Alameda, con los puños cerrados, solo fui capaz de murmurar con rabia: ¡Sapo!¡Tilonorrinco!¡Iris!
Amarro mis estrobos, cada quien tiene una proa hacia algún lugar. En este mar de todos puedes ayustar un destino. El fin pueden ser las alas o las lenguas.
Puentes de lectura:
Manuel Rivas ¿Qué me quieres, amor?
Eliseo Alberto La vida alcanza

24 junio, 2013

Hay mitos que nadie ha fabulado

(…) el peso de los muertos célebres pudo más que el peso de los anónimos vivos. Nunca fui primera dama.  Wendy Guerra. Bruguera

Nadia Guerra, con el micrófono abierto se cuestiona la estatura real de los héroes, los cimientos de sus pedestales. Nuestra genuflexión que nunca cuestionó vasta pureza.
Carlos Puebla, Pablo Milanés, Donato Poveda, Barbarito Diez, Celeste Mendoza, en su espacio radial, sonidos que nos despertaban, echaban de la cama, empujaban a la escuela. Melodías de una isla que se creyó pintada.
Una hora con nadie, es el nuevo programa, después. Porque Nadia ha sido expulsada de la radio, no le ha dicho al pueblo, “cosas pensadas”. Wendy Guerra escribió Nunca fui primera dama, novela urdimbre y uno allí se reconoce hiedra. La esculqué buscando la preexistencia de su madre, Albis Torres. Leí algo de su poesía en Álbum de poetisas cubanas y me pareció una fabuladora inscrita en otro mundo.

Hay mitos que nadie ha fabulado,
Mitos como universos que habitan
Los seres más humildes.
El mío son las olas y un hombre
Que las vio diligentes hacer y deshacer,
El paisaje lunar de las Galápagos.
Y un hombre que no cruzó el océano
E imaginó, mil veces veinte, un viaje sin riberas.

Pero Nadia nos lleva más allá de las raíces y las hojas, entre diarios, cajas negras y libros forrados. El entrepaño de un librero oculta lo innombrable y los habitantes de una isla son los verdaderos héroes, los mártires de lo cotidiano.  Aprecio como leit motiv: el martirio. Martiriza buscarse y no encontrarse. Martiriza una vida hecha a otra medida, a fuerza en tallas igualadas. Martirizan los recuerdos. Martirizan las ausencias y los fantasmas. Martirizan lo callado y la consigna a gritos. Martirizan el deseo y la ausencia de ganas. Reconoce la autora, el dolor que infringe la lejanía y aprecia el cotidiano látigo de quien se queda urdiendo el tejido. Abonando enredaderas.
Estaba sola, y decidí usar mi tiempo pintándolo todo; con la ausencia de ellos la casa estaría perdida.

Cuba es una isla en las cabezas. Cada uno se inventa un espejismo. Las lenguas gritan, se acallan, se enrollan, martirizadas y fingen cuerdas de ahorcados.  Chiringas. Banderas de náufragos y esta novela (no publicada en la isla) sabe nadar. ¿Por qué no puede leerse adentro? No lo sé. Celia Sánchez Manduley, come con el plato en la mano, hace vitales bendiciones, fuma sentada en la escalera. Levita el Che, ante una joven desnuda. Se describe a Fidel, en entrevista con periodista argentino y la autora contrapuntea, pone en boca de su madre un discurso que parece escrito por alguno de nuestros abuelos. Wendy Guerra sabe andar la Habana, como sabe todo el que vive y sale para regresar. Creando adentro, eres más que la suma de sus partes. Y los personajes principales, mujeres todas llevan la maldición de una isla sentada en la cabeza. Isla verde oscuro. Isla negra. Isla Ibeyes, ella y él. En ese juego de ambivalencias no tienen reposo las voces de quien murió o se fue.

Busco en esta novela jirones de mi generación y encuentro. Veo a las mujeres que nos antecedieron, las madres, las iguales  a los hombres, las descreídas, las guerrilleras, las liberales, las del redil, un camino de contrastes, en el que nos formamos todas. Las historias de sus vidas conforman la verdadera raíz de la historia nacional. Esas vértebras de carne y sangre, aparentemente, sumidas en el silencio de los horcones, le dan alas a cada isla personal. Muestran que el país no está allá donde se entregan las olas. Uno se inventa un país a la medida. Cada quien lo edulcora o lo envenena según la dosis de locura y Wendy Guerra consigue una excelente sombrilla, como la conocimos, para vadear la lluvia de omniausencias.

Mi país es ese instante único que ahora mismo
Sucede en todas partes. Orillas de la tierra,
Lugares a los que no sé ir ni puedo
Y llego sin embargo.

Albis Torres Ob. cit., p. 21.

