05 febrero, 2013
01 febrero, 2013
La fugitiva
Va huyendo ella de pesadillas descalzas, como Polichinelas le regalan sus labios de cartón. Debió servirla él en calderos de santos, porque lo lleva prendido de la noche como una burla . Nada hay ya que le evoque polvo de fantasmas, se sacude el pelo y entra al sueño como quien se deja ir tras una procesión que desconoce al muerto.
Natalia Lafourcade y Lila Down, armonizan los sonidos de México
28 enero, 2013
José Martí es un monte
No se ven bien las maravillas cuando se está dentro de ellas. Las colosales figuras, los colosales hechos, sólo a distancia adquieren sus naturales proporciones y se enseñan en su conjunto y hermosura. Cartas de Martí. La Nación. Buenos Aires, 9 de mayo de 1885.
Un 28 de enero nació José Martí,
para mí, el hombre más grande que ha dado América. Yo cargo con un busto de
Martí a todas partes, para escándalo de quienes se ríen de esas cabezas que
pululan por toda Cuba, de esa presencia usada como pisapapeles en varias
oficinas que vi. Por estas tierras, muchos desconocen quién fue y asombrados,
preguntan, intrigados por el bigote.
Cuando develo toda la verdad, recuerdan que en cualquier taquería puedes
encontrar un trovador que entone los Versos Sencillos.
Crecí con su pre-esencia en los
libros de mi familia. Aprendí a leer con La Edad de Oro, porque mi madre
contaba del Señor don Pomposo y de La Muñeca Negra y para mí, era importante
abrir aquella garganta hojearla y descubrir. También mi abuela lo veneraba
desde el altar de santería y junto al mulato Maceo y San Lázaro y Oshun, la
foto del poeta revolucionario siempre tenía una rosa del jardín. MI abuela
decía: Yo le pido a Maceo, tú le pides a Martí. Es un espíritu grande ese
hombre, niña, ese hombre hizo de tó.
Y empecé a leer a muchos, pero nadie me hablaba al oído como
lo hacía Martí. Y sí, le fui pidiendo luz a lo largo de mi carrera; quería
comprender su vastísima obra, el sufrimiento, la capacidad para soportar los
avatares propios y ajenos. Su lealtad, su infinito amor por el prójimo, los
celos de su Lucía, en quien me vi. La traición de su Carmen a quien odié. La
composición única e irrepetible de su prosa y las venas de su poesía. Por él,
amé a Gerardo Fernández Fe, con sus ponencias sobre autores franceses y otros demonios. Conocí a Ernesto Hernández Busto quien escudriñaba apasionado y daba puntos de vista, diferentes. Consolidé mi amistad con Ignacio Cruz a quien supe martiano desde la Preparatoria. En aquellas
Jornadas Investigativas del Instituto Pedagógico Superior, curioséabamos con
verdadera pasión en toda la obra de Martí. No nos íbamos con la ola de las
transcripciones; evitábamos cómplices el sueño de
los jurados. Creo en las personas que respetan a los escritores, en
quienes pueden apreciar un brillo superior y considero repulsivo toda la bandada de
urracas que buscan figurar con un análisis superficial e intentan igualar a
nuestra condición de inútiles mortales a personalidades como la de José Martí. Hoy la política es calzoncillo de todos, oficio de lavanderas y cada quien usa su tendedera como le viene en ganas a su ignorancia.
Discuten si fue borracho, si fue
padre de María Mantilla, si fue un tonto por soñador, si fue un cobarde por
escribir, si fue un suicida por morir en combate. Cada año en esta fecha, evito
repasar los sitios cubanos fuera de Cuba y también me aparto de los sitios
dentro del país. Martí es inagotable, lo estudio hace más de veinte años y no
termino hoy, ha demostrado tener esa luz avistada por mi abuela. El sigue
sonando como aquel pandero de la maestra Aymara, con el que nos despertó en
plena adolescencia, con el que nos dijo que no importaban las consignas y las
letanías si uno no siente el pulso de las voces. Ha permanecido en mi
escritorio y entronado en mi cabeza, poco a poco lo voy legando a mis hijas. Los
niños no se interesan en la imagen, no se ríen. Ellas quedaron en silencio
frente a la historia del presidio, frente a la herida inguinal, frente a Bebé
traviesa y una rosa blanca que cada quien cultiva en su interior. Debe vivir con oscuridad intensa quien se
prive de esta luz. En carta a Manuel Mercado el 22 de marzo de 1886, el Maestro
escribió:
Y luego ¡si V. me viera el alma!
¡si V. me viera cómo me ha quedado, de coceada y de desmenuzada, en mi choque incesante
con las gentes, que en esta tierra se endurecen y corrompen, de modo que todo
pudor y entereza, como que ya no lo tienen, les parecen un crimen!
Siguen las coces y los asnos se
reproducen, pero ¡qué importa! nadie como él para ser la maravilla de un monte. Prefiero andar sus escritos, sin equipaje y descalza. Complace quedarse detenido, acá tan lejos, ante la iluminada
inocencia de mi abuela. Prefiero quedarme con él a buen recaudo, dentro de mí, a
salvo de unos y de otros.
23 enero, 2013
La soledad de las vocales
Crecen autores que me animan a escribir, leerlos es como mirarse a un espejo. Escuchar-se leyendo-les.
“cuando nos separamos me pareció
que lloraba, tal vez se compadecía de mí”…
José María Pérez Álvarez clavó un
libro en mi ventana y debí salir al jardín para obligarlo a mostrarme las
razones,ocultas, de su lomo: “siempre se muere en una patria que ya no existe”…
Juré sobre La soledad de las
vocales y le dije que muchas mujeres como yo subían a los autobuses y como
cualquiera sabían que la felicidad no se encuentra al viajar, pero una mancha
de humedad en el techo semeja un paraíso en la vida de uno. Los Ajenos torturados por sus individuales
exilios agonizan y parecen gorgojear en
un coro mayor. Mientras tú, en silencio, aprendes a bucear en las voces del pasado. El alarido del sueño en
fuga, el calendario dando aldabonazos y uno ausente como las ciudades sin identidad.
