31 enero, 2014

Recovecos

Gracias a Brenda, siempre oportuna.....
Uno va de un lado a otro y parece no haber conexión. Repudiaba al grupo Café Tacuba. Sin embargo, cuando uno ha degustado lo mexicano,  aprecias y entiendes la música que sonoriza el mole. Es difícil la pulsación del chile en contubernio con el chocolate. Hacen rock alternativo, filosos, melosos, estridentes, amargos...
Después de la despedida al escritor José Emilio Pacheco han comentado:
 
"Desafortunadamente nunca tuvimos oportunidad de conocer a José Emilio personalmente. En varias ocasiones le enviamos saludos por medio de Cristina Pacheco (esposa del  escritor) y él nos hacía saber de su agradecimiento por la canción, pero era lo contrario, nos sentíamos agradecidos con él porque una novela tan fuerte y trascendente como es 'Las batallas en el desierto' nos inspiró", dijo Quique Rangel a The Associated Press, en una entrevista telefónica realizada el martes.
"Las batallas" fue incluida en el álbum debut con título homónimo de la agrupación y que fue lanzado al mercado discográfico en 1992, pero el tema es interpretado en vivo desde 1989, año en el que Quique Rangel y sus compañeros el vocalista Rubén Albarrán, el guitarrista Joselo Rangel y el tecladista Emmanuel del Real dieron vida a Café Tacvba.
 

 
"Cuando terminé de leer la novela, me quedó un sentimiento de idea inacabada de mi sensación respecto al libro, y fue cuando compuse esta canción para sugerirla al grupo, que en ese entonces construía ya los cimientos de lo que hoy se conoce como Café Tacvba", contó el músico.
"Las batallas en el desierto", publicada en 1981, presenta un México de finales de la década de 1940, gobernado por el presidente Miguel Alemán (1946-1952), que iba encaminándose a la modernidad y adoptando modas de otros lugares del mundo. Todo ello visto desde los ojos de Carlos, un niño enamorado de Mariana, la madre de su mejor amigo.
"El reconocimiento de la mexicanidad, y el significado de las personas que somos hoy en este país y en este tiempo, es definitivamente lo que me sedujo de la obra de Pacheco", explicó Rangel..."

Entrevista completa en http://sipse.com/entretenimiento/cafe-tacvba-jose-emilio-pacheco-batallas-desierto-73056.HTML

Y después  llega Fito Páez y Café Tacuba en esas sorpresas de la red. Presa en su tejido, caigo en aquel malecón donde Silvio, Pablo, Sara y Fito nos mostraban otra sintonía. Escritores y compositores van cantando olas laberintos...
 

 

28 enero, 2014

José Martí


En literatura, como en el nacimiento humano, no es la concepción, sino la expresión lo que cuenta. –La una es dolorosa; la otra, penosa, cuando no es desgarradora. Escribo, y luego podo, pongo médula, quito hojarasca, mermo. Lo que no se tiene en pie por sí, abajo. Donde falta un color genial, color. Donde un adjetivo saca un plano o realza una figura, perfecciona las distancias un adjetivo.   José Martí, escrito en el margen inferior de “Contra el verso retórico y ornado”.

Del Maestro se ha dicho de todo. De este lado se publican blasfemias, criterios infundados, burlas, como si algunos cubanos quisieran borrarse con un dedo. Esas alimañas fueron idénticas allá, menosprecian absolutamente su pasado, pero muchas harán como el perro callejero, descuidado y solo va a morir al patio, donde daba del cuerpo.
Conservo una entrevista que fuera publicada el 17 de enero de 1993,  en La Habana. Vicente Lanz García, sobrino nieto de Martí  habla del hijo del Apóstol, de Maria Mantilla, de anécdotas familiares que pasaron de voz en voz. Vicente es el nieto de Amelia:


Transcribo la parte de la entrevista  que se refiere al hijo de José Martí, aquel a quien le escribiera el poeta un libro iluminado Ismaelillo. Apreciemos la virtud con que debió escribir esta dedicatoria:

Hijo:

         Espantado de todo, me refugio en ti.

Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura,

en la utilidad de la virtud, y en ti.

Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras

páginas, diles que te amo demasiado para profanarte así. Tal

como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos. Con esos

arreos de gala te me has aparecido. Cuando he cesado de

verte en esa forma, he cesado de pintarte. Esos riachuelos

han pasado por mi corazón.

            ¡Lleguen al tuyo!

Fragmento de la entrevista
¿Conoció a José francisco, el hijo de Martí?
Sí, venía luego a casa a saber de mi madre, que era su prima, y aunque mantuve con él una amistad, me impresionó su figura. Era alto y muy serio, pero a la vez con una expresión tranquila y amable…Sí, tenía algo de Martí, pero no se le parecía físicamente. Lo recuerdo mayor, bastante canoso, diferente a la imagen del hombre de 42 años que murió en Dos Ríos.

Yo lo admiraba porque tuvo, a mi juicio, un gran mérito y jamás hizo alarde de eso, ni de que era hijo de Martí. Pepito no se crió con su padre, sino con su mamá y su abuelo materno que eran españofilos y censuraban las ideas independentistas. El creció con una gran presión a su lado y para que no se vinculara con la causa y tuvo solo contactos esporádicos con su papá. Sin embargo, José Francisco se fue a la manigua en la guerra del 95 para luchar por Cuba. Se ganó grados militares combatiendo como un soldado más, porque tampoco reclamó honores por ser el hijo de Martí. Fue un hombre que supo discernir qué era lo justo y estar siempre al lado del padre, Murió después de mi abuela, aquí en La Habana.

José Francisco Martí y Zayas Bazán no tuvo descendencia, pero gracias a él, el halo creativo de José Martí y su voz profética marcarían en tropos y figuras la voz perenne de los padres.
Fragmento de Musa traviesa

Hijo soy de mi hijo!

El me rehace!

Pudiera yo, hijo mío,

Quebrando el arte

Universal, muriendo,

Mis años dándote,

Envejecerte súbito,

La vida ahorrarte!

Mas no: que no verías

En horas graves

Entrar el Sol al alma

Y a los cristales!

Hierva en tu seno puro

Risa sonante:

Rueden pliegues abajo

Libros exangües:

Sube, Jacob alegre,

La escala suave:

Ven, y de beso en beso

Mi mesa asaltes:

¡Pues esa es mi musilla,

Mi diablo ángel!

¡Ah, musilla traviesa,

          Qué vuelo trae!
Puentes de lectura:
Entrevista por Rosa  Miriam Elizalde. Juventud Rebelde, 17 de enero de 1993. Fotos: Baldrich
Anuario del Centro de Estudios Martianos. 9. 1986
 

 

 

27 enero, 2014


José Emilio Pacheco

Cuando llegué a la Central de Autobús, hablé al teléfono indicado. No entendía por qué al volver a marcar, el mismo ritmo, idéntica pausa, voz incomprensible. Hablaba con la contestadora una y otra vez, pero yo no lo sabía. Viví doce años, en una parte de este país, utilicé las contestadoras, durante. Pero en charlas presenciales, acompañada de círculos amigables casi siempre me sentí en habla con una máquina ajena, sorda. Así me refugiaba en las bibliotecas, porque los diálogos y los monólogos internos ocupaban muchas voces y las vírgulas aparecían en mi cabeza, dignificando mi soledad.
Una mañana, alguien me sugirió la lectura de Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco. Arrobada, decidí conocer las calles de México, leyendo. Repasé episodios concomitantes, percibí algún sabor. El deseo de un joven de 15 años, los prejuicios, el machismo, la corrupción político social, México por vivirse,  seductor.

Leí sin parar y al terminar la novela tenía los zapatos sueltos, los pies desnudos acariciando el piso, cierto desasosiego en el estómago. Luego recomendé su lectura a muchas personas y más tarde, cobré lo que me vino en ganas por un taller en una preparatoria privada.  Conté su cuento La Reina, se escandalizaban las niñas bien cuando la música grupera acompasaba a la gorda y el personaje sufría y despotricaba contra la belleza insulsa, la falsa moral.

