¡DHL Express! nos cuesta los dos ojos y más. Pero mi abuela... Me siento algo dichosa, puedo monitorear por internet el camino, seguirlo de cerca, imaginar las posibilidades del control...pero...
Hoy es 2 de febrero. Aquella Mujerdetrásdelmostrador aseguró que ¡DHL Express! ponía el paquete en manos de mi madre, en tres días hábiles porque "tenemos vuelo directo". Antier me dijeron que cuatro días hábiles porque tenemos vuelo directo. Y ayer 1 de febrero contesta una Vozdetrásdelteléfono: Su paquete ha llegado a su destino final en villa clara y esta siendo procesado para su liberación. ¡Allá nació mi abuela! ¡son lentos pero adivinos! Aunque, no vive allá.
Hoy marco, igual que ayer, "con gusto un asesor lo atenderá" y Lavozdetrásdelteléfono me dice que es un error del sistema. Está en proceso de aduana, iniciado en Habana, Cuba. Y yo, la que todavía se sorprende de la jeringa y el algodón: Oiga, pero está ahí desde el 31, según el seguimiento por internet. Y Lavozdetrásdelteléfono ayer me dijo: Nos falta la confirmación de la Habana, es posible que hoy esté llegando a domicilio.
Hoy 2 de enero, Elizabethconquientengoelgusto me dice que aún está en proceso aduanal y no tienen idea cuándo se libere. Es un asunto del gobierno, no podemos intervenir, asegura. ¿Serían las agujas ausentes?¿Serán las mermeladas sospechosas? Las vitaminas ¿armas serán? Y hace siete días que mis padres esperan esa caja por llegar. Hace siete días que pagué el servicio más caro, por cuatro kilos. Hace siete días que mi madre tiene la ilusión de recordarle a mi abuelita, aquel sabor. Hace siete días que dejamos las jeringuillas en el mostrador de DHL, ojalá compartan con la aduana de Cuba el pinchazo y se inoculen una buena dosis de velocidad.
Mientras debo escuchar el comentario de una amiga: Pensar que envié de todo para Ceuta y así, así de rapidito.
Tengo ganas de pararme en el techo y abrir los brazos, cerrar los ojos. Soy Laura de Uz, estoy condenada. Me asfixio en aquella película visionaria: Madagascar.
Tengo ganas de pararme en el techo y abrir los brazos, cerrar los ojos. Soy Laura de Uz, estoy condenada. Me asfixio en aquella película visionaria: Madagascar.