Uno hecho un lío porque no puede describir algún jirón personal. El escritor me deja vomitar las frases, me
atraganto narrataria y le agradezco que haya construido una pensión donde
encarceló varios silencios. “La mancha de humedad en el techo, se parece a la
isla de Jamaica”, me escribe en la palma de la mano y yo qué sé. Si ando
buscándole símiles a cada grieta en el camino y veo un costado de mi isla en
todas partes. Lee, el escritor, me zarandea:(…) “todo se extingue, las
vocales y las consonantes agonizan de soledad en los letreros de neón como
dientes que se les caen las palabras...”
Remiendo la sonrisa de mi sombra
y digo: no quiero ser una de esas “mujeres que pasaban de largo”, pero él no
mitiga desconsuelos . Lee, con voz que huele a las muchas bebidas con las que suelta la lengua su personaje “me aburren las personas que recuerdan el ayer irrectificable con la
nostalgia de los tiempos mejores, de los buenos tiempos y olvidan que tuvieron
que emigrar, que tragar miseria”…
Y como no bebo, levanto mi
borrador. Despido al escritor que se va a horcajadas sobre
el libro, rápido como un chasquido. Después de este empujón voy a escribir una novela de retazos porque
La soledad de las vocales ha grabado en mis hombros una parvada de fantasmas. Voy a escribir con el estómago vacío, con el hambre
entrenada y el guiño de las sombras, sólo así, podré darle voz a los silencios que me cargo.
La soledad de las vocales. lll Premio Bruguera de Novela.
16 enero, 2013
El pasaporte
En los países civilizados, si no me equivoco, ya no quedan brujas, ni magos, ni hechiceras, ni encantadores. Pero el país de Oz nunca ha sido civilizado, ¿sabes? pues estamos incomunicados con el resto del mundo. Así es que seguimos teniendo brujas y magos entre nosotros.
El mago de Oz
El mago de Oz
No aplicó para la Ley de Memoria
Histórica, un dolor de estómago le dobló la esquina antes de llegar.
La cita conseguida desde Puerto Rico, porque entrar a la página de la Embajada
era más fácil desde aquí. Ahora quiere un pasaporte, para trabajar unos meses y
volver con dinerito. ¿Trabajar dónde? ¡Tienes sesenta años papi! Pero él no
entiende, quiere comprarse unos pulloverts de esos que tienen un perro ¿tú
sabes? El sueño de toda su vida lo mira, lo ceba, lo esculpe cada noche, desde
su colchón aflatado. Y cuando amanece le da libertad para vigilias,
compra el periódico, toma café y se sienta en el portal. Portal frente a la
calle pasarela donde Yunismy le dice que cuando ella salió pensó trabajar con
las letras, algo de letras, ella se graduó muy bien, oye, fea como un trompón,
pero inteligente eso sí. Para una mujer la inteligencia debería adornarla,
dice ella sin darse cuenta del halo gris como diadema… Pero le pedían
manejo de dos idiomas, ¿ruso para qué? y excelentes habilidades con la computación y ella pues
apenas el internet, corta y pega, es difícil vivir en un país sin vecinos y se excusa para ocultar el pavor ante aquellas entrevistas, la
evidencia de que no era ni remotamente la mejor. Y Fede, el pintor, le grita, que no deja el gimnasio, es fibroso y delgado
como un jiquí como un protagonista de Juan de los muertos, pero levanta las
palanganas y las pesas improvisadas de
Bitín y le dice: Lo que tú necesitas es
un socio como yo, deja que me consiga un pasaporte y vamos a echar a andar el
negocio. Mira desde la ventana de la barbacoa, un trozo de la ciudad y parece
levitar olvidado de la cola de la guagua y el cartucho de mierda que tiró por la
ventana. Se mira las manos Coño,¡si yo
soy el mejol! Y pasa el bonito, Yoandri no sigas engordando, apaga su cigarro y
de una patada espanta una lata de cerveza: ¿Qué bolá, tío? ¿Cuándo vas a
despegar? El viejo se rasca la barba y escupe al piso. Déjate de gracia, Yoa.
Se ve que tú no tienes que hacer ná. Yoandri tiene a su madre en España, le han dicho a los vecinos que trabaja en
una oficina allá. Ha venido dos veces y cargá, dice el bonito inútil de 30 años y abre los brazos
como pintando maletas en el aire caliente. El día está de sofoco y en España
están a dos grados, Chela la mamá del Yoa debe tener las manos congeladas,
limpiar pisos es su trabajo en realidad, paga un cuartico y guarda dinero
porque siente orgullo cuando va de vacaciones a Cuba y se compra sus cuatro
vestiditos, hasta una cadena con baño de oro y ella asume la
Embajada de la familia y habla con la z mientras enseña su mejor pose detrás de
un buró. No estudió carrera como Yunismy, pero cuando se fue a España tenía buenas nalgas. El viejo cierra los ojos,
quizás en un par de horas, una semana, suyo será el pasaporte y la espuma, la
cuchilla de afeitar con vibra, el rib eye, los surullitos, el chorizo español, el jabón
de leche de burra, las botas de serpiente, el reloj de oro y las gafas Ray ban,
quiere darle la vuelta al mundo y lo atesora en una caja de galletas... son varios
apuntes. Lo único que necesita es a Lucía, o sea yo, su única hija, de mí
espera todo, el pasaporte, una maleta, un avión.
