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31 enero, 2014

Recovecos

Gracias a Brenda, siempre oportuna.....
Uno va de un lado a otro y parece no haber conexión. Repudiaba al grupo Café Tacuba. Sin embargo, cuando uno ha degustado lo mexicano,  aprecias y entiendes la música que sonoriza el mole. Es difícil la pulsación del chile en contubernio con el chocolate. Hacen rock alternativo, filosos, melosos, estridentes, amargos...
Después de la despedida al escritor José Emilio Pacheco han comentado:
 
"Desafortunadamente nunca tuvimos oportunidad de conocer a José Emilio personalmente. En varias ocasiones le enviamos saludos por medio de Cristina Pacheco (esposa del  escritor) y él nos hacía saber de su agradecimiento por la canción, pero era lo contrario, nos sentíamos agradecidos con él porque una novela tan fuerte y trascendente como es 'Las batallas en el desierto' nos inspiró", dijo Quique Rangel a The Associated Press, en una entrevista telefónica realizada el martes.
"Las batallas" fue incluida en el álbum debut con título homónimo de la agrupación y que fue lanzado al mercado discográfico en 1992, pero el tema es interpretado en vivo desde 1989, año en el que Quique Rangel y sus compañeros el vocalista Rubén Albarrán, el guitarrista Joselo Rangel y el tecladista Emmanuel del Real dieron vida a Café Tacvba.
 

 
"Cuando terminé de leer la novela, me quedó un sentimiento de idea inacabada de mi sensación respecto al libro, y fue cuando compuse esta canción para sugerirla al grupo, que en ese entonces construía ya los cimientos de lo que hoy se conoce como Café Tacvba", contó el músico.
"Las batallas en el desierto", publicada en 1981, presenta un México de finales de la década de 1940, gobernado por el presidente Miguel Alemán (1946-1952), que iba encaminándose a la modernidad y adoptando modas de otros lugares del mundo. Todo ello visto desde los ojos de Carlos, un niño enamorado de Mariana, la madre de su mejor amigo.
"El reconocimiento de la mexicanidad, y el significado de las personas que somos hoy en este país y en este tiempo, es definitivamente lo que me sedujo de la obra de Pacheco", explicó Rangel..."

Entrevista completa en http://sipse.com/entretenimiento/cafe-tacvba-jose-emilio-pacheco-batallas-desierto-73056.HTML

Y después  llega Fito Páez y Café Tacuba en esas sorpresas de la red. Presa en su tejido, caigo en aquel malecón donde Silvio, Pablo, Sara y Fito nos mostraban otra sintonía. Escritores y compositores van cantando olas laberintos...
 

 

06 septiembre, 2013

Quejumbre

Una característica del cubano es la quejumbre. Quejido monotemático en el arte, la escritura, el cine, conversaciones y cartas. El quejido llega disfrazado, también,  en el sudor, porque el calor de la isla siempre es motivo.
Hablaré de un pedazo de playa, Tropicoco, al pie del hotel Marazul. Llegas temprano y tumbonas y sombrillas quiebran el paisaje. Te plantas y caen de algún lado, los cobradores: Ay, no.
-Sí, dos cuc el camastro y dos cuc cuesta la sombrilla. Hasta las seis...


 
A las doce del mediodía se ha llenado el lugar. Un italiano se sienta a nuestro lado, parece prendado de la espuma. Conversa con mis niñas, en inglés. De pronto, un cangrejo desteñido sale de yo no sé y hablan del little y rápido animal. Ríe el italiano y nos pide cuidarle la ropa para meterse al mar. Dos policías, visitan cada sombrilla, saltaron de Oriente y cayeron acá:
- Cuiden sus pertenencias para evitar una situación- dicen, literal.
Hablo de que esto ocurrió un martes, al mediodía y con camastros llenos. Metros a la izquierda un extranjero colorado y gordo abraza a una blanca jinetera. Hay muchísimas sombrillas en pie y son los únicos extranjeros que diviso.
Alrededor de las tres llega una familia con una mesa armable, se enteran que si quieren sombrilla con mesa y sillas, cada silla les va a costar. Arman la mesa, les cobran dos camastros, se distribuyen y sacan una olla de presión, hielera, platos y botellas. No he oído ni un solo gemido. Vuelve el cobrador:
- Les recuerdo que recogemos esto a las 6.
El jueves regresamos al lugar, cerca de las cuatro de la tarde, está colmado.  Hay cuatro niños a la redonda y empieza a llover, muy fuerte. Mi madre dice que se hacen tornados y a juzgar por el corretaje todos piensan lo mismo. Escapan en dirección contraria al mar. Una familia se queda en el agua y mis hijas y yo jugamos bajo el aguacero a torear las olas, está exquisita la combinación. La playa casi desierta.
Cuando uno describe estas realidades saltan los que participan de la olla de grillos. ¡¿Tú sabes el esfuerzo que hace un cubano para ir al mar?!¿Tú sabes lo que es el sol prendido esperando una guagua? ¿Te imaginas ese salitre y la arena metida en la chancleta y hasta allá? ¡Merienda en mano! ¡Qué clase sol! ¡Qué calor!¡Qué oleaje hay!¡Hay piedras!¡Qué barbaridad!
Tendrá algún perverso propósito quejarse diario, por cada eventualidad. Sí, claro la conmiseración es un vehículo para mejorar egotistas economías y el que sabe escribir la queja, engorda el caldo aquí y allá. Hay un tono en lágrima perpetua, un afán de martirio, pero en el fondo, poco es verdad.
Antes de irnos, mi madre se quejó por la luz mortecina de la tarde. Mis niñas sonreían, gozosas, con las manos llenas de conchitas de mar.

 Cosas de Cuba... El cobrador, en la imagen,  sin identificación alguna. Si le preguntas te remite a un cartel allá a lo lejos, con las tarifas y te muestra el comprobante de pago. Puedes quedarte hasta las seis, pero si te vas la sombrilla y los camastros los cobran a otros y así doble o triple se los embolsillan. Quejarse, quejarse, caimán divino que se hace el muertico y se deja flotar...

29 agosto, 2013

Embarazo en la adolescencia


Yuridia es la rara de la familia. Tiene 20 años, estudia en la Universidad de la Habana y es virgen. Sus primas, de 15 y 17 respectivamente, ya tienen hijos. Dejaron de estudiar y le repitieron incansables, a la madre “No me lo voy a sacar, ni lo pienses” o “Tú encargas” como le dijo la de quince al novio, antes de que este pintara la última huella de su bicicleta en el portal. Hoy dos bebés miran el techo, gorgorean lo impredecible de sus suertes, mientras la abuela vende el café y se promociona de boca en boca, como costurera. No paga licencia y no alcanza tampoco para los pañales y la fórmula, de eso se encarga el tío que les manda dinero de Mia-mi.
Aixa y Yusimí, las primas quieren seguir su existencia sin trabas, por eso hay discusiones en la casa y los muchachos que las cortejan vienen y se van. Soy soltera, son mis sobrinos, se les escucha ante el cortejo y se aprietan en diminutos shorts sus caderas de recién paridas. Así parlotean y se ríen, engañan  a los incautos. Las primas no trabajan ni estudian y se burlan de Yuridia, la mojigata, la quién sabe qué.
En Cuba 53 de cada mil nacimientos ocurren antes de que la madre cumpla 18 años. La educación sexual los ilustra desde la secundaria, algunos padres les explican a los nueve o diez porque la actividad sexual está manifestándose con mayor precocidad. Sin madurez física, ni responsabilidad para enfrentar los cambios las madres y padres adolescentes ponen a las familias en una encrucijada. La interrupción  del embarazo, el aborto, la regularización  quizás dejaron de apreciarse como en los noventa, cuyo abuso parecía indicar eran entendidos como método anticonceptivo. Aunque por sospechas de embarazos se practican “regularización menstrual” un alto porcentaje de jovencitas, los ginecólogos lo indican cuando se presume hay pocas semanas de embarazo. La regularización es un método también doloroso física y sicológicamente, es un método de succión.
Yuridia comenta con su novio la filosofía de las primas. Una avanzada contra la madre, una presión egoista parece ejecutar una guerra sin cuartel. “Si no me cuidas al niño, me pongo a jinetear”. “Si no me cuidas la niña, me la llevo con el primero que venga y ya verás”. El chantaje emocional y el sexo como veleta las lleva en comparsas constantes y la música que siguen está marcada por el aburrimiento, la playa, el oleaje, el calor, de esas excusas manan sus irresponsables decisiones. La inmediatez de la urgencia entre las piernas, el vacío de sueños o proyectos, mil excusas que no eximen de echarse la vida al hombro.
Yuridia sabe que los pequeños de su familia crecerán con el afecto de la abuela y los eventuales tratos o maltratos de los “amigos” de sus madres. En algún momento,  la vida les pasará factura a las primas “normales”, cuando la falacia de la eterna juventud las confronte.

