16 mayo, 2013

Nuevo León: laberinto

A los ancianos de humo y luz, aquellos guerreros conmigo...
Desfigurada por ropa holgada,  viajaba en los transportes colectivos. El DIF y el Consejo para la Cultura de Nuevo León habían aprobado un curso mío y la ilusión de formar Grupos de Cultura con Adultos Mayores me emocionaba. Pero había que irse de la ciudad, en las afueras, en los ejidos  no habían opciones para los abuelos. Llegaba y siempre estaban en la puerta como niños, algunos con bastón esperaban dignos en sus sillas metálicas, tan incómodas que apreciaba yo el esfuerzo de sus asentaderas. Hacíamos ejercicios físicos, dinámicas de integración grupal y luego preparábamos por equipos las distintas manifestaciones artísticas.
 
Yo les hablaba de juventud y de ánimo. Reía mucho con ellos y les contaba cuentos. Fue un laberinto de historias de vida, uno cree en la eternidad afirmada en la palma de la mano, pero la cana siempre da, la cana alcanza.
 
Conservo infinidad de fotos, han pasado varios años. El tiempo hace eternos los recuerdos amables. Ya no están. Mirando hacia atrás sé que no hubo necesidad de mencionar a la muerte, el  ímpetu de juventud se extiende, galopa y corcovea, yo me deleitaba con ellos. Proyectaba con mis entusiasmos un aroma de eternidades. Ellos veían algo en mí y yo...
 
Se presentaron en el Teatro de la Ciudad, en mediodía, teatro lleno de abuelitos, los corridos, las polkas, los cuenteros populares llenaron el lugar. A la salida, estaba la Alcaldesa y algunos de los abuelos le besaron la mano. Unos le pedían una carretera, otros un relleno en algún agujero inútil, por donde ni las bestias podían pasar. Y luego a solas, los regañé:
¡Ustedes no tienen que rogarle a nadie! No tienen que perder su dignidad. El gobierno tiene la obligación de cuidarles, ustedes son parte de su adorno, son razón para que se cuelguen el orgullo de pechera y hablé y hablé y hablé.
Me avergüenza la imagen de aquel día. Con los años viviendo de este lado, he visto la magnitud de mi ceguera. No, no están los gobiernos a disposición. No están los proyectos culturales al servicio de las comunidades. No están lo presupuestos encauzados en el área cultural, fuimos un garbanzo.


Les recuerdo a menudo, no sé si me atreva algún día a regresar. Debe haber un camino de tumbas.
 
Cuando  me abato, cuando me debilito, cuando pierdo el Espíritu Andante,  pienso en aquellos abuelos míos, cada semblante me viene a visitar y volvemos a compartir los jirones del recuerdo, hacemos dinámicas y me siento en casa. Hay días de abandono, aquel álito de juventud se trepa en cada árbol y voy a raz del suelo contando fantasmas. La conmovedora partida de mi suegro, mi abuela ausente y trato de recordar a mis abuelos adoptivos,  gozosos en el baile, en la manualidad, en la narración.

 Veo a Elida, redondilla, allá al final del terraplén gritando adiós con una mano dibujada de raíces y levanto los ojos. Recupero la fe. Cuando uno aprende a vivir sin la caricia de un anciano habrá perdido la inocencia...


07 mayo, 2013

Rapsodia Gourmet l

Toda mi vida he tenido una relación complicada con los alimentos. Por eso aprecio mucho, las comidas compartidas y el paladar perezoso entregado más a la charla que a la degustación. Muriel Barbery en Rapsodia Gourmet, así lo describe.
Toda la vida no lo es más que por la ósmosis de la palabra y porque la primera envuelve a la segunda en su traje de fiesta. Así, casi a mi pesar, las palabras de los amigos improvisados, que nimbaron el almuerzo con una gracia inédita, constituyeron la sustancia de mi festín, y lo que aprecié con tanta alegría fue el verbo y no las viandas.
 