Álbum de poetisas cubanas, Editorial Letras Cubanas, 1997

20 mayo, 2013

Preludio a las eras imaginarias

Por eso, busco en la lectura artilugios para romper la máscara impasible...Comparto un fragmento  de Preludio a las eras imaginarias de José Lezama Lima.
"Cualquiera de los asombros que el hombre se niega a aceptar es inferior al del unicornio que bebe en una fuente. Un árbol en el desierto es menos asombroso que el hombre por los arrabales, bajo la lluvia, cubriéndose con un periódico. Todo lo acepta el hombre, menos que es un asombro, un monstruo que lanza preguntas sin respuestas.
 
 Se asombra del incondicionado de la divinidad, pero se niega a aceptar que él es un incondicionado igualmente asombroso. Encuentra en los desarrollos que le rodean un signo causal, pero si se le obliga a creer que él forma parte de esa causalidad mientras duerme, enmudece. La batalla que se libra en su sueño entre el uno y el árbol, lo adormece tan solo para el asombro, pues cree cerrarse en el sueño. El mundo del unicornio bebiendo agua en la fuente tiene su aceptación, pero el hombre se niega a aceptar que él continúa, que él prolonga un incondicionado, que Dios tiene que contestar, o volver a preguntar, para engendrarlo de nuevo en la causalidad misteriosa. No invisible como en la metamorfosis de los griegos, sino en la transparencia, en el fulgor, en que el hombre toma el relámpago de lo incondicionado.
Escultura de Charlotte Yazbek

07 mayo, 2013

Rapsodia Gourmet l

Toda mi vida he tenido una relación complicada con los alimentos. Por eso aprecio mucho, las comidas compartidas y el paladar perezoso entregado más a la charla que a la degustación. Muriel Barbery en Rapsodia Gourmet, así lo describe.
Toda la vida no lo es más que por la ósmosis de la palabra y porque la primera envuelve a la segunda en su traje de fiesta. Así, casi a mi pesar, las palabras de los amigos improvisados, que nimbaron el almuerzo con una gracia inédita, constituyeron la sustancia de mi festín, y lo que aprecié con tanta alegría fue el verbo y no las viandas.
 

02 mayo, 2013

Libros

"Mis hermanos mayores, cuando yo era pequeño me llevaron a la biblioteca y de ese modo transformaron mi vida. Al cabo de un tiempo encontré allí mi propio camino, y nací dos veces".
Harold Bloom
Un lector experto nace muchas veces, con placer y dolor. Aquella biblioteca de mi escuela primaria quedaba a un kilómetro de casa. El sol de Cuba repasaba mi espalda en el trayecto hasta aquel recinto que dicen fue el albergue de la servidumbre de un dentista. Mi primera visita a la Capilla Alfonsina en México, me llevó a saborear recuerdos cuando leí: Todo el cielo era de añil. Toda la casa, de oro. ¡Cuánto sol se me metía por los ojos!
Solas, la bibliotecaria pecosa, blanca como un fantasma y yo. Solas con aquel mar de libros, navegantes, corsarios y piratas de mis desvelos. Los libros me hablaban al oído con las voces empapeladas de sus habitantes. Tantos libros escalè en aquellos primeros tomos de mi infancia, que crecí distinta a mis amigas, rara para mis compañeros de escuela, diferente y absorta para los varones.
Ya crecida, me sumergí en las letras. En el universo de  jóvenes debí mantenerme a flote y fueron tiempos de lecturas furtivas, autores proscritos y después de la carrera, los escritores famosos mencionaban nombres, novelas, citas y títulos personales conformadores de cada barco personal, de cada salvavidas y yo sentía culpa de no haber soportado aquel camino a Swann. Sentía ganas de retornar a la lectura de aquel francés tan elogiado, hasta con el poema ruso me quería volver a ver; sin embargo, he aprendido que un lector autónomo puede gritar Tierra, donde le venga en ganas...
"Tira mi libro; piensa que ahí sólo hay una de las mil posturas posibles frente a la vida. Busca la tuya." Andre Gide
Ahora leo, sólo aquellos libros puentes que me confrontan o me incitan a seguir. He descubierto en librerías best sellers insoportables para naufragar. He comprado libros de esos que andan allá en el fondo, en perpetua oscuridad y por eso mismo, con luz propia. De vez en cuando me encuentro con alguno de esos con citas en la solapa, con títulos o nombres "que no puedes dejar de leer" y sonrío, amable y acepto mis remos personales, mi libre albedrío y paso ajena al encanto de libros, lectores o mercadotecnia sirenas.
En cada Taller de Lectura, en cada espectáculo hoy intento transmitir esa libertad única del buen lector. No se lee en las primarias porque el remo no tiene un ritmo personal. Hay títulos obligados, autores endilgados, temas pensados por encargo y sigo con el sol a mis espaldas "como perrito faldero". Sé que si abro un libro, puedo prescindir de los vigías, porque la lectura tiene voluntad generosa y carece de grilletes

23 enero, 2013

La soledad de las vocales

Crecen autores que me animan a escribir, leerlos es como mirarse a un espejo. Escuchar-se leyendo-les.