26 agosto, 2013

Muertecita de miedo

Las historias eternas frente a la historia de una vez del sol, las eternas historias de estas tierras paridoras de bufones y cotorras,     La isla en peso de Virgilio Piñera

 Centro Cultural Bertol Brecht, a teatro lleno,  Muertecita de miedo suena allá en lo remoto. ¿Dónde lo escuché?
La sala  dividida en butacas y sillas, a diez pesos. La pantalla blanca acompaña una cortina del mismo color y la música salsa presagia un espectáculo “popular”. Cuando los hermanos siameses toman la voz de Ernesto González,    el vocabulario astilla mis recuerdos eran otras las obras que allí presencié. Todos ríen, la grosería es gratis: “tengo que quitarme a mi hermano del lado porque mi hermano es gay. Tenemos el mismo c….”
Después se despoja de los siameses y se disfraza como Luis Carbonell. El declamador cubano tiene una honrosa imitación, solo que el poema se encabrita, se contextualiza en esta Habana paridora de bufones, la negra Tomasa ahora es la negra Blancanieves y sale a jinetear.
Cuando Carmen Yolanda  viste al actor, el público se acelera.  Los de mi lado se desordenan cuando ríen...como peleles alzan los brazos, patean la silla en mueca  colectiva. Me uno a la risotá. Descuidada  Carmen Yolanda, desgreñada y muy vulgar, pertenece a la Unión de Baños Públicos de Cuba, no limpia, pero agarra el teléfono de esa oficina y llama a “Miami”. Su hermana le ha enviado regalitos desde “allá”. “Aquí hay manzanas, lo que valen lo mismo que un DVD”, conversa Carmen Yolanda y pide ayuda, pero  no se le da. Pide un tratamiento para hemorroides, una operación, un médico allá. Hace chistes anticuados, pero resultan.
Detrás de la cortina blanca se queda la empleada y asoma el Teniente Gatillo Loco, es apoteósico.  Levanta un dedo, va pegado a su buró, a sus dogmas como Jefe de Custodio del Zoológico de 26. Y allá en la pantalla blanca se dejan ver los eternos venados. La música del Rey León enmascara las carcajadas y los murmullos: Es Raúl. Es él...
Levanta un dedo, Gatillo loco en ese silencio del monólogo dirige un dedo acusador: "Ríete, que la jaula está allá atrás”.
Cuando habla, las medidas tomadas por el gobierno cubano, son imágenes metafóricas: "Ya las jicoteas podrán vender libremente su carapacho. Alquilar libremente, su carapacho. Podrán tatuarse, en su carapacho Rent Room o Alquilo mi casa”.
El personaje dispara y da: “El cocodrilo quiere visitar a un primo caimán en la Florida, ya no tiene que salir ilegalmente. Pasar ilegalmente por ese “fanguero enemigo”. Se adelantó el Aquelarre y la risa  mueve con escobas la vivencia colectiva. Gatillo acentúa el tono, marca el ritmo cuando se refiere a las ilegalidades: “Que si al pavo le arrancaron una pluma del c… lo sabremos…”. Así en retahíla en ese tenor del ojo omnipresente del poder. Un ojo que la gente se inventa quizás clavado en la puerta, en el teléfono o en su maleta.  Ojos y oídos de quien se cree pavo, centro del mundo.
Cuando Gatillo desaparece el espectáculo está en su punto climático y llega un ventrílocuo, digno de cualquier cine de barrio.  Inútil. Más vulgar.
Jacqueline la Pandemia es el último personaje y recuerdo. Acá la hemos visto en un video casi viral. Algunos pensaron que era un travesti, común, en cualquier rincón de la Habana, pero con Jacqueline, el actor Ernesto González se mueve con fluidez, desaloja los músculos de su cintura, recorre la sala, femenino y cuenta de sus amores internacionales: el árabe, el italiano, el indio,  y el esquimal. Es una tragicomedia la Jacqueline. El novio español fue lo peor, porque quería poner en la Habana algo parecido a los toros de Pamplona y soltar un toro en la calle, niña, ¿tú sabes la cantidad de tiempo que nadie ve un bistec?
Y la crítica agita el mejunje en la olla de brujas, el suero de moringa, las monjas emergentes, en la canal.  Para esta hora río con todos, olvido que trabajos como este vi hace años, en lugares de Centro Habana. Espacios alternativos comprendían  límites entre lo artístico y lo popular. Tampoco vi bozales, ni policías. Al final Ernesto González, el Fonomímico sale sin peluca, entaconado, a despedirse. Fugaz, apenas un segundo para levantar el brazo en adiós por hoy. Este hombre llenó el teatro y se plantó. Un monólogo bien ejecutado, lleno de vulgaridades y simplezas. Un eco del Aquelarre.  Frases que nos ilustran en la despedida... Interrogante disparada por Gatillo, en la que nadie reparó:
“¿Con qué aplauden partía ‘e carneros?
La gente sigue riendo, calle arriba, calle abajo.  De vuelta,  leo a quienes agitan la maraca: ¡el cólera se soltó!¡el cólera en la Habana está!. Parlotean desde otras geografías y veo que los bufones se han inventado teatros en el extranjero. Añorando la carcajada hacen muecas desde sus butacas, toman distancia en la fila del circo y más risa me da.