02 mayo, 2013

Libros

"Mis hermanos mayores, cuando yo era pequeño me llevaron a la biblioteca y de ese modo transformaron mi vida. Al cabo de un tiempo encontré allí mi propio camino, y nací dos veces".
Harold Bloom
Un lector experto nace muchas veces, con placer y dolor. Aquella biblioteca de mi escuela primaria quedaba a un kilómetro de casa. El sol de Cuba repasaba mi espalda en el trayecto hasta aquel recinto que dicen fue el albergue de la servidumbre de un dentista. Mi primera visita a la Capilla Alfonsina en México, me llevó a saborear recuerdos cuando leí: Todo el cielo era de añil. Toda la casa, de oro. ¡Cuánto sol se me metía por los ojos!
Solas, la bibliotecaria pecosa, blanca como un fantasma y yo. Solas con aquel mar de libros, navegantes, corsarios y piratas de mis desvelos. Los libros me hablaban al oído con las voces empapeladas de sus habitantes. Tantos libros escalè en aquellos primeros tomos de mi infancia, que crecí distinta a mis amigas, rara para mis compañeros de escuela, diferente y absorta para los varones.
Ya crecida, me sumergí en las letras. En el universo de  jóvenes debí mantenerme a flote y fueron tiempos de lecturas furtivas, autores proscritos y después de la carrera, los escritores famosos mencionaban nombres, novelas, citas y títulos personales conformadores de cada barco personal, de cada salvavidas y yo sentía culpa de no haber soportado aquel camino a Swann. Sentía ganas de retornar a la lectura de aquel francés tan elogiado, hasta con el poema ruso me quería volver a ver; sin embargo, he aprendido que un lector autónomo puede gritar Tierra, donde le venga en ganas...
"Tira mi libro; piensa que ahí sólo hay una de las mil posturas posibles frente a la vida. Busca la tuya." Andre Gide
Ahora leo, sólo aquellos libros puentes que me confrontan o me incitan a seguir. He descubierto en librerías best sellers insoportables para naufragar. He comprado libros de esos que andan allá en el fondo, en perpetua oscuridad y por eso mismo, con luz propia. De vez en cuando me encuentro con alguno de esos con citas en la solapa, con títulos o nombres "que no puedes dejar de leer" y sonrío, amable y acepto mis remos personales, mi libre albedrío y paso ajena al encanto de libros, lectores o mercadotecnia sirenas.
En cada Taller de Lectura, en cada espectáculo hoy intento transmitir esa libertad única del buen lector. No se lee en las primarias porque el remo no tiene un ritmo personal. Hay títulos obligados, autores endilgados, temas pensados por encargo y sigo con el sol a mis espaldas "como perrito faldero". Sé que si abro un libro, puedo prescindir de los vigías, porque la lectura tiene voluntad generosa y carece de grilletes

26 febrero, 2013

Habana Babilonia y El amor en la calle

Crecí pensándome, imaginándome una heroína. La super mujer que nos inculcaron sería igual al hombre, tendría las mismas oportunidades y no usaría su cuerpo como un arma. Viví entonces, los encontronazos del machismo con una mujer que quería liberarse. Por eso, este libro muestra la cárcel del cuerpo y las excusas de la carne. La calle con las piernas abiertas para el extranjero y para quien creyó entrever,en el fuego de los muslos, la silueta de un avión. Las redes de la prostitución en Cuba  son una maraña, entretejida en las narices de la sociedad. Ha de leerse este libro, con cuidado, desde la policromía y los contrastes. Para mí, este oficio hecho realidad en las calles de la isla es una dolorosa bofetada y muchos años hemos tenido que cargar todas las mujeres con interrogantes que nos encierran a todas en un mismo huacal: ¿Es verdad que por unas pantimedias?  Por un labial...¿Viniste en balsa o te casaste para salir? ¿Son facilitas como dicen por acá?
Recomendación de lectura: Habana Babilonia. La cara oculta de las jineteras  Premio Internacional Rodolfo Walsh 2007 a la mejor obra de no ficción escrita en español. SEMANA NEGRA DE GIJÓN y recomiendo escuchar, a viva voz: El amor en la calle, de Osvaldo Rossler. Dale play.