“cuando nos separamos me pareció que lloraba, tal vez se compadecía de mí”…
José María Pérez Álvarez clavó un libro en mi ventana y debí salir al jardín para obligarlo a mostrarme las razones,ocultas,  de su lomo: “siempre se muere en una patria que ya no existe”…
Juré sobre La soledad de las vocales y le dije que muchas mujeres como yo subían a los autobuses y como cualquiera sabían que la felicidad no se encuentra al viajar, pero una mancha de humedad en el techo semeja un paraíso en la vida de uno. Los Ajenos torturados por sus individuales exilios  agonizan y parecen gorgojear en un coro mayor. Mientras tú, en silencio, aprendes a bucear en  las voces del pasado. El alarido del sueño en fuga, el calendario dando aldabonazos y uno ausente como las ciudades sin identidad. Uno hecho un lío porque no puede describir algún jirón personal.  El escritor me deja vomitar las frases, me atraganto narrataria y le agradezco que haya construido una pensión donde encarceló varios silencios. “La mancha de humedad en el techo, se parece a la isla de Jamaica”, me escribe en la palma de la mano y yo qué sé. Si ando buscándole símiles a cada grieta en el camino y veo un costado de mi isla en todas partes. Lee, el escritor, me zarandea:(…) “todo se extingue, las vocales y las consonantes agonizan de soledad en los letreros de neón como dientes que se les caen las palabras...”
Remiendo la sonrisa de mi sombra y digo: no quiero ser una de esas “mujeres que pasaban de largo”, pero él no mitiga desconsuelos . Lee, con voz que huele a las muchas bebidas con las que suelta la lengua su personaje “me aburren las personas que recuerdan el ayer irrectificable con la nostalgia de los tiempos mejores, de los buenos tiempos y olvidan que tuvieron que emigrar, que tragar miseria”…
Y como no bebo, levanto mi borrador. Despido al escritor que se va a horcajadas sobre el libro, rápido como un chasquido. Después de este empujón voy a escribir una novela de retazos porque La soledad de las vocales ha grabado en mis hombros una parvada de fantasmas. Voy a escribir  con el estómago vacío, con el hambre entrenada y el guiño de las sombras, sólo así, podré darle voz a  los silencios que me cargo.
 
La soledad de las vocales. lll Premio Bruguera de Novela.

18 noviembre, 2012

La ladrona de libros


"Gente como ésta existió de verdad", asegura Zusak, a quien han acompañado "desde niño" las "increíbles" historias de sus padres, que vivieron su infancia en la Alemania de la Segunda Guerra Mundial y que han inspirado en parte los personajes del libro. Agencia EFE
La muerte le habla al lector, le mira a los ojos y sin miramientos le dice: Cuando llegue el momento te encontraré tumbado (pocas veces encuentro a la gente de pie) y tendrás el cuerpo rígido. Esto tal vez te sorprenda: un grito dejará su rastro en el aire. Después, solo oiré mi propia respiración, y el olor, y mis pasos.
En La ladrona de libros, novela del australiano Markus Zusak, la muerte habla de frente y uno llega a encariñarse con quien se dice no es violenta, ni perversa, ni fanfarrona. Y una muerte que no se presume de serlo, nos lleva de la mano por la historia de Liesel Meminger,  porque esta niña vive  la orfandad y el pedazo de vida de pocos alemanes que no seguían como corderos a Hitler. Y la vemos crecer.  Camilo José Cela apuntaba: “sin memoria, la historia sería como un pájaro ciego volando dentro de una habitación”.
El tema parece inalcanzable, es vasto el territorio del dolor, pero Liesel se salva, se levanta a través de las palabras. Roba libros para sobrevivir, va descubriendo el universo de las oraciones: “He odiado las palabras y las he amado y espero haber estado a su altura”.
Desde El diario de Ana Frank no leía algo tan conmovedor, pero a diferencia de un libro testimonial, en La ladrona de libros prevalece el guiño, el humor, la vida y la muerte como un todo entrelazado en lo cotidiano. El autor da pequeños adelantos en cada capítulo, nos incita a querer leer cada travesura  en la vida de Liesel, vida que se cruza con la muerte casi a diario. Muerte que no queda callada y se acepta: “A veces me mata ver cómo muere la gente”.
ES La ladrona de libros un entrenamiento. Hay que hacer fisiculturismo con la sensibilidad, con la memoria. En el pulso de tu brazo coloca este libro. Sopesa imágenes como esta: Incluso las arrugas de los ojos tenían las manos entrelazadas.  Y sé cómplice de la lectura en el sótano, para acallar los miedos durante los bombardeos. Observa al judío mientras escribe e ilustra El árbol de las palabras. Pero sobre todo, si no lo quieres leer regala un trozo de vida a otros, porque este libro es un suspiro alentador, nunca la muerte se vistió tan hermosa de palabras:
Lo cierto es que durante los años que duró la hegemonía de Hitler, nadie logró servir al Führer con mayor lealtad que yo. El corazón de los humanos no es como el mío. El de los humanos es una línea, mientras que el mío es un círculo y poseo la infinita habilidad de estar en el lugar apropiado en el momento oportuno. La consecuencia es que siempre encuentro humanos en su mejor y en su peor momento. Veo su fealdad y su belleza y me pregunto cómo ambas pueden ser lo mismo. Sin embargo, tienen algo que les envidio: al menos los humanos tienen el buen juicio de morir.
 