11 junio, 2013

Félix Ernesto Chávez

Que el honor de las venas fertilice
de honor y lealtad al árbol grande...
                                   Manuel de Zequeira
Junio arrastra. Junio con el rostro mojado. Junio carece de placeres. Entonces aquella poetisa Luisa Pérez de Zambrana conquistó la crítica de José Martí, el ensayo poético de Chacón y Calvo y muere en una casita de Regla, cargando con ausencias filiales, con las despedidas de su hermana favorita, su esposo, sus cinco hijos. Todos son árboles caídos y ella en la fe sostiene su poética y su vida. La Virgen de los Dolores es un pandero de luz para la madre y esposa.
Una de las imágenes que más me impresionaron de niña en las iglesias era esa virgen vestida de un color fuerte, encantador y aquellos puñales atravesando su pecho. La cara mostraba un dolor sin nombre y luego supe que anticipaba Simeón  su profecía:  “Este Niño está puesto para ruina y resurrección de muchos de Israel, y una espada traspasará tu alma”. Lc. 2, 22-35
Consciente de todas estas ramificaciones, conquistas de la literatura misma que florece y echa raíces en el oficio lector, estaba ajena a la existencia de Felix Ernesto Chávez, aunque su bosque escrito ya reverdecía para muchos. Era cubano y adjunto lo que la página cubanos famosos dice sobre él:
Nacido en La Habana, Cuba. Doctor europeo por la Universidad Autónoma de Barcelona, en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Cursó la licenciatura en Letras con Título de Oro en la Universidad de La Habana, homologada a la licenciatura en Filología Hispánica por el Ministerio de Educación de España.
Investigador Posdoctoral en la Universidad Autónoma de Madrid. (...)
Ha publicado una monografía sobre Whitman, ha coeditado dos obras colectivas y tiene en proceso la publicación de dos ediciones críticas sobre las hermanas Luisa Pérez de Zambrana y Julia Pérez Montes de Oca, así como una monografía sobre Pérez de Zambrana. Ha participado en más de 30 eventos internacionales como comunicante o conferenciante.
Se doctora en 2010 con la tesis titulada La construcción del sujeto romántico en la poesía de Luisa Pérez de Zambrana, dirigida por Hervé Le Corre (U. de la Sorbonne Nouvelle-Paris 3) y Meri Torras (Universidad Autónoma de Barcelona.
Siguió durante años, la trayectoria creativa de Luisa Pérez la elegíaca cubana, la mujer que refugiaba en sus oraciones un dolor indescriptible. Debió ponerle mucho empeño por las conclusiones, la visión crítica, la sensibilidad y vino a México,  camino a la Habana, aquí escribió:
  
Todo en el Distrito Federal es estridencia: las voces de los comerciantes, los conductores gritando, los atestados comercios, los colores y olores, la brutal uniformidad de ciertas expresiones, la risa y la alegría, el horizonte volcánico, la fértil imaginación. También las esperanzas y los silencios.
No supe de él, hasta que el amanecer del 12 de junio del 2012 dieron la noticia: Murió apuñalado, su vida trunca, su talento silenciado. Una familia entera aguijoneada por el mal, caída. Las paredes de ese hogar fueron abatidas por los asesinos. Y las autoridades en silencio,  nos han privado de ese halo intelectual que le confirió a nuestro pasado literario. Con él, posiblemente, Luisa descanse para siempre guardada en el hermetismo que confieren siglos y siglos por venir. Y la Virgen de los Dolores se personifica en otra madre que añoraba el abrazo del hijo. La vileza siempre me sorprende, quizás por eso uno busca el libro y su asidero.  No conocí a Félix, hay designios, destinos y se bifurcan. Supe de él cuando era tarde. Alguien que clavó un puñal y desterró un talento,  anda por ahí como hiena apestando...
Esto parece una pesadilla. El escritor, el investigador, el hijo, no pudo negar en su vida y obra esa influencia romántica del destino trágico y sólo podemos honrarle con un pensamiento y una propuesta de lectura. El mismo se entregó a la crueldad de  los designios, cuando escribió:
El día de mi muerte no me echarás de menos. Echar de menos es tener la esperanza de que asome mi rostro tras la puerta. Pero entonces ya no volveré.
No quedaré en nada, en nadie, no seré más que elemento transfigurado en otro elemento. Que no haya música, ni pierdas el tiempo pensándome fantasma o viento sobre el árbol. Todo puede seguir su misma rutina, a nadie le parecerá importante cualquier remota detención.
Mejor camina hacia otra parte. No te sientes a esperar. Sigue otra huella. La mía se habrá fundido en los mismos circuitos donde todos se calcan. Haz un montón de piedras e imagina que sobre ellas nacerá otro lirio, otra casa, otro libro, otro barco que ya no me llevará.
Que ninguna de mis fotos sirva para extrañarme: pues el de las fotos no soy yo, ni lo será este yo tampoco cuando acabe el poema. El pasado sólo existe en la idea del pasado.
Ahora Lidia, la madre de Félix postea de cuando en cuando en http://elbosqueescrito.wordpress.com/category/album-familiar/
Somos piedra sobre piedra y no debemos olvidar.
Gracias, Charlenne y sabes por qué.

05 junio, 2013

Ediciones Casa Bayona

En la casona vieja podíamos escuchar el trino de los pájaros, la murmuración de dos o tres cuya labor más importante era deshacerse en los chismorreteos cotidianos y el paso casi imperceptible de algunos que parecían evitar el calzado y levitaban a raticos en un intento por ocultar su endemoniada condición. Habían días gloriosos que nos visitaban escritores importantes o intelectuales españoles, argentinos o de otros países con intereses de investigación. También la comunidad de Santa María del Rosario entraba a la casona con los clamores domésticos de unos años muy difíciles, ¡aquellos noventas!
Algunos creían que el Centro Chacón y Calvo estaba ubicado en la casa donde originalmente nació el hispanista cubano, pero no. Era un lugar más pequeño cuidadosamente restaurado, vestido con atuendo del siglo XlX y con adornos que se fueron robando poco a poco, sin piedad. Para mí era un sueño traslaticio,  colocar mi carpeta sobre los escritorios de madera dura, sentarme sobre el siglo pasado, en sillas de espaldar infinito. Y también recuerdo cuando cambiaba un búcaro de lugar, para escribir sobre una mesa menos elegante, la anterior debió ser codiciada, al pie de una ventana. Los que tenían sueños de grandeza, procuraron escritorios dignos de sus sueños. Me apena ahora, saber de quienes todavía los rumian, fuera del país o adentro, flotando en su ególatra vanidad. Si yo contara...
Pero mis cuentos son otros y nunca se han depositado sobre el cráneo de nadie. Cada quien que cargue su daga o su pluma y en el ambiente intelectual créanme hay quien termina cortando su garganta y en el afán de lastimar al otro se ahogan con su propia lengua.
Algo que sobrevivió como memoria, después que el Centro se fue a pique son algunos textos recogidos en las Ediciones Casa Bayona, la talla del ilustre hispanista regresó para erguirse sobre rencillas personales y presupuestos culturales. Lo mejor es que las obras sobreviven a sus creadores y la presencia de los grandes ilumina cualquier aliento hipócrita y lo convierte en luz.
En México pude apreciar la intensa amistad que de mil formas se patentizó entre Alfonso Reyes y José María Chacón y Calvo, Alicia Reyes majestuosa, abrió las puertas de la Capilla Alfonsina para mí y sintiéndome minúscula y curiosa aprecié que la verdadera grandeza está en la humildad de espíritu, en un corazón entregado a la obra. Después de aquellos días tomé experiencias de vidas pasadas y con la mira en lo alto, para evitar perder los ojos en derredor, gané serenidad. Incluso cuando un compañero de trabajo hizo lo imposible porque me declararan disidente, a pesar de estar en tiempo y con todos los permisos. Gracias a él y a quienes añoraban el puesto yo miro este pasado con catalejo.
 



Lectura recomendada: De Salvador Bueno, de quien conservo muy gratos recuerdos y cuya labor abrió muchas puertas para que el Centro de Estudios Hispánicos fuera una realidad.

