02 febrero, 2012

DHL EXPRESS ¿será?

Mi abuela se fracturó la cadera. En una viejita de 86 años y sin posibilidades de operación esa caída tiene el aliento del último traspiés. El día 25 de enero fuimos a DHL para enviarle algunas cosas necesarias, entre ellas medicinas. Las inyecciones, para mi sorpresa, venían empaquetadas con su jeringuilla y hasta el algodón mojado en alcohol. Diabética y sin apetito, algunos alimentos nos daban la ilusión de verla comer bien. "Las jeringuillas no se pueden ir. Nos regresarían el paquete porque son consideradas como armas". Le comento a la Mujerdetrásdelmostrador que en Cuba es una necesidad. Imposible, decidimos cortar las cajitas por la mitad, sacar el arma que pudiera salvar a mi abuela de una aguja inadecuada, sin esterilizar o de un algodón seco porque igual, no hay alcohol. Y menos.

 ¡DHL Express! nos cuesta los dos ojos y más. Pero mi abuela... Me siento algo dichosa, puedo monitorear por internet el camino, seguirlo de cerca, imaginar las posibilidades del control...pero...

Hoy es 2 de febrero. Aquella Mujerdetrásdelmostrador aseguró que ¡DHL Express! ponía el paquete en manos de mi madre, en tres días hábiles porque "tenemos vuelo directo". Antier me dijeron que cuatro días hábiles porque tenemos vuelo directo. Y ayer 1 de febrero contesta una Vozdetrásdelteléfono: Su paquete ha llegado a su destino final en villa clara y esta siendo procesado para su liberación. ¡Allá nació mi abuela! ¡son lentos pero adivinos! Aunque, no vive allá.

Hoy marco, igual que ayer, "con gusto un asesor lo atenderá" y Lavozdetrásdelteléfono me dice que es un error del sistema. Está en proceso de aduana, iniciado en Habana, Cuba. Y yo, la que todavía se sorprende de la jeringa y el algodón: Oiga, pero está ahí desde el 31, según el seguimiento por internet. Y Lavozdetrásdelteléfono ayer me dijo: Nos falta la confirmación de la Habana, es posible que hoy esté llegando a domicilio.

Hoy 2 de enero, Elizabethconquientengoelgusto me dice que aún está en proceso aduanal y no tienen idea cuándo se libere. Es un asunto del gobierno, no podemos intervenir, asegura. ¿Serían las agujas ausentes?¿Serán las mermeladas sospechosas? Las vitaminas ¿armas serán? Y hace siete días que mis padres esperan esa caja por llegar. Hace siete días que pagué el servicio más caro, por cuatro kilos. Hace siete días que mi madre tiene la ilusión de recordarle a mi abuelita, aquel sabor. Hace siete días que dejamos las jeringuillas en el mostrador de DHL, ojalá compartan con la aduana de Cuba el pinchazo y se inoculen una buena dosis de velocidad.
Mientras debo escuchar el comentario de una amiga: Pensar que envié de todo para Ceuta  y así, así de rapidito.
Tengo ganas de pararme en el techo y abrir los brazos, cerrar los ojos. Soy Laura de Uz, estoy condenada. Me asfixio en aquella película visionaria: Madagascar.

01 febrero, 2012

Coincidencias en una mañana gris

El tesoro
Para Abilio Estévez.
Va, viene, se sienta,
pasea, se encoge de hombros
o de pronto rompe a llorar.
El mundo no le cabe en las manos.
Se lo echa a la espalda
o siente que el mundo lo tritura.
Como un tigre busca la presa:
en la llanura sólo está el viento.
Camina una y otra vez la ciudad.
Quiere encontrar el tesoro escondido.
Habla con la gente
como si ellos supieran dónde está enterrado.
No lo satisfacen las respuestas
-hay tesoros insospechados-
y el que busca el joven está enterrado en su propio cuerpo.
Cuando lo encuentre
se pondrá a describirlo.
Virgilio Piñera

27 enero, 2012

Escarceo

“Y más desagradable que decirle algo a un sordo es no comprender si la otra persona ha entendido lo que le decimos y quiere contestar algo”.

En el cuento Sin Palabras, el personaje del novelista Omiya Akifusa no volverá a decir una palabra, ni a escribirla. Padeció un derrame. Dentro de la historia, la hija del escritor cuenta una versión anticipada a la desgracia. El había publicado una novela cuyo personaje central era un muchacho enloquecido. Lo recluyeron en un manicomio, sin plumas, ni tinteros, ni lápices. Sólo contaba con papel de escribir. El muchacho que soñaba con ser escritor, pasaba el día frente a la cuartilla en blanco. En su delirio, creía escribir. Y la madre en cada visita “leía” aquella hoja nívea. Ella le cuenta al joven cada uno de sus recuerdos, desde la niñez. Donde él cree escucharse, su madre le va relatando una memoria familiar y confía en que el hijo sane.
El suicidio de Yasunari Kawabata, Premio Nobel de Literatura, nos recuerda el peso del silencio. Hay sensibilidades desconocidas y uno aprende con ellos sobre la lectura del mundo. Vienen otros con su facundia. Cada quien carga su leyenda personal, su altar de imaginerías. Cada uno diseña un territorio interpretativo donde cohabitan ángeles y demonios.
Yo tampoco escribo sobre mis cosas. Y creo que no podría hacerlo aunque me lo propusiera. Pero me parecería muy interesante seguir escribiendo a pesar de carecer de palabras y no sé si sentiría la alegría de preguntarme si lo allí escrito es propio, si ese soy yo, o si abandonaría el experimento como algo inhumano.
¿Tu verbo delata el personaje que interpretas? ¿En cuál baldosa personal se esconde la palabra cierta?
Propuesta de lectura: Primera nieve en el Monte Fuji de Yasunari Kawabata

24 enero, 2012

¿Por qué cuentas?

Cuento porque en el aliento de cada historia suspira y ríe la primera palabra, la risa primera, la niña de ayer...


23 enero, 2012

Factura consular

En la vida no hay más que un Viaje Verdadero...
             Alfredo Bryce Echenique
Por varias razones nada gratas, debo hacer un envío a mis abuelos. La experiencia anterior en casos como estos se convertía en un dime que te diré, porque en DHL, según el mostrador, eran los comentarios. O según los dependientes o según un libro rojo, grueso y manoseado o según...
En fin, más allá de documentos era imposible sin una factura consular. Incluso por dos cajas de galletas para diabéticos, el año pasado me exigían en el mostrador de DHL, una factura consular. ¡Y costaba! Hoy, sorpresa, me entero después de hacer varias llamadas, realmente predispuesta, que la susodicha ya no existe, no es necesaria. Se fue a volina.
Me dicen, en el Consulado, que ya hace un año de esto. Es una buena noticia, que no por llegarme tarde es menos grata. Hacía falta algo así, decías: Un envío a Cuba, por favor y observabas aquella mueca ácida del libraco rojo y al dependiente, ofuscado: Uy, ¿para Cuba? Déjeme ver porque para allá hay mucha restricción...
Ojalá algunas cosas, humanamente responsables, tomen los matices de la naturalidad. Ojalá el caimán de la isla acorte las distancias afectivas, con la variedad de medios que pudieran acercarnos, ojalá...

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