08 octubre, 2012

La posibilidad de una isla

Odiseo vuelve y espera. Espera y reconquista porque para volver sobre las huellas propias no es suficiente la memoria.  Necesita recobrar-se. Michel Houellebecq en su novela La posibilidad de una isla describe esos retornos,  pero encaminados hacia las miserias del ego.
“Esto se construye fuera de este libro; quiero que se construya así, en silencio”.
No es un libro de voces acalladas, sin embargo me recuerdan una frase que leí hace muy poco: (…) he descubierto que los destinos apestosos, resultan, además, uniformemente apestosos”. La confluencia de varias voces artificiosas, estridentes algunas; en titubeo, otras, conforman una novela sobre varios que intentan ser Odiseos. Daniel,  “una especie de Zaratrusta de las clases medias”,  asienta una carrera como  cómico “amargo” y libertino. Se divorcia y es incapaz de recordar el rostro de su ex, ni perdona al hijo común, un suicida, a quien llama idiota. Daniel goza del sexo y se reconquista en el vacío de cada mujer, pero cuando el deseo lo entrampa y sus casi cincuenta lo avasallan, entonces: “pedí unas salchichas asquerosas bañadas en una salsa grasa, que acompañé con varias cervezas; sentía que mi estomago se hinchaba, que se llenaba de mierda, y se me pasó por la cabeza la idea de acelerar el proceso de destrucción, de convertirme en un viejo repugnante y obeso”. Y no es su único trayecto.
Los críticos escriben sobre esta novela sin cuerda. Con sus perros al pie del escritorio, se miran en ella y tienen miedo. Houellebecq no mueve la col, no se rinde. Sabe escribir hacia quién van dirigidas las verdaderas caricias de Daniel. Pinta soledades. Las reseñas intentan ser únicas como Fox…
 
Incluso Houellebecq los confunde, en los raros oasis de la ciencia ficción, esboza clonaciones y esperanzas; algunos respingan enojados quieren más del ácido, más pesadilla, más de la apestosa realidad.  Nuestra vida se refleja en el silencio de islas míseras, interiores,  predestinadas como Isabelle, la primera amante, en pérdida natural de su encanto exterior: “La vida empieza a los cincuenta años, es cierto, con la salvedad de que termina a los cuarenta”.  Y la inmisericorde Esther de 23 años que va por el mundo sin bragas, porque la vida ha de cogerse con ligereza, entre las piernas. Ella es bellísima y habla poco, lo enrosca hasta pedir piedad. Los críticos han visto mueca donde carcajada.
Bien asegura Daniel: “Como el revolucionario, el humorista asume la brutalidad del mundo y le responde con mayor brutalidad”.
La propia apatía,  el ojo torvo sobre el hombro, la política, la manipuladora publicidad, temas que rectan entre los personajes y la creación de una secta es otra ilusión. Secta no de la luz, aquí la iluminación viene por el deseo, las orgías, la posesión del cuerpo del otro como viniendo por ti, por el camino de la sanación, la inmortalidad te espera en el gozo perpetuado. Daniel mantiene el ego en su isla.
No volveré a leer ninguna novela de este autor.  Dada la imposibilidad de una isla; apenas contamos con un islote como un infierno consentido. Pueden regresar mil Daniel sobre las huellas del primero. Es imposible reconquistar como Odiseo, nadie puede ser él si regresa a la Nada. Nosotros ausentes de empatía o sensibilidad respiramos como Daniel 25, con la ausencia del mar. “La felicidad no era un horizonte posible”.
Me niego a volver sobre Houellebecq. Los escritores como él, describen el acíbar, ríen solos y contagian. Prefiero confiar en la posibilidad de otra isla, la metáfora de la Gran Desecación que afecta Lanzarote no es tal;  deseo colgarme de Vincent como un pendiente, personaje con vida y propósito:
"no puedo asumir la brutalidad del mundo, sencillamente no lo consigo”
 
 