03 junio, 2013

Nelumbo quejumbroso

A dos años de mi graduación comencé a trabajar como investigadora literaria en el Centro de Estudios Hispánicos José María Chacón y Calvo. De aquellos años escribiré algún día, importante fue dedicarme al estudio de la vida y obra de Luisa Pérez de Zambrana.
Chacón y Calvo apasionado, había escrito sobre ella. Le interesó aquella poetisa santiaguera que empezó temprano con una voz muy personal. Nace en Santiago de Cuba y luego en su poesía vibra el eco bucólico de los alrededores del Cobre.
  (...)No amigo mío;
pinta un árbol más bien, hojoso y fresco
en vez de pedestal, y a mí a su sombra
sentada con un libro entre las manos
y la frente inclinada suavemente.
Ella nació quizás por el 1835 porque su acta nunca apareció. Visité el Cobre, por ella. Adoré el papel que tocaba, como con alas de mariposa, papel de periódicos y revistas donde publicó. Visité las ruinas de la casa donde vivió la mayor parte de su agonía, en el municipio de Regla. Olfatée el aroma indescriptible del Cementerio de Colón donde ella descansa. Y adquirí una tristeza natural que aún me evoca desazón cuando recuerdo.
Luisa se convierte en la más insigne elegíaca de nuestra lírica, como la destaca Enrique José Varona. Se refugia en su fe católica para salvaguardarse de la muerte de su esposo y despuès de sus cinco hijos.
Chacón caracteriza la poética de Luisa, consagrada a la serenidad de espíritu, a la religiosidad. ¿Cómo podía ella levantar los ojos si no de aquellos sepulcros?
La noche del 22 de marzo de 1917 se le tributa a Luisa Pérez de Zambrana un homenaje en el Ateneo de la Habana, Chacón lee una semblanza que se identifica con la alabanza martiana. La frase: "Se hacen versos de la grandeza; pero sólo del sentimiento se hace poesía", la escribe Martí al establecer un paralelo entre la muy reconocida Gertrudis Gómez de Avellaneda y nuestra Luisa. Cae el alma reverente ante el sosiego, la conformidad, la fe en la elegíaca octogenaria.
Tuve miedo de ella. Joven yo, no comprendía la magnitud espiritual y purificadora del dolor. No obstante, llevé su foto conmigo como quien carga una reliquia familiar y un día, años después, frente a las ruinas de lo que fue aquel centro de investigación, teniendo a mis espaldas la iglesia magnífica de Santa María del Rosario le pedí perdón. Le confesé mi debilidad y ambiciones, le dije que uno no abandona a alguien como ella, aunque se cierren las investigaciones y se dilapiden los recursos, le di las gracias por haberme fortalecido las alas. Por haberme lavado el espíritu le di gracias y le dije que no podía más con tanto pesar, con el eco insondable de su dolor, que ya éramos una para siempre.
Y pasé a un costado de la iglesia sin mirar atrás. En aquellos cascajos ahogaron varios estudios convertidos, finalmente, en fuegos fatuos. En aquel techo, casi flotando sobre el piso de elegantes baldosas, clavé mis ojos muchas veces porque no estaba lista para el àcido de los ególatras. Ni para la competencia desleal. Ni para el estigma de la juventud. Aunque nada pudo frenar mi desarrollo, la compañía de la poetisa fue vital para mantenerme en pie.  Allí fui parte de un sueño guajiro y cómplice de muchas pesadillas.
Creí haber dejado atrás aquella carga de siglos, pero ha regresado con este junio la virgen de los Dolores y yo no soy católica, pero Luisa le era muy devota y revive en mí, con un acontecimiento que ahora no nombro.
Hay un sino trágico, como una estela..."nelumbo quejumbroso: delicadísimo nelumbo"

22 mayo, 2013

Máscaras

Admiro a las mujeres que se maquillan y siempre me pregunto qué ven sus esposos en realidad...
En viernes, despertaba a las cinco de la mañana.
Sigilosa, retiraba los tubos del cabello. Colocaba la base del maquillaje, después el polvo; luego, el rubor. Corrector para ojeras. Pestañas postizas. Sombra para el encanto del párpado en flor.
Lápiz labial, rojo. Tacones elevador. Jadore aquí y allá.
En viernes, cita en la cocina. Ella lo esperaba vestida solo con el humo del café y él, trompicaba en la escalera, descalzo. Se rascaba la entrepierna, después.  Y recostado en el marco de la puerta, atisbaba, desde el quiebre imposible del tobillo hasta los zarcillos de las orejas y conseguía una melodía asincopada con su respiración. Ella toleraba la animalidad del cortejo, la desfachatez.  El, aislado todavía en su modorra, imaginaba la maleta de artificios que lograba este milagro de viernes.  Oculta detrás de su tintura ella presumía, un viernes a la vez:
No soy tu esposa. Soy Yo...
 

16 mayo, 2013

Nuevo León: laberinto

A los ancianos de humo y luz, aquellos guerreros conmigo...
Desfigurada por ropa holgada,  viajaba en los transportes colectivos. El DIF y el Consejo para la Cultura de Nuevo León habían aprobado un curso mío y la ilusión de formar Grupos de Cultura con Adultos Mayores me emocionaba. Pero había que irse de la ciudad, en las afueras, en los ejidos  no habían opciones para los abuelos. Llegaba y siempre estaban en la puerta como niños, algunos con bastón esperaban dignos en sus sillas metálicas, tan incómodas que apreciaba yo el esfuerzo de sus asentaderas. Hacíamos ejercicios físicos, dinámicas de integración grupal y luego preparábamos por equipos las distintas manifestaciones artísticas.
 
Yo les hablaba de juventud y de ánimo. Reía mucho con ellos y les contaba cuentos. Fue un laberinto de historias de vida, uno cree en la eternidad afirmada en la palma de la mano, pero la cana siempre da, la cana alcanza.
 
Conservo infinidad de fotos, han pasado varios años. El tiempo hace eternos los recuerdos amables. Ya no están. Mirando hacia atrás sé que no hubo necesidad de mencionar a la muerte, el  ímpetu de juventud se extiende, galopa y corcovea, yo me deleitaba con ellos. Proyectaba con mis entusiasmos un aroma de eternidades. Ellos veían algo en mí y yo...
 
Se presentaron en el Teatro de la Ciudad, en mediodía, teatro lleno de abuelitos, los corridos, las polkas, los cuenteros populares llenaron el lugar. A la salida, estaba la Alcaldesa y algunos de los abuelos le besaron la mano. Unos le pedían una carretera, otros un relleno en algún agujero inútil, por donde ni las bestias podían pasar. Y luego a solas, los regañé:
¡Ustedes no tienen que rogarle a nadie! No tienen que perder su dignidad. El gobierno tiene la obligación de cuidarles, ustedes son parte de su adorno, son razón para que se cuelguen el orgullo de pechera y hablé y hablé y hablé.
Me avergüenza la imagen de aquel día. Con los años viviendo de este lado, he visto la magnitud de mi ceguera. No, no están los gobiernos a disposición. No están los proyectos culturales al servicio de las comunidades. No están lo presupuestos encauzados en el área cultural, fuimos un garbanzo.


Les recuerdo a menudo, no sé si me atreva algún día a regresar. Debe haber un camino de tumbas.
 
Cuando  me abato, cuando me debilito, cuando pierdo el Espíritu Andante,  pienso en aquellos abuelos míos, cada semblante me viene a visitar y volvemos a compartir los jirones del recuerdo, hacemos dinámicas y me siento en casa. Hay días de abandono, aquel álito de juventud se trepa en cada árbol y voy a raz del suelo contando fantasmas. La conmovedora partida de mi suegro, mi abuela ausente y trato de recordar a mis abuelos adoptivos,  gozosos en el baile, en la manualidad, en la narración.

 Veo a Elida, redondilla, allá al final del terraplén gritando adiós con una mano dibujada de raíces y levanto los ojos. Recupero la fe. Cuando uno aprende a vivir sin la caricia de un anciano habrá perdido la inocencia...


