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25 octubre, 2012

Después de Lucía


Ya ves, anoche me dejó sola y ya sabe que siempre me porto mal (María Eugenia Llamas "La Tucita" en Los tres huastecos).
Después de Lucía es una película mexicana que recibe el premio a Mejor Película en Cannes en la sección Una Cierta Mirada y acaba de ser premiada en el Festival Internacional de cine de Chicago. Probablemente, un tema como el bulling concierte atenciones en Francia, en México es una realidad con la que muchos niños y jóvenes se enfrentan. Silencio de todos, autoridades estudiantiles, alumnos y ojos al cielo de la familia, porque bendice a los hijos con la señal de la cruz, pero no comulgan en tiempo juntos.
El tema en México es cotidiano, basta ver en youtube la enorme cantidad de alumnas y alumnos enredados en broncas físicas y asedios psicológicos.  El director Michel Franco filmó antes un tema también escabroso, el secuestro, pero cuelga como milagritos, otros escándalos que atraen al espectador por morbo, ¿qué tal dos hermanos obligados a tener relaciones sexuales? Esto pasó en Daniel y Ana, pero ahora Después de… otra vez, no hay ritmo,  fotografía, luces o audio para crear momentos gratificantes.
Entonces, estamos ante una película que me recuerda  programas donde las miserias se exhiben en el tendedero, Cosas de la Vida. Con el afán de atraer la ladina atención del voyerista esta es una historia basada en las pérdidas: la madre, la comunicación, la moral aunque esta palabra parece quemar a quien la lee con ese hálito del fuego que consume fotografías antiguas. Y declara el director que es una muestra de la violencia en diferentes entornos: en la casa, en el entorno laboral, milagritos que sólo él visualiza.
La violencia en la escuela esa sí está bien explícita en la película que se enrosca en imágenes del padre manejando, más de ocho veces detrás del volante, en silencio,  para dar paso a otra escena. Rostro impávido de la protagonista nadando, para que infieras que la supuesta pérdida en el mar, será sólo un ardid libertario. Barrigón del padre una y otra vez, sobre la cama (recuérdense las escenas de cuerpos abatidos sobre una cama en Daniel y Ana) para mostrarnos que su luto duele y no hay manera más reiterativa de contarlo, por favor. Tuvimos deseos de levantarnos e irnos, pero quería ver la violencia en el trabajo y nunca estuvo, salvo que se refiera a un hombre que renuncia a trabajar. Quería ver la violencia en el seno familiar, pero no debe referirse a esa escena en que el padre saca una a una y lentamente cinco ca-zue-las. Coloca tapas, al ritmo que lo harías en la vida real y se echa a llorar. El ritmo, el ritmo en el cine mexicano… me recordaba por momentos aquella película Hombre mirando al sudeste, pero allá había un contenido filosófico indiscutible y un encanto del personaje que te devolvía a la esencia del ser. Aquí hay una jovencita linda, abierta y en luto, frágil por lo mismo, que es capaz de fumar mariguana, acostarse a la primera y que  sin voluntad se deja maltratar. Algo incongruente.
La escena climática de la película, escena larguísima donde ves al padre enfilando una lancha y su cara impávida y su mano sobre el timón y la espuma y rostro, mano, espuma, chico, logró algunas carcajadas en el cine. Será interesante filmar las reacciones de los jóvenes que vayan a verla. Quizás se multipliquen las que aprecié. Por momentos, adormilados, aburridos. En las escenas de sexo o de cierta exhibición de piel despertaban. Durante los cuatro eventos de violencia, despertaban también... Cosas de la vida o quizás la excusa de un sello personal del director: "un realismo inquebrantable" ¿Dónde está lo verdaderamente artístico si el producto es un retrato lerdo de la realidad?
Lo único loable del filme son las actuaciones de los chicos, a toda costa, naturales. Aunque el audio deficiente y la dicción pésima impidieran comprender muchos parlamentos ¿Qué?  Si en Cannes siguen gustando de las Lolitas, esta película supo mostrarla bien. Es posible que sea el único caso de bulling hacia una chica lindísima y popular, sólo por esta originalidad asistan al cine. Vayan a verla,  la única recomendación es que tengan calma, a los diez minutos de película hay señales de humo, pero es mucho después que se dan noticias del incendio. 
http://loftcine.tumblr.com/post/33670306241/despues-de-lucia-gratis-porque-todos-deben

12 junio, 2012

La última vida en el universo


Me llamo Kenji. Este podría ser yo en tres horas. ¿Por qué me quiero suicidar? No lo sé…
Kenji intenta cambiar el rumbo de sus libros infinitos, de su orden compulsivo, del marasco cada día, igual.
En el filme La última vida en el universo,  Kenji trabaja en una biblioteca, no come pescado. Jamás se desordena. Levanta los ojos, se inquieta sólo por una chica que sostiene un libro entre las manos:  La lagartija está sola, extraña a su familia. Ella es una posibilidad de encontrarse en el otro, también ésta desaparecerá.
¿Dónde vas que más valgas? Kenji se enfrentará a varios verdugos para morir. Soga, vacío, ahogo, armas, pero su muerte lo esquiva.  Para ponerle nombre a su razón escribe: Dicha y se ve, colgando del techo. Todo cambiará en el encuentro con otra mujer, alocada, frenética, abandonada y sola. Hasta el aburrimiento, sola.  Sola, hasta el asco. Huyendo de sí.
Hay imágenes detenidas por una fotografía que ha quedado prendida en mí. Un ir y venir de escenarios posibles. La esperanza no se manifiesta ni como una posibilidad, no en él. Ella es un pedazo inarticulado de vivencias, una certeza: allí está, a su lado, la muerta muerte viva durmiendo en su pierna.

Uno quiere subir esa escalera por donde esquivan los libros. Uno quiere ver el sentido de una vida más allá:
“Los libros son compañeros del solitario, amigos del desamparado, solaz del tedioso, contento del descorazonado y sostén del desvalido”.(1)
Como Kenji,  uno se puede lanzar por una ventana.  La muerte es certidumbre cuando en vida hueca no se conoce un atisbo de dicha. Nuestra última vida en el universo puede estar allí donde se rompe el yo y se desgaja como una naranja para gozar-se con los otros.

(1) Orison S. Marden

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