04 junio, 2012

Tres lindas cubanas


Yo iba por un libro de Abilio Estévez,  regresé con Tres lindas cubanas.  Debí conocer a Gonzalo Celorio en el 1993 y se me fue la voz. Muda y con una libreta, le pedí a alguien cancelar la cita y al cabo de tantos años, la pude tener y él no lo sabe. He entrado en el libro y se ha levantado polvo y salitre.  He seguido una hilera de papas .
Tres lindas cubanas es una historia tallada en  tezontle y adoquín de la Habana Vieja, Celorio se dice mitad cubano, tiene que serlo.  Por sus páginas hablan las voces de sus abuelos, de sus tías, su voz es un eco que le da nombre a la sangre y la identidad. Lezama, Carpentier, Nicolás Guillén, César López, Cabrera Infante, Senel Paz, Leonardo Padura,  Barbarito Diez, Juana Bacallao. Muchos con la Habana adentro y la Burke cantando sus ceborucos. Es un libro de piedras:
“El pasado es un inmenso pedregal que a muchos les gustaría recorrer como si de una autopista se tratara, mientras otros, pacientemente, van de piedra en piedra y las levantan, porque necesitan saber qué hay debajo de ellas”. (1)
Escala el recuerdo y las etapas. Esos tajos en Cuba, que son imprevisibles y eternos. El periodo especial nombrado y dibujado con muchas metáforas, el autor lo vive también porque un tío: Juan Balagueró, que era capaz de comerse un buey a fuerza de pan, como El mismo decía en sus buenos tiempos, se había comido las cáscaras de las naranjas por la sencilla razón del hambre. Se las había comido crudas, poco a poco, masticándolas con empeño de roedor, haciendo caso omiso de su sabor amargo y de su consistencia correosa. Y es que el jugo que se había bebido esa mañana dominguera sólo era el espíritu, el recuerdo de las naranjas de otros tiempos y lo que él tenía no era nostalgia; era hambre.
En cada página está una realidad que me llama. Anécdotas personales mezclan la espada, la paloma, el ojo. He aspirado el olor del mar bailando sobre el malecón, cubriendo los rayos de la bicicleta, ahogando la esperanza de llegar, secos, a medias. He tocado los tabacos de mi abuelo y he leído veinte veces El lobo, el bosque y el hombre nuevo.  He caminado por la Calzada de Jesús del Monte porque los Diego deben andar por allí, en algún libro. He tocado la puerta del Hotel Riviera porque hay que  acariciar el piano, hay que sacar esa tonada que nos quite la abulia, que le prenda una vela a la noche tan ensimismada,  pero: “ El guardia dice que sólo tiene un violín y con un gesto instrumental le mienta la madre al suplicante”.(2)
La saga familiar va entretejiendo una enredadera, desde Asturias y crece en la Habana, se extiende a México,  sigue a Estados Unidos donde se nos acaba la tía Rosita, bella y sola. Novela de muertes también, el entierro de las casas, de las costumbres, de Ana María, tía  instrusa en su propio hogar, de los primos que se aman. Y la tercera linda cubana: Virginia, la madre.  Sólo se salvan algunas tradiciones familiares y los recuerdos porque tratar de cortar  la raíz de uno es morirse un poco:


Así me imaginaba el exilio, áspero como una barba de tres días, espeso como un abrigo grande, agujereado como unos zapatos viejos, insondable como una bolsa negra”. (3)

Citas:
(1) El viaje del elefante. José Saramago. Alfaguara
(2) (3)Tres lindas cubanas. Gonzalo Celorio. Maxi TusQuets


16 mayo, 2012

Contrapunteo

La gente se muere dondequiera. Los problemas humanos son iguales en todas partes.
                                                                                              Juan Rulfo

A la espera de una intervención definitoria, en el Hospital Cardiovascular de la Habana, acompañaba a mi padre y para quitarle el miedo a la realidad de que le atravesarían el muslo para llegarle al corazón, le contaba El gallo de Oro de Juan Rulfo.

Papi, clavaba sus ojos grandes en mí y me parecía contarle a un niño. Terminamos la historia días después y hablamos de las dependencias y los apegos. Le dije que a través de la obra de  Juan Rulfo había descubierto por qué me daba miedo observarme en el espejo, por qué le temía a la mirada fija de quien me mira sin ver.

Por allá del 16 de mayo de 2017 estarán nombrando por todos lados a Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, hoy por esa convergencia desleal de los acontecimientos, el azar o el destino pocos le mencionan, porque ha muerto Carlos Fuentes.

Y regreso a aquel periodo en Cuba, en  que la Feria del Libro era un acontecimiento revitalizador para mí y compré una edición preciosa de El gallo de Oro, de Rulfo y Cristóbal Nonato, una novela de Carlos Fuentes:

"México es un país de hombres tristes y de niños alegres dijo Ángel mi padre (22 años) en el instante de crearme. Antes mi madre Ángeles (menos de 30 años) había suspirado: "Océano origen de los dioses." Pero pronto no habrá tiempo para la felicidad y todos serán tristes, niños y viejos juntos, continuó mi padre quitándose los espejuelos redondos, violetas, con aro de oro, muy Johnlenones. ¿Para qué quieres un hijo entonces?, volvió a suspirar mi madre."

 Hoy una anónima lectora como yo, les rinde el homenaje de la relectura y se sorprende ante  el vaticinio de un Cómala que emerge en poblados del Norte de este país y de un México que predijo Fuentes, a través de la historia del no nacido y de una vagina endentada… que todavía queda mucho por ver.