18 febrero, 2013

Yo soy de aquí

Cuando me preguntan cómo funciona Cuba si muchos pueden vivir sin trabajar. Si hay quienes reciben dinero por escribir. Si hay tanta gente en los balcones, en la calle, jugando dominó aspirando el fresco tropical y ante lo real maravilloso de mi país, yo describo vidas como esta.
Ella es graduada del Instituto Superior Pedagógico, su especialidad en Defectología la ha llevado a varios centros laborales, desde educativos hasta policlínicos y otras áreas de Salud. ES casada y tiene dos hijas. Cada día después de preparar la merienda de los retoños, a las cinco de la madrugada, sale a la Carretera Central para ver si, con buena suerte, no se rompió la guagua del trabajo. Casi dos horas de camino y cuando llegan se concentra en sus nueve alumnos con discapacidad. Es primera vez que me cuenta su historia y hace más de treinta años, somos amigas. Hay personas que trabajan silenciosas, construyen y rearman. Forman un andamiaje que nadie ve...
 
 
Cuando llego aún es temprano, espero a las ocho que se forma a los muchachos y se les da matutino, luego a las aulas y comienzan las clases. Tengo una auxiliar que por estos meses sólo va martes y jueves porque está en un curso. Lunes, miércoles y viernes estoy sola las ocho horas con los muchachos. Tengo nueve niños. Una de ellos (M) diabética y con miles de enfermedades más, va constantemente al baño y muchas veces no le da tiempo a llegar, entonces hay que bañarla y vestirla, lavarle la ropa que ensució y retomar la clase. Otro es J, niño súper inquieto que imita a una ambulancia, pero no es su culpa. Otro en adaptación es A, ese sí se las trae, sale del aula, pega, tira las cosas, no entiende nada. S tiene 24 años, pero coeficiente intelectual de tres. No comprende nada, no hace ninguna actividad, cuando la llevas al baño no orina, cuando llega al aula, entonces micciona en su ropa, se ríe, se tira al piso grita pin... pin... pin... (la palabrota, tres veces), no hay quien la levante del piso, se vuelve a orinar allí. J es un joven con autismo, habla constantemente, grita, se levanta a caminar, no trabaja en clases. L es único, cuando no está la Auxiliar, me ayuda a repartir la merienda, a preparar las mesas, a traer agua a los niños, a llevarlos al baño, lo entiende todo pero no habla, me dice "Añí". Sufrió de un virus en el cunero al nacer que lo dejó en coma varios días y sobrevivió, pero quedó así, con una discapacidad intelectual severa, es muy cariñoso. Los demás: D, R y Y no dan mucho trabajo (digo mucho, no que no den). Como te conté son muy dependientes. Tengo que llevarlos al baño, al comedor, a todas partes. Le doy agua a uno, luego al otro, cuando me viro, ya está él otro pidiendo otra cosa y así. Muchas veces no hay maestro en otra aula, entonces a repartir los muchachos, te tocan dos o tres más trabajosos que los tuyos.Al terminar el día no me siento los pies, estoy agotada.
De mi trabajo no se puede salir una vez que entras. Si lo necesitas, te apuntan en la puerta, te llaman la atención y te descuentan al final de mes ese tiempo que estuviste fuera. Con mis niños no puedo perder ni un minuto, dependen totalmente de mí.
Ese es mi día, mi herma, sin contarte cuando me toca guardia del comedor, o guardia administrativa hasta las siete de la noche. Te lo juro que diario no me siento los pies, me dicen que allá afuera esto se paga muy bien, pero tú sabes que yo soy como el marabú y tengo espinas y mis raíces, yo soy de aquí. Tengo propuestas de cambios para Educación, pero tú sabes que allá no tengo internet, ojalá podamos hacer algo y no perder comunicación.
Y yo hoy debía escribir otras cosas, tenía asuntos por resolver, pero quien escribió esta carta, creció conmigo. No se dedica a descalificar, no farbulla en los rincones. No chismorrea, no gana premios y su salario apenas le da, pero reconoce la incidencia de su apoyo en quienes tienen a sus hijos con características especiales y se entrega con una paciencia misericordiosa. No es famosa y vive allá.
 
 

28 enero, 2013

José Martí es un monte

No se ven bien las maravillas cuando se está dentro de ellas. Las colosales figuras, los colosales hechos, sólo a distancia adquieren sus naturales proporciones y se enseñan en su conjunto y hermosura. Cartas de Martí. La Nación. Buenos Aires, 9 de mayo de 1885.
 
 
Un 28 de enero nació José Martí, para mí, el hombre más grande que ha dado América. Yo cargo con un busto de Martí a todas partes, para escándalo de quienes se ríen de esas cabezas que pululan por toda Cuba, de esa presencia usada como pisapapeles en varias oficinas que vi. Por estas tierras, muchos desconocen quién fue y asombrados, preguntan,  intrigados por el bigote. Cuando develo toda la verdad, recuerdan que en cualquier taquería puedes encontrar un trovador que entone los Versos Sencillos.
Crecí con su pre-esencia en los libros de mi familia. Aprendí a leer con La Edad de Oro, porque mi madre contaba del Señor don Pomposo y de La Muñeca Negra y para mí, era importante abrir aquella garganta hojearla y descubrir. También mi abuela lo veneraba desde el altar de santería y junto al mulato Maceo y San Lázaro y Oshun, la foto del poeta revolucionario siempre tenía una rosa del jardín. MI abuela decía: Yo le pido a Maceo, tú le pides a Martí. Es un espíritu grande ese hombre, niña, ese hombre hizo de tó.
Y empecé a leer  a muchos, pero nadie me hablaba al oído como lo hacía Martí. Y sí, le fui pidiendo luz a lo largo de mi carrera; quería comprender su vastísima obra, el sufrimiento,  la capacidad para soportar los avatares propios y ajenos. Su lealtad, su infinito amor por el prójimo, los celos de su Lucía, en quien me vi. La traición de su Carmen a quien odié. La composición única e irrepetible de su prosa y las venas de su poesía. Por él, amé a Gerardo Fernández Fe, con sus ponencias sobre autores franceses y otros demonios. Conocí a Ernesto Hernández Busto  quien escudriñaba apasionado y daba puntos de vista, diferentes. Consolidé mi amistad con Ignacio Cruz a quien supe martiano desde la Preparatoria. En aquellas Jornadas Investigativas del Instituto Pedagógico Superior,  curioséabamos con verdadera pasión en toda la obra de Martí. No nos íbamos con la ola de las transcripciones;  evitábamos cómplices el sueño de los jurados. Creo en las personas que respetan a los escritores, en quienes pueden apreciar un brillo superior y considero repulsivo toda la bandada de urracas que buscan figurar con un análisis superficial e intentan igualar a nuestra condición de inútiles mortales a personalidades como la de José Martí. Hoy la política es calzoncillo de todos, oficio de lavanderas y cada quien usa su tendedera como le viene en ganas a su ignorancia.
Discuten si fue borracho, si fue padre de María Mantilla, si fue un tonto por soñador, si fue un cobarde por escribir, si fue un suicida por morir en combate. Cada año en esta fecha, evito repasar los sitios cubanos fuera de Cuba y también me aparto de los sitios dentro del país. Martí es inagotable, lo estudio hace más de veinte años y no termino hoy, ha demostrado tener esa luz avistada por mi abuela. El sigue sonando como aquel pandero de la maestra Aymara, con el que nos despertó en plena adolescencia, con el que nos dijo que no importaban las consignas y las letanías si uno no siente el pulso de las voces. Ha permanecido en mi escritorio y entronado en mi cabeza, poco a poco lo voy legando a mis hijas. Los niños no se interesan en la imagen, no se ríen. Ellas quedaron en silencio frente a la historia del presidio, frente a la herida inguinal, frente a Bebé traviesa y una rosa blanca que cada quien cultiva en su interior.  Debe vivir con oscuridad intensa quien se prive de esta luz. En carta a Manuel Mercado el 22 de marzo de 1886, el Maestro escribió:
Y luego ¡si V. me viera el alma! ¡si V. me viera cómo me ha quedado, de coceada y de desmenuzada, en mi choque incesante con las gentes, que en esta tierra se endurecen y corrompen, de modo que todo pudor y entereza, como que ya no lo tienen, les parecen un crimen!
Siguen las coces y los asnos se reproducen, pero ¡qué importa! nadie como él para ser la maravilla de un monte. Prefiero andar sus escritos, sin equipaje y descalza. Complace  quedarse detenido, acá tan lejos,  ante la iluminada inocencia de mi abuela. Prefiero quedarme con él a buen recaudo, dentro de mí, a salvo de unos y de otros.
 