“No hay más ley que nuestro deseo”, afirmaba un personaje en Huracán de amor, Adelina se inquietó ante el torso desnudo del hombre que aparecía en el dibujo. Pero nada comparable a cuando encontró en el portafolios de su padre Corrupción en el internado para señoritas y La Seducción de Lisette…”

 José Emilio Pacheco dignifica la memoria.  En las páginas de 16 Cuentos Latinoamericanos, busco el cuento La Reina y una foto allí sembrada me trae la presencia ausencia de mi suegro, el hombre que me enseñó las dimensiones del sosiego. Vuelven aquellos días en Monterrey, días enteros confabulada con la investigación y la soledad.  Ha muerto el escritor.

Cuando terminé Las batallas en el desierto tuve un presagio, pareciera que hace mil años de aquellos veinte años, en realidad:

Demolieron la escuela, demolieron el edificio de Mariana, demolieron mi casa, demolieron la colonia Roma. Se acabó esa ciudad. Terminó aquel país. No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror, quién puede tener nostalgia. Todo pasó como pasan los discos en la sinfonola. Nunca sabré si aún vive Mariana. Si viviera tendría sesenta años.”

 Yo seré Mariana también, en cualquier momento, para alguien aquí o allá. Y se irán demoliendo casas detrás de Aquella, como quien vive brincando atisbos de bombardeos. No sé por qué la muerte en México se pone flores en la cabeza y vestidos de holanes. La muerte acíbar, desoladora, debería ir con su murmullo de huesos y una alforja para ahogar recuerdos. ¡Larga vida a la obra de José Emilio Pacheco! Quizás la muerte no sepa leer…

                                                        La lengua de las cosas

 La lengua de las cosas debe ser el polvo donde se comunican sin

Hablarse.

El polvo o la sombra que proyectan.

Demencia de las cosas cuando su voluntad se rebela

Y se esconden frenéticas o se niegan a funcionar obstinadas.

Únicos medios de rebelión a su alcance,

Únicas formas de decirnos que no somos sus amos,

Aunque tengamos el poder

De destruirlas y olvidarlas.
 

 

 

17 enero, 2014

Enero entra

Este es el ritmo de mi enero desorientado.  Deduzco el trayecto...

11 noviembre, 2013

Poetas

El poeta no mira la vida. El dibuja vírgulas en el techo de nuestras cabezas. Vive el poeta en cada piedra y como piedra rueda, ingenuo, entre las patas de las letras. En su silencio creativo pare las voces de los que no saben nombrar el amor o el dolor. Un poeta va con el pecho en flor y allí lo mismo se descansan moscas o mariposas. No es fácil enlazar martirios, por eso el poeta escribe eternidades y uno, intenta seguirle el faldón inmisericorde, ese disfraz de las metáforas.
 
Por qué escribimos, de Roque Dalton.
 
Uno hace versos y ama
la extraña risa de los niños,
el subsuelo del hombre
que en las ciudades ácidas disfraza su leyenda,
la instauración de la alegría
que profetiza el humo de las fábricas.
Uno tiene en las manos un pequeño país,
horribles fechas,
muertos como cuchillos exigentes,
obispos venenosos,
inmensos jóvenes de pie
sin más edad que la esperanza,
rebeldes panaderas con más poder que un lirio,
sastres como la vida,
páginas, novias,
esporádico pan , hijos enfermos,
abogados traidores
nietos de la sentencia y lo que fueron,
bodas desperdiciadas de impotente varón,
madre, pupilas, puentes,
rotas fotografías y programas.
Uno se va a morir,
mañana,
un año,
un mes sin pétalos dormidos;
disperso va a quedar bajo la tierra
y vendrán nuevos hombres
pidiendo panoramas.
Preguntarán qué fuimos,
quienes con llamas puras les antecedieron,
a quienes maldecir con el recuerdo.
Bien.
Eso hacemos:
custodiamos para ellos el tiempo que nos toca.
 El poeta convierte en espejo al hombre. Evito mirarme allí en letras... tatuada, lastiman porque avisoran.
 

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