09 mayo, 2012

Murakami y el pasado que envuelve

Watanabe recuerda con nitidez aquel paseo de sus 18 años. Olores traídos por el viento de octubre, las nubes como coronas y Naoko.
Pero ahora tiene 37 sobre sí y piensa:
"La memoria es algo extraño (...) en aquella época a mí me importaba muy poco el paisaje. Pensaba en mí, pensaba en la hermosa mujer que caminaba a mi lado, pensaba en ella y en mí y luego volvía a pensar en mí".
Watanabe concibe una especie de limbo de la memoria. Todos quiséramos despejar la escenografía en el pasado individual, pero esto no es posible. Así como Watanabe carga con sus recuerdos vivos y sus muertos vamos construyendo un escenario con el andamiaje y la coraza esculpida desde el ego.
Tokio Blues es una novela que me desespera. En ese cautiverio de sus personajes, en la magia y lo onírico se trocan las rejas de mi interior. A Murakami lo leo, mientras la música transmuta en personaje, y el recuerdo danza envuelto en una sábana de humo. Humo embistiendo nube. Nube parece risa. Carcajada lloviendo entre ríos de agua y fango. El libro en sus manos, no hay paraguas para este goterío por caer.

27 enero, 2012

Escarceo

“Y más desagradable que decirle algo a un sordo es no comprender si la otra persona ha entendido lo que le decimos y quiere contestar algo”.

En el cuento Sin Palabras, el personaje del novelista Omiya Akifusa no volverá a decir una palabra, ni a escribirla. Padeció un derrame. Dentro de la historia, la hija del escritor cuenta una versión anticipada a la desgracia. El había publicado una novela cuyo personaje central era un muchacho enloquecido. Lo recluyeron en un manicomio, sin plumas, ni tinteros, ni lápices. Sólo contaba con papel de escribir. El muchacho que soñaba con ser escritor, pasaba el día frente a la cuartilla en blanco. En su delirio, creía escribir. Y la madre en cada visita “leía” aquella hoja nívea. Ella le cuenta al joven cada uno de sus recuerdos, desde la niñez. Donde él cree escucharse, su madre le va relatando una memoria familiar y confía en que el hijo sane.
El suicidio de Yasunari Kawabata, Premio Nobel de Literatura, nos recuerda el peso del silencio. Hay sensibilidades desconocidas y uno aprende con ellos sobre la lectura del mundo. Vienen otros con su facundia. Cada quien carga su leyenda personal, su altar de imaginerías. Cada uno diseña un territorio interpretativo donde cohabitan ángeles y demonios.
Yo tampoco escribo sobre mis cosas. Y creo que no podría hacerlo aunque me lo propusiera. Pero me parecería muy interesante seguir escribiendo a pesar de carecer de palabras y no sé si sentiría la alegría de preguntarme si lo allí escrito es propio, si ese soy yo, o si abandonaría el experimento como algo inhumano.
¿Tu verbo delata el personaje que interpretas? ¿En cuál baldosa personal se esconde la palabra cierta?
Propuesta de lectura: Primera nieve en el Monte Fuji de Yasunari Kawabata

06 octubre, 2011

Rapi Diego: vivos nuestros muertos


Hay una poesía escrita a grandes rasgos de luz y sombra, en jeroglíficos de nubes y árboles, que sólo pueden leer los Inocentes.
Eliseo Diego

Eliseo Alberto veneraba la labor de su hermano Constante Alejandro Diego García Marruz, le decía el Gallego, o Rapi. Cuando Rapi muere, también en México, también en domingo, Eliseo define, en humilde cubanía: Era un hombre del carajo.

Rapi era un contador de historias y reconocía como pocos ese nexo perfecto que amalgama la historia escrita, la Oralidad y la imaginación creadora. Los libros ilustrados para las primeras edades, van formando al lector activo. Rapi siempre mencionaba Alicia en el País de las Maravillas, dentro de sus imágenes iniciáticas. Esa primera ojeada se apoya en la experiencia, los referentes, el bestiario interno que conforma una historia personal.

Rapi no estudió pintura. Aprendió a ver rodeado del Jardín Botánico y el acervo literario, en la biblioteca de sus padres, le dio las herramientas.

En la revista Leer y Leer aparece una entrevista iluminadora, incluso la utilizo como manifiesto en cada Taller de Promotores de Lectura:

(…) el niño tiene esa enorme capacidad de imaginación, muy vasta y virgen. Por ejemplo, cuando leemos en La Bella Durmiente que todos se duermen en el castillo, la princesa, el rey, los criados y… “hasta la mosca se quedó dormida en la pared” (…) ese detalle de la mosca va de lo gigantesco a lo pequeño.*

Los padres y maestros debemos estimular ese aprecio por lo aparentemente insignificante. La escuela, ni el hogar deberían ser “ese lugar donde hasta las mesas se aburren”

Rapi, en su obra, nos invita a un universo sugestivo, una puerta festiva que nos llevará al otro lado del nosotros mismos. La esencia lúdica de la inocencia se concretó en las ilustraciones de Rapi Diego. Cuando los cubanos nos ocupemos de ese viaje interno, creativo, de retorno a la niñez, cuando morir en otra geografía nos obligue a dar vuelta a la página imposible, sólo entonces fijaremos la atención en hombres del carajo, detenidos ante la mosca dormida o absortos ante la ternura del elefante.