16 enero, 2013

El pasaporte

En los países civilizados, si no me equivoco, ya no quedan brujas, ni magos, ni hechiceras, ni encantadores. Pero el país de Oz nunca ha sido civilizado, ¿sabes? pues estamos incomunicados con el resto del mundo. Así es que seguimos teniendo brujas y magos entre nosotros.
                                 El mago de Oz

No aplicó para la Ley de Memoria Histórica, un dolor de estómago le dobló la esquina antes de llegar. La cita conseguida desde Puerto Rico, porque entrar a la página de la Embajada era más fácil desde aquí. Ahora quiere un pasaporte, para trabajar unos meses y volver con dinerito. ¿Trabajar dónde? ¡Tienes sesenta años papi! Pero él no entiende, quiere comprarse unos pulloverts de esos que tienen un perro ¿tú sabes? El sueño de toda su vida lo mira, lo ceba, lo esculpe cada noche, desde su colchón aflatado.  Y cuando amanece le da libertad para vigilias, compra el periódico, toma café y se sienta en el portal. Portal frente a la calle pasarela donde Yunismy le dice que cuando ella salió pensó trabajar con las letras, algo de letras, ella se graduó muy bien, oye, fea como un trompón, pero inteligente eso sí. Para una mujer la inteligencia debería adornarla, dice ella sin darse cuenta del halo gris como diadema… Pero le pedían manejo de dos idiomas, ¿ruso para qué? y excelentes habilidades con la computación y ella pues apenas el internet, corta y pega, es difícil vivir en un país sin vecinos y se excusa para ocultar el pavor ante aquellas entrevistas, la evidencia de que no era ni remotamente la mejor. Y Fede, el pintor, le grita,  que no deja el gimnasio, es fibroso y delgado como un jiquí como un protagonista de Juan de los muertos, pero levanta las palanganas y las pesas improvisadas  de Bitín  y le dice: Lo que tú necesitas es un socio como yo, deja que me consiga un pasaporte y vamos a echar a andar el negocio. Mira desde la ventana de la barbacoa, un trozo de la ciudad y parece levitar olvidado de la cola de la guagua y el cartucho de mierda que tiró por la ventana. Se mira las manos  Coño,¡si yo soy el mejol! Y pasa el bonito, Yoandri no sigas engordando, apaga su cigarro y de una patada espanta una lata de cerveza: ¿Qué bolá, tío? ¿Cuándo vas a despegar? El viejo se rasca la barba y escupe al piso. Déjate de gracia, Yoa. Se ve que tú no tienes que hacer ná. Yoandri tiene a su madre en España, le han dicho a los vecinos que trabaja en una oficina allá. Ha venido dos veces y cargá, dice el bonito inútil de 30 años y abre los brazos como pintando maletas en el aire caliente. El día está de sofoco y en España están a dos grados, Chela la mamá del Yoa debe tener las manos congeladas, limpiar pisos es su trabajo en realidad, paga un cuartico y guarda dinero porque siente orgullo cuando va de vacaciones a Cuba y se compra sus cuatro vestiditos, hasta una cadena con baño de oro y ella asume la Embajada de la familia y habla con la z mientras enseña su mejor pose detrás de un buró. No estudió carrera como Yunismy, pero cuando se fue a España tenía buenas nalgas.   El viejo cierra los ojos, quizás en un par de horas, una semana, suyo será el pasaporte y la espuma, la cuchilla de afeitar con vibra, el rib eye, los surullitos, el chorizo español, el jabón de leche de burra, las botas de serpiente, el reloj de oro y las gafas Ray ban, quiere darle la vuelta al mundo y lo atesora en una caja de galletas... son varios apuntes. Lo único que necesita es a Lucía, o sea yo, su única hija, de mí espera todo, el pasaporte, una maleta, un avión.  
 

04 noviembre, 2012

Simuladores


De niño ya simulabas ser otro.
Tú no podías ser tú. Poema Reversibilidad de Virgilio Piñera
Me repugna leer “susurraban palabras en su oído” tanto como me hastía leer condiciones exageradas, manipulaciones burdas con apoyo del lenguaje. Golpes descritos, empujones del “alma” gente que lagrimea a la espera de la conmiseración internacional. Asqueroso es creerse poeta y apesta más quien gana dinero de maquillar las condiciones de un país.  Me tomo un “breve descanso muy cansado” mar por medio de ambas orillas. Recuerdo aquel tipo que se fue con nuestro dinero, aquel nombre a la cabeza de RAC (Representaciones Artísticas del Caribe A:C) y por quien me quedé dos años en México, declarada disidente. Recuerdo al personaje que dijo limpiaría con su lengua el busto de José Martí en el Consulado, si era necesario y usó la lengua sí, pero para los mismos fines que otros escriben desde lejos.  Conozco médicos excepcionales (como el cardiólogo de mi papá) que vienen, trabajan por convenios, regresan allá.  Con las limitaciones inimaginables, con poco dinero, con mucha bicicleta por pedalear. Cada quien busca su pedestal. Recordaba el otro día, un suegro que tuve en Cuba, fue secretario del MININT, un hombre de pocas palabras, recio, oriental. Cuidaba en las noches un laboratorio farmacéutico, sólo lo vi emocionado cuando se hablaba de la Revolución. Ninguno de sus hijos compartía su ideología, pero los tres trabajan en Cuba hoy. Embisten las huellas propias y el destino. Enfermó este hombre y le practicaron una colostomía, me quedé con él en el hospital. Aquella bolsa de heces se empezó a desbordar y no teníamos agua en las pilas, ni una gota, ni papel. Con las manos atascadas y un poquito del líquido que guardábamos para beber, me lavé las manos y lo abracé muda, en un intento por resarcir su dignidad. Esto fue en el año 1998 y no lo puedo olvidar. Hay mucha lacra que puede ahora volver a Cuba, poner su negocio, comprarse todo para presumir allá. Yo dudo del ánimo cambiante, del credo colgando de la chiringa. Respeto los bamboleos de la quilla, pero desconfío del mascarón de proa. Para mí valen más los que trabajan; los que no manipulan, aquellos dentro o fuera que saben dónde está su lugar.
 

 

25 junio, 2012

¿Qué tal sigue la luna?