18 febrero, 2013

Yo soy de aquí

Cuando me preguntan cómo funciona Cuba si muchos pueden vivir sin trabajar. Si hay quienes reciben dinero por escribir. Si hay tanta gente en los balcones, en la calle, jugando dominó aspirando el fresco tropical y ante lo real maravilloso de mi país, yo describo vidas como esta.
Ella es graduada del Instituto Superior Pedagógico, su especialidad en Defectología la ha llevado a varios centros laborales, desde educativos hasta policlínicos y otras áreas de Salud. ES casada y tiene dos hijas. Cada día después de preparar la merienda de los retoños, a las cinco de la madrugada, sale a la Carretera Central para ver si, con buena suerte, no se rompió la guagua del trabajo. Casi dos horas de camino y cuando llegan se concentra en sus nueve alumnos con discapacidad. Es primera vez que me cuenta su historia y hace más de treinta años, somos amigas. Hay personas que trabajan silenciosas, construyen y rearman. Forman un andamiaje que nadie ve...
 
 
Cuando llego aún es temprano, espero a las ocho que se forma a los muchachos y se les da matutino, luego a las aulas y comienzan las clases. Tengo una auxiliar que por estos meses sólo va martes y jueves porque está en un curso. Lunes, miércoles y viernes estoy sola las ocho horas con los muchachos. Tengo nueve niños. Una de ellos (M) diabética y con miles de enfermedades más, va constantemente al baño y muchas veces no le da tiempo a llegar, entonces hay que bañarla y vestirla, lavarle la ropa que ensució y retomar la clase. Otro es J, niño súper inquieto que imita a una ambulancia, pero no es su culpa. Otro en adaptación es A, ese sí se las trae, sale del aula, pega, tira las cosas, no entiende nada. S tiene 24 años, pero coeficiente intelectual de tres. No comprende nada, no hace ninguna actividad, cuando la llevas al baño no orina, cuando llega al aula, entonces micciona en su ropa, se ríe, se tira al piso grita pin... pin... pin... (la palabrota, tres veces), no hay quien la levante del piso, se vuelve a orinar allí. J es un joven con autismo, habla constantemente, grita, se levanta a caminar, no trabaja en clases. L es único, cuando no está la Auxiliar, me ayuda a repartir la merienda, a preparar las mesas, a traer agua a los niños, a llevarlos al baño, lo entiende todo pero no habla, me dice "Añí". Sufrió de un virus en el cunero al nacer que lo dejó en coma varios días y sobrevivió, pero quedó así, con una discapacidad intelectual severa, es muy cariñoso. Los demás: D, R y Y no dan mucho trabajo (digo mucho, no que no den). Como te conté son muy dependientes. Tengo que llevarlos al baño, al comedor, a todas partes. Le doy agua a uno, luego al otro, cuando me viro, ya está él otro pidiendo otra cosa y así. Muchas veces no hay maestro en otra aula, entonces a repartir los muchachos, te tocan dos o tres más trabajosos que los tuyos.Al terminar el día no me siento los pies, estoy agotada.
De mi trabajo no se puede salir una vez que entras. Si lo necesitas, te apuntan en la puerta, te llaman la atención y te descuentan al final de mes ese tiempo que estuviste fuera. Con mis niños no puedo perder ni un minuto, dependen totalmente de mí.
Ese es mi día, mi herma, sin contarte cuando me toca guardia del comedor, o guardia administrativa hasta las siete de la noche. Te lo juro que diario no me siento los pies, me dicen que allá afuera esto se paga muy bien, pero tú sabes que yo soy como el marabú y tengo espinas y mis raíces, yo soy de aquí. Tengo propuestas de cambios para Educación, pero tú sabes que allá no tengo internet, ojalá podamos hacer algo y no perder comunicación.
Y yo hoy debía escribir otras cosas, tenía asuntos por resolver, pero quien escribió esta carta, creció conmigo. No se dedica a descalificar, no farbulla en los rincones. No chismorrea, no gana premios y su salario apenas le da, pero reconoce la incidencia de su apoyo en quienes tienen a sus hijos con características especiales y se entrega con una paciencia misericordiosa. No es famosa y vive allá.
 
 

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