Sería bueno repasar la obra vida, de nuestros muertos. Una cultura se ahoga cuando sólo murmuramos ignorantes: “se acaba de morir un hombre ahí detrás”.

*Leer y Leer. Junio, julio y agosto de 1999, año 3. México



04 octubre, 2011

La anfisbaena triste de Rapi Diego


Conservo en uno de mis huacales el segundo ejemplar de La Hiena Triste. Órgano vital y enhiesto de la Sección de Humorismo de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, como lo describía su consejo editorial. Es del año 1986.
Formaba parte del Consejo de Dirección Rapi Diego, uno de los ilustradores de libros infantiles más originales de Cuba, también cineasta y amante del jazz y del blues.
Comparto en lectura expresiva, un cuento de Rapi, ilustrado también por él. La anfisbaena Triste, detrás de la aparente inocencia de este escrito he encontrado muchas claves, armonizan mi destino hoy. La principal no me he podido desprender ese dolor intenso que clava la muerte de una estirpe, aunque no es la muerte literal porque como las tardes lloradas por la anfisbaena, multiplicadas o eternizadas han de venir siempre esas lecturas, esos dibujos, aquellas frases que apuntalaron mi identidad.


La llaman anfisbaena porque tiene dos cabezas, Una cabeza se halla en el lugar adecuado, y la otra en la cola. Lucano escribe de ella: Alzándose sobre sus cabezas gemelas, llega peligrosa la Amphisbaena, y sus ojos brillan como lámparas. Bestiario Medieval. Edic. Ciruela. Acompaña al texto la reproducción de una miniatura del Bestiario de Oxford que incluyo como parte de mi ilustración.



La que yo conocí no presentaba la amenazante figura de dragón afaisarranado con que nos la presenta el Bestiario de Oxford, ni la peligrosa apariencia a la que se refiere Lucano, pero sí tenía y claramente apreciables, dos melancólicas cabezas, una en la cola y otra en el lugar adecuado, que respondía a algo pomposo nombre de arabella. (Lamentablemente nunca llegué a saber cómo se llamaba la cabeza de atrás) De modo que me pareció acertado considerarla como una especie casera de anfisbaena criolla.
Texto de Rapi Diego

Y para quienes andan buscando compartir lecturas y libros con sus niños, una sugerencia:
http://archivodeconnie.annaillustration.com/?p=495

22 septiembre, 2011

Malecón







DEspués del parquecillo, se abre a la vista el Malecón, con su muro que defiende de las ondas azules el ancho y elevado piso de cemento romano, por donde se entrecruza una satisfecha concurrencia, que aspira a plenos pulmones el aire iodado del mar, saludable y fresco (...)
Apóyase en el muro el público que curiosea a los que pasan y que a intervalos se entretienen en contemplar el rompimiento de las olas henchidas sobre las rocas puntiagudas, anegadas de irisada espuma efervescente.
Hace algunas tardes podía mirarse el sol cara a cara, mientras iba a hundirse el ocaso. Moría completamente rojo de vergüenza, porque toda la Habana lo había acusado de tirano, por el calor de agosto que se hizo reinar ese día del mes de febrero. Se envolvía el astro en un sudario escarlata.
 Enrique Hernández Miyares.  A la hora del crepúsculo. 1901