Rehúyen los vivos tocar la muerte con palabras.  Otros temas se enroscan en el cerebro y los exhiben como guirnaldas o coronas de espinas. Los sesudos vivos escriben y hablan de política y del sexenio. Hacen la agenda. Se bañan diario o cuando el agua deja. Silban al amanecer como si en el aliento apretado se divulgara a trechos, la propia vida. En bitácoras cotidianas cuelgan con alfileres,  las rascadas de barriga o el escozor en la oreja. Los que persiguen el morbo vomitan una foto en carne viva y se dicen: libérrimos.  Si a alguien lo asesinan,  aunque se enteren de manera virtual, pasan por el lado, en mayoría, como muerticos tiernos, flotando en el río de la sordina colectiva.
Lecturas sugeridas:El bosque escrito de Félix Ernesto Chávez.
El cantante de muertos. Antonio Ramos Revillas. Almadía

25 mayo, 2012

Días de esos

En el autobús, la niña de ocho años le iba contando de ipad y  generaciones de aparatos. Le describió a su nana, pero no se le antojaba para jugar. Que su mamá vivía en el teléfono y un día llegaba a la escuela en una Hummer y otro en el Mercedes. Se llamaba Diana como la cazadora, dijo atrapada en una ingenua sonrisa. Cuando llegaron a la casa hogar la Miss X reunió a los alumnos, les pidió considerar la visita como una oportunidad. Mientras hablaba los de sexto levantaban las narices, frente a la inmensa jaula de los pájaros.

Cuando la Cuentacuentos levantó la voz y sonaron las claves, los ojos se unieron en una sola visión. El animal más grande del mundo llenó la habitación y se extendió por las ventanas, el pequeño gusanito le abrió los ojos a cada quien y repitió entre risas: Soy el animal más grande que existe, aplasto al rinoceronte y al elefante lo hago… A la salida una chiquita de ocho años, de playera blanca y pantalón desteñido se acercó, le dio un beso. Un chico grande de chaqueta de mezclilla sonrió y levantó los ojos sin vergüenza. Uno de los chicos con uniforme impecable tecleaba en el celular y otro pasó al frente, con cara de “no estás en mi facebook”.

De regreso, en el camión, la Miss X interrogó a los alumnos sobre la visita, qué les pareció la actividad. Distraídos se peleaban por unas gelatinas, que alguien olvidó entregar a los chicos con refugio sempiterno en la casona de las monjitas.

Diana, la alumna que me contó de sus materiales bendiciones levantó la voz:

- ¡Que los pobres también son chidos!- y se ahogó en una carcajada.

Escultura de Charlotte Yazbet.








02 febrero, 2012

DHL EXPRESS ¿será?

Mi abuela se fracturó la cadera. En una viejita de 86 años y sin posibilidades de operación esa caída tiene el aliento del último traspiés. El día 25 de enero fuimos a DHL para enviarle algunas cosas necesarias, entre ellas medicinas. Las inyecciones, para mi sorpresa, venían empaquetadas con su jeringuilla y hasta el algodón mojado en alcohol. Diabética y sin apetito, algunos alimentos nos daban la ilusión de verla comer bien. "Las jeringuillas no se pueden ir. Nos regresarían el paquete porque son consideradas como armas". Le comento a la Mujerdetrásdelmostrador que en Cuba es una necesidad. Imposible, decidimos cortar las cajitas por la mitad, sacar el arma que pudiera salvar a mi abuela de una aguja inadecuada, sin esterilizar o de un algodón seco porque igual, no hay alcohol. Y menos.

 ¡DHL Express! nos cuesta los dos ojos y más. Pero mi abuela... Me siento algo dichosa, puedo monitorear por internet el camino, seguirlo de cerca, imaginar las posibilidades del control...pero...

Hoy es 2 de febrero. Aquella Mujerdetrásdelmostrador aseguró que ¡DHL Express! ponía el paquete en manos de mi madre, en tres días hábiles porque "tenemos vuelo directo". Antier me dijeron que cuatro días hábiles porque tenemos vuelo directo. Y ayer 1 de febrero contesta una Vozdetrásdelteléfono: Su paquete ha llegado a su destino final en villa clara y esta siendo procesado para su liberación. ¡Allá nació mi abuela! ¡son lentos pero adivinos! Aunque, no vive allá.

Hoy marco, igual que ayer, "con gusto un asesor lo atenderá" y Lavozdetrásdelteléfono me dice que es un error del sistema. Está en proceso de aduana, iniciado en Habana, Cuba. Y yo, la que todavía se sorprende de la jeringa y el algodón: Oiga, pero está ahí desde el 31, según el seguimiento por internet. Y Lavozdetrásdelteléfono ayer me dijo: Nos falta la confirmación de la Habana, es posible que hoy esté llegando a domicilio.

Hoy 2 de enero, Elizabethconquientengoelgusto me dice que aún está en proceso aduanal y no tienen idea cuándo se libere. Es un asunto del gobierno, no podemos intervenir, asegura. ¿Serían las agujas ausentes?¿Serán las mermeladas sospechosas? Las vitaminas ¿armas serán? Y hace siete días que mis padres esperan esa caja por llegar. Hace siete días que pagué el servicio más caro, por cuatro kilos. Hace siete días que mi madre tiene la ilusión de recordarle a mi abuelita, aquel sabor. Hace siete días que dejamos las jeringuillas en el mostrador de DHL, ojalá compartan con la aduana de Cuba el pinchazo y se inoculen una buena dosis de velocidad.
Mientras debo escuchar el comentario de una amiga: Pensar que envié de todo para Ceuta  y así, así de rapidito.
Tengo ganas de pararme en el techo y abrir los brazos, cerrar los ojos. Soy Laura de Uz, estoy condenada. Me asfixio en aquella película visionaria: Madagascar.

11 enero, 2012

Sin pantalones en el Metro

Sueña siempre el que sueña y entre sueños se desgasta la vida como un calzón de trapo.
                       Vicente Leñero en La ciudad en el centro.
El Metro se estrujó las líneas de las manos. Los andenes vieron, turulatos, como a una voz se quitaban los pantalones. ¿El tipo enfermo?¿El buscador? ¿Un plantón de Antorcha Campesina? No, un grupo de “relajados”. La ciudad se inserta en la globalidad y por las redes sociales un mismo deseo. Andar en calzoncillos, en tanga, nalga afuera. El muslo celulítico se libera, el joto se pinta un beso en la nalga. La flaca se pone botas altas, para treparse ojos por el muslo. Aquella pareja gay, finge naturalidad y se pone audífonos.
Dentro del Metro de la ciudad de México, no cambies camino por vereda. ¿Mes ves? ¿Me ves? Soy natural. Ah, dice una entrevistada: Es divertido y hay que des estresar al planeta. Órale, planeta de los encuerados, planeta agónico que cierra su ojo agujero en la capa de ozono, si te quitas los pantalones. Madre que viaja hacia la Raza donde su hija adolescente está en trabajo de parto y se le meten por los ojos, se cuelgan de los tubos altos para mostrar la marca de la ropa interior que oculta barriguitas. Albañil o plomero, obrero seguro que dice: Son inmorales. El mundo se va a acabar. Mujer extranjera, de rastas y piel negra: No sé qué pasa, no entiendo bien. El oficinista desvelado, duerme colgando de su asiento, se lo pierde dice el comentarista del noticiero. Y yo hablo español, pero tan-poco-entender. ¿Cuál es la propuesta?

¿Por qué lo que es exhibicionismo estéril? Lo dejan ser. ¿Por qué los niños están obligados a convivir con estas idioteces?¿Por qué el tipo que va al trabajo, el policía de la estación, la mujer que defiende su “vagón rosa?, el gobierno del distrito Federal ¿por qué tolera a esta gente desorientada?

Una amiga se iba a un rancho y se encueraba. Nalgas en el piso, picadas de hormigas. Agua de alberca sucia lavando mentes. Pie desnudo sobre lo verde, creyendo en Mariano, Dalai, Zen. Cada quien su sueño o pesadilla. Cada quien nuestra carga de perversidad. “No hay bueno, ni uno”. Pero la mayoría… ¿Me ves? ¿Me ves? Soy natural… que apure su existencia al alcance del Metro. La gente que trabaja o lo va a buscar. El niño que apoya su inocencia en la mano de la abuela, ¿tiene en picada los ojos? ¿Me ves? Soy natural ¿Me ves?