06 septiembre, 2011

Lo que dura...dura

 de Daniel Chavarría. Premio Ciudad de Palma "Camilo José Cela" de novela en Castellano 2004.
Varios moldes se rompen en esta novela que alterna el tema del priapismo con la historia de cuatro amigos, crecidos en el Cerro. Los jinetes del Apocalipsis, según ellos y cierto, se procuran el infierno o el paraíso como es: decisión personal, aquí y ahora.
Bayo, blanco, delincuente y bisexual. Un olvidado de sí. Una visión rompe la imagen paterna y el hilo casi recto de su destino en la niñez,  se convierte en una serpiente sibilante. Olvida su origen aristocrático, desecha las comodidades de su casa y erige un altar a la calle, a quien se entrega bestial. 
Bebo, médico rural, disfruta las limitaciones de su servicio en Cuchuflí Arriba, en Santiago. Su batalla personal: le falta un pie, usa una prótesis que muerde en las distancias pero en las lomas, el priapismo se esconde como un susto. ¿Llegará a descubrir la viagra cubana? ¿el sustituto del olvidado PPG?
Mon, mulato de IQ elevado y genio del ajedrez. el menos agraciado físicamente, más bien feísimo, pero hábil para tratar a las mujeres, termina casado con una japonesa lujuriosa a quien le excita verlo brincar. Ella es coreógrafa y él trabaja en el Instituto Nacional de Investigaciones Biomédicas, su historia es gris en comparación con el resto de los personajes, pero adorna bien la escenografía porque en Cuba el grupo de amigos siempre se caracteriza por el contraste, nunca por el racero de lo idéntico.
Por fin, Nitro, el dueño real de esta novela. La enrolla, la enamora, nos la muestra y se la lleva por los recovecos del solar. Bailador de guaguancó y soprano de sus coros yorubas, es abakuá. Entra a la cárcel con honor, aunque parezca un sinsentido y al salir visualiza la Habana con los ojos que de lejos se ve:
"Y entonces comprendió su tristeza: aquel Maceo ecuestre permanecería inmutable al paso de los siglos; idéntico a como él lo viera hacía ya unos 33 años(...) Pero él era ahora 33 años más viejo(...) La Habana queda y yo me voy"
Varios personajes hacen armonías en las historias paralelas y ayudan a contrastar ambientes distintos como el guajiro, ocurrente y jovial: "Jacinto se declaró satisfecho y más allá del bien y del mal. A los 73 años, un miembro que siempre sirviera con tanta esplendidez a las guajiras y alrededores se merecía la jubilación".
O victoria Casanova, la mulata que se entrega en cuerpo y sin alma al "señor de los dientes de oro" "sabía también que su padre comunista nunca le aprobaría la hechura de un santo, ni sus desguarnecidos bolsillos podrán solventar la onerosa ceremonia"
Pensé reirme de un escritor uruguayo que trató de ver a Cuba por el espejo retrovisor. Pero, la vio de frente, la caló. El vocabulario, la esencia de la familia y la variedad de las raíces que la conforman. La amistad y los códigos ocultos del barrio y el solar, dos túneles diferentes. Los nuevos Yarinis, las distintas versiones de la prostitución. El negro y blanco de raza, pero no idénticos en su interior. Daniel Chavarría aprecia la multiplicidad y se atreve a describir la violación del macho, la disfunción erectil. Le quita al macho cubano su leyenda personal, esa erección eterna presumida en mil versiones, hay que cercenarla, es la única solución.
Me incomodó cerrar el libro de pronto, sentí un tajo al final. Quizás fue la intención, dejar algunos asuntos al lector y  conseguir el desagrado que algunas historias de la calle nos han legado en su violenta realidad.
Y tendrá que escoger cada lector su encarnación de paraíso o infierno al alcance de una vida, que no hay destino que dure...dure ...

03 septiembre, 2011

No hay lectura sin resonancia

Cada lectura me lleva por distintos puentes. Algunos se dirigen hacia otros libros. Los más, a experiencias personales. No hay lectura sin resonancia...
Sobre Sentimiento de culpa, de Vicente Leñero

En la cafetería El Péndulo se encuentran Mónica y Gerardo Mendívil. Ella ha escrito un análisis negativo sobre la novela del escritor en ciernes, impidiendo la edición. El informe se ha gestado entre la fiebre del hijo, el agotamiento y el café amargo. El desconoce que ella ha escrito: Un hombre que asesina a su mujer, así sea "instintivamente" no puede actuar como un muchacho atribulado por una moral católica estrechísima que en nuestros tiempos resulta inverosímil. Mendívil se declara su fan. y despotrica contra el responsable del informe: Dice que no sé escribir, que estoy en pañales, que no tengo la menor idea de como se cuenta una historia.
Ella guarda silencio. Recibe elogios en cascada y acepta llevarse la novela, leerla , otra vez. Y en esa segunda mirada el texto florece.  A horcajadas sobre una tabla se imagina ella reescribiéndola, salvadora de aquel espantajo con fondo pero sin forma.
El segundo encuentro en El Péndulo descubre la verdad. Gerardo Mendívil sabe, ya sabía desde aquella primera vez que ella redactó el informe condenatorio. "La verdad es que no ho he leído nunca un libro tuyo". Pero reconoce un acercamiento a la verdad. "ahora que ya se me enfrió el coraje, reconozco que todo lo que dices en tu informe es cierto".
Se disculpa, mientras Mónica intenta decirle sobre su segundo análisis, la segunda ojeada, otra interpretación. Su propuesta. Pero él se disculpa, le pide perdón desde la mirada sincera de sus ojos verdes. Y ella queda sola, con su culpa ahorcando al Ego. Ese que nos destierra a la isla de nuestra estéril petulancia.

01 septiembre, 2011

Charlene

Gracias a Charlene, de en tierra firme. Ella escribió algo que me conmovió. Leo a continuación, pensando en mis abuelos. Confiada en que la familia consigue cerrar el ciclo como una serpiente que se muerde la cola. Abuelos y nietos regalando fantasías y confidencias.

18 junio, 2010

Saramago

Tengo una mala relación con la muerte, soy infantil con ella, quiero confiar en una ilusión de eternidades.
Se ha ido Saramago. Y no puedo contarlo, leo en voz alta: Desquite.
Con quienes vengan a compartir esta certeza mía: nadie se va por completo, nos cobijamos en las orejas de las cosas y los escritores siguen aquí, en la voz de la gente que los nombra.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...