Marchas gay y la de las Putas. Ciclistas desnudos. Surfear sobre una toalla. Caer dormido, en plena avenida. "Productivas actividades". La Ciudad Tenga…manda esto. Mande, güey...


19 noviembre, 2011

Sakiko Yokoo


La 31ª Feria Internacional del  Libro Infantil y Juvenil en México nos regaló a Sakiko Yokoo. En un foro donde el sol jugaba a iluminarnos hasta las venas, salió al escenario como una bendición.
Ella juega detrás de la pared, su mano es un pájaro libre, una linterna, un loto. Parece mimo,  es un soplo de sensibilidad.

Saluda como japonesa y sale a caminar. Es una niña, de cuclillas. ¿Vuela a ras del piso?¿La ves?, dice Hijita, inocente.

Las manos de Sakiko Yokoo saben hablar, se mueven lánguidas. Se encrespan. Acarician desde lejos y el lenguaje de su mirada va abrazando a cada niño alrededor.

Cuando la manzana irrumpe de su costado, todos pensamos que iba a mostrar su corazón. Una manzana corazón ofrecida desde sus labios, el cuerpo juega con los niveles y tiende los brazos que  suben como el humo.

Dice algo con los ojos y al mirar, todos entienden: Cuento contigo. Por eso ríen los niños y se acerca a una pequeña, la hace bailar. Delicada y traviesa juega con sus manos, giran. Con un ademán indica direcciones y la siguen en el giro, al levitar.

Los niños ya no están bajo el sol tirano, ahora crecen con ella, en un jardín japonés. Los peces dorados somos todos y la manzana llega a su boca, cuando ya nos conquistó.

La madera de sus zapatos suena, llama a los espíritus como en el teatro kamishibai. 

Ella va pasando, como una lámina ilustrada. Sonríe y se despide. 

En su despedida aletea un pez dorado. Se quiebra un loto. Florece un cerezo.

Todas las fotos son mías, un arte que disfruto por su volatilidad

26 octubre, 2011

Morirse en cubano

-Mirá, hermano, no te compliqués la muerte.
                              Ricardo Güiraldes
En el mes de abril, correspondía la exhumación de los restos. La tía Vitalia había cumplido el pacto con la tierra. Un nieto y su hija mayor fueron a verla. Suponiendo la mueca del azoro, ¿cómo le dices a tu muerto?... ¡Con estos ojos que te ven!
Siempre me impresionó aquel cementerio de pueblo, si teníamos otros rumbos cambiábamos la ruta para no pasar por allí. Nunca volví para hablarle a mi abuela, ni a mi tía. Para mí desde que bajaron aquella caja de madera, ellas se fueron a un lugar mejor.
La tía Vitalia tenía un pedazo del Polo Norte en su cabeza, el cabello blanco la anticipaba al final de la calle. Y sus ojos tan azules no negaban el origen español. Era hermosa, lo dije de niña y lo sostuve cuando envejeció con la dignidad de una viuda eterna. Supo vivir con su nieto gay, y sólo la vi llorar cuando murió el patriarca, guajiro fuerte como jiquí por dentro y por fuera. El mismo que las ponía a lavar y planchar sus guayaberas, sobre una lata: "Pa´que alcances bien".
La tía sabía alimentar la familia con presencias y en domingo visitaba a mi abuela o a mi madre, mientras en la cocina las escuchaba, hirviendo, un buen café. De ella aprendí a sonreir por dentro y a mirar a la gente, a la altura de los ojos. Supe también que las ancianas de mirada verde o azul no envejecen igual porque el pedazo de hierba o de mar le hace sortilegios de juventud.
Pero en aquel cementerio, los ojos cerrados para siempre iban a recibir el golpe de la luz. Por última vez. Quizás. Sus restos serían depositados en un contenedor metálico, dentro de una especie de lata. La oscuridad eterna, quizás definitiva. Y fueron callados. Tía... Les avisaron que por razones de sobrepoblación de muertos, falta de espacios, quizás el féretro de ella estaría hasta el fondo.
Recuerdo aquel mediodía, en que mi hermana mexicana tiró unos repugnantes kilos prietos sobre la mesa del comedor. MI madre saltó los escalones de la cocina. ¿DE dónde tú sacaste eso? NIña, por favor. Adriana, sonreía ingenua: Belkys me dijo, cruzas el cementerio y bajas por la carretera hacia Santa María del Rosario, pregunta pero no te vas a perder. Y hermana mexicana se sintió cubana, se montó en mi bicicleta china y subió hasta el Final, vio el cementerio y se metió, debía pasar y seguir de largo literalmente, aunque cruzarlo fue lo que dije y lo literal en Cuba no es siempre lo correcto. Antes de topar con el final ahora sí, vio una flores y unas monedas. ¡MOnedas!, dijo y las echó en su bolsillo. Ella no sabía de la brujería que posee cualquier cementerio cubano. Desconocía que esos kilos antes de llegar ahí, debieron ser lavados con sangre o aguardiente o humo de tabaco. Y mi madre, señalaba las monedas, espantada. Mi abuela proponía someter a Adriana a una limpieza, un baño con flores algo así y Adriana reía todavía cuando las fuimos a lanzar a una especie de hilo de agua dulce que hacía las veces de río natural.
¿Cuándo muere la risa? ¿Se suicida o la aniquilamos?
Por la humedad y el calor, los féretros superiores estaban rotos por debajo y los huesos de quién sabe quiénes se abrazaron. Cuando empezaron a sacar los restos de Tía Vitalia...¡Esa no es mi mamá!¡Esa no es mi abuela! ¿Qué? Y es que no estaba vestida así, esa no es su ropita, esa no es...mami. Esa no es...abuela. Tía ¿dónde estás? Y yo me invento una historia cuando me cuentan y creo que tía se fue con sus huesos a otra parte. Se cubrió de tierra y en un golpe de viento se fue al mar. Mi primo pasa días en Comunales. ¡ES que no se puede haber escapado! Aquí, en este papel dice donde está. ¡Qué me devuelvan a mi abuela! Usted la conocía, digame es que ¿no merecía un poco de dignidad?
Y le cuentan los verdaderos cuenteros comunitarios que hay mucho muerto y poco espacio. En resumen el cementerio se quedó chiquito y los muerticos se van moviendo en dependencia de la caducidad. El jefe de la brigada que la enterró ya no trabaja aquí, hay que localizarlo. ¡Pero localícenlo ya! Y yo me ofrezco para mover cabitos y mi madre me dice que cómo voy a ir a Cuba a encontrar muertos y yo le digo que si los muertos de la familia se esfuman entonces es como morirse un poco, perder el tirón de la sangre. Dejarse caer.
A los quince días, encontraron a tía. "Por la ropita la reconocí", murmuraba mi primo, con los ojos en el piso. Estaba en otra cripta, no en la familiar. Esto fue en abril, no pude escribirlo. No podía aún. No es tiempo de morir en Cuba y en la noche he pensado en los idos de mi familia. En el día en que mi abuelo empezó a pagar poco a poco un espacio en el cementerio. Cuando eres niña, crees que nunca nunca vendrá una falance helada a señalar una cruz en calcañal. Pienso en mis vecinos, en la salud de mis abuelos, en aquella calle de 101 y Final  y pienso: ¿Cómo es posible? Comala no está en México. Comala conjura